Semanario de Prensa Libre • No. 84 • 12 de Febrero de 2006    


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D frente

Jaime Viñals:
En la cima, dan ganas de llorar y gritar
La cúspide de las montañas produce sentimientos encontrados. Uno de estos es parecido a lo que siente la persona que mensualmente, durante 20 años, ha estado pagando su casa el día que firma las escrituras como legítimo dueño, indica Viñals.

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Jaime Viñals

Cuando Jaime Viñals leyó una invitación para subir el volcán Tajumulco, en 1988, el nombre del monte Everest sólo lo había escuchado en sus clases de geografía. Seis años después estaba prendido en el lomo de este coloso tratando de llegar a su cima y la respuesta del nevado fue: ¡No! Dos años después lo intentó nuevamente y la respuesta fue la misma. Sin embargo, hace cuatro años por fin venció a esta montaña y la escaló en tres meses.

Hoy, después de haber escalado las montañas más altas del mundo, Viñals cuenta que su inicio en el montañismo fue “curioso y casual”, cuando, en 1988, estudiaba Biología en la Universidad de San Carlos. En ese año un grupo que se llamaba De Cumbre a Cumbre, invitó, a través de la Prensa, a subir volcanes. “Con unos amigos nos fuimos a jalón al Tajumulco y lo subimos, lo cual me impactó de tal manera que cambió el curso de mi vida.

“En la vida las cosas no siempre se logran en el primer intento.”

¿Y después del Tajumulco?

Me apasioné por subir montañas, sin descuidar los estudios en la Usac, y principié a acompañar a los del grupo y, a la vez, a los integrantes de la Federación Nacional de Andinismo con quienes me involucré. Salía con los dos, porque creí que esa era la mejor forma de aprender a subir montañas.

Afuera del país, ¿cuál fue su primera aventura?

La primera experiencia fue en 1988 en El Salvador en los volcanes de Santa Ana, Izalco y San Marcelino. Con De Cumbre a Cumbre tuve la oportunidad de ir a Nicaragua, Costa Rica y Panamá, y en 1989 conocí el hielo y la nieve en el volcán Popocatépetl de México.

Y las cumbres de Europa, Asia…

En 1992 tuve la suerte de ir a Italia y subí el Mont Blanc, que es la cumbre más alta de la parte occidental de Europa, con un grupo de italianos muy experimentados de quienes aprendí mucho del estilo alpino. Yo había sido andinista, que se refiere sólo a los Andes, y ahora iba a aprender alpinismo, que es escalar los Alpes.

En 1993 tuve la gran suerte de que vino a Guatemala una japonesa que se llama Junko Tabei, que fue la primera mujer del mundo en subir el Everest en 1975. La embajada de ese país me contactó para subir el Tajumulco y yo no tenía la menor idea de quién era ella. Al subir el volcán me contó lo que había hecho y yo le conté que yo había estado en los Alpes y los Andes, pero que jamás había tenido la oportunidad de ir a los Himalayas. Ella contactó un grupo de sherpas (etnia que habita a 100 kilómetros de la falda de la cumbre) y en 1993 estuve durante cuatro meses escalando dos cumbres de más de 7 mil metros de altura en condiciones muy difíciles que era algo que nadie, que no fuera sherpa, había hecho antes. Por subir como lo hacían los sherpas en el siglo XIX, el rey de Nepal, asesinado en 2001, me dio la orden del Gran Buda.

Y el Everest…

Lo anterior fue publicado en algunas revistas especializadas, principalmente de Francia, y lo leyó un señor de Nueva Zelanda que se llamaba Rusell Brice, quien estaba organizando una expedición al Everest, en 1994, por una ruta nueva y le faltaba un representante de América Latina. Se lo conté a las pocas empresas que me apoyaban en ese entonces y en ese año hice mi primer intento.

¿Cuál ha sido su experiencia más peligrosa?

Han habido muchas, pero en el 2001 al principiar a bajar el Everest, a 8 mil metros de altura, debido al rescate de unas personas se nos agotó el oxígeno suplementario y junto a un amigo que se llama Andy Lakpass estuvimos a la intemperie. La noche la pasamos tirados entre rocas y hielo, sin tienda de campaña, comida, agua y oxígeno, con sólo lo que llevábamos puesto y rodeados de cadáveres de personas que en otros años no tuvieron la suerte de salir de ahí.

Mi amigo sufrió congelaciones serias en las manos, pies y la cara. Después le amputaron los dos pulgares y parte de la nariz, pero los dos sobrevivimos y gracias a Dios lo puedo contar hoy.

¿Alguna vez ha sentido deseos de regresarse a mitad de la cumbre?

Si, por supuesto. Para subir el Everest lo intenté 3 veces. La primera fue en 1994 cuando hubo varios accidentes que le costaron la vida a varias personas, debido al mal clima y tomamos la decisión de regresar.

En el segundo intento, que fue en 1999, caí en una grieta y me fracturé varias costillas, y tampoco llegué a la cima. En la vida las cosas no siempre se logran en el primer intento. La montaña que más veces me ha dicho no es el Everest, pero hace cuatro años si la pude escalar en tres meses.

Cuando esta en las cumbres, ¿ha implorado a Dios?

Yo soy profundamente creyente y siempre he dicho que Dios está dentro de uno mismo, es lo que llamamos espíritu o alma, pero vivimos en un ambiente donde hay muchos distractores, como por ejemplo: música, tráfico y trabajo, lo cual no nos deja tener tiempo para escuchar nuestro interior y a Dios cuando nos habla. En esos lugares no existen tantos distractores, entonces hay una comunión, por lo menos para mi, muy fuerte con Dios.

La agenda
Esquiar 8 mil kilómetros en el polo Sur y Norte es la agenda pendiente del montañista.

- Para la travesía del Norte debe recorrer más de 4 mil kilómetros y empezar en la península de Terranova, en el norte de Canadá.

- Este recorrido debe hacerlo en tres etapas. Primero ir en un trineo jalado por perros, luego él debe jalar el trineo y por último esquiar y caminar con zapatos para nieve.

- Lo tiene previsto para el invierno del 2007, cuando el océano Ártico está congelado y se puede cruzar de esa manera.

- En el Polo Sur la historia es similar y el punto de partida sería las costas de la Antártida.

- Esta aventura, junto a escalar la cima más alta de cada uno de los continentes, lo cual ya realizó, constituyen los retos más grandes de los montañistas.

¿Qué siente al estar en la cima?

Es una conjunción de sentimientos. Por un lado, una gran alegría y satisfacción por alcanzar el objetivo propuesto y por el otro, un vacío instantáneo, porque uno dice: Tanto esfuerzo y sacrificio por llegar a este lugar, ya estoy aquí y ¿ahora qué? También se siente temor porque uno está consciente de que el 90 por ciento de muertes en alta montaña ocurren cuando uno está bajando. Otro sentimiento es de relajamiento, porque ya no hay que seguir escalando. Esto es como lo que le sucede al que pasa pagando mensualmente, durante 20 años, su casa, el día que firma las escrituras como legítimo dueño. Este momento tarda como 10 segundos, pero la alegría, satisfacción y nostalgia que se siente en la alta montaña se multiplica, debido al paisaje tan espectacular. Dan ganas de llorar y gritar aunque no haya energía para hacerlo.

¿Cómo es la alimentación en esos días?

Es comida deshidratada, como por ejemplo, frutas secas y sopas instantáneas, porque nunca se congelan debido a que no tienen líquidos y además no pesan ni ocupan espacio y poseen un porcentaje nutritivo aceptable. Normalmente comemos una vez al día, por eso bajamos mucho de peso, ya que en la montaña todos los días hay desgaste. Cuando subí al Everest, por ejemplo, pesaba 200 libras y al bajar, 146. Por eso, antes de iniciar una expedición, subo de peso para enfrentar el desgaste, pero no lo hago al azar, sino que tengo personas que me asesoran en cuestiones de simetría muscular.

Y una noche, ¿cómo se pasa en la cumbre?

Depende. Si es en hielo, construimos una plataforma en la pendiente que estamos, donde quepa horizontalmente la tienda de campaña. Luego construimos un muro con bloques de hielo alrededor de la campaña, por aquello de las fuertes ventiscas, y ya dentro de la tienda ponemos una pequeña estufa que utiliza una mezcla de gas propano y butano, porque a 4 mil metros de altura es difícil que haya combustión. Con esto derretimos el hielo para tener agua, lo cual es como una terapia de tiempo, porque para obtener un litro de agua se necesita entre 30 y 40 minutos. Hay que estar echando hielo o nieve, ver cómo se derrite y echarla en un termo.
Usamos linternas que tienen baterías alcalinas con una extensión que va pegada a una parte de nuestro cuerpo, para que el calor guarde la energía de las baterías. Usamos celdas solares para recargar estas baterías. Tenemos nuestros sleeping (bolsas de dormir) y platicamos un poco. Generalmente, después de que se pone el sol ya estamos metidos en la tienda de campaña, porque las temperaturas bajan muy bruscamente, en cuestión de media hora.

¿Ha vivido el peligro de las avalanchas?

Por supuesto. Son la principal causa de muerte en alta montaña y ocurren por muchos factores. La principal es la sobreacumulación de nieve en ciertas zonas de mucha pendiente, y cuando hay un cambio brusco de temperatura durante el día, se derriten ciertas partes y producen inestabilidad en toneladas. Cuando se desprende no se detiene, va arrastrando más nieve y se escucha un estallido impresionante, parece un terremoto. Lo que hacemos los montañistas con experiencia, antes de caminar, es estudiar la topografía de la montaña, es decir, sus paredes y son muy evidentes los puntos donde se acumula nieve. En esos casos siempre escalamos por la madrugada, porque hace más frío y está más congelado, entonces, la probabilidad de que se desprenda el bloque de nieve es menor.

Además, hay técnicas para tratar de sobrevivir a una avalancha, lo cual no siempre es posible. Yo tuve amigos que murieron durante estos aludes y he ayudado en rescate, también he sido arrastrado por avalanchas pequeñas.

¿Qué es lo que más extraña cuando esta en las cumbres?

Comida caliente y normal. Sentarme en una silla, tener un techo, bañarme y la familia, por supuesto. El clima de Guatemala es algo que extraño, porque es maravilloso, es como el paraíso. Aquí nunca tenemos ni calores ni fríos extremos.

 
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