Semanario de Prensa Libre • No. 84 • 12 de Febrero de 2006    


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Editorial

A propósito
Un reto para dos

Numerosas afirmaciones se han hecho sobre el matrimonio, pero quizá una de las más sencillas y que sintetiza en una palabra ese acontecimiento es aquella que afirma que es una aventura. Algo que podría ser falso o verdadero, dependiendo de los niveles de preparación con los cuales cada quien afronte ese compromiso.

Gerardo Jiménez
Editor

En medios como el nuestro, esto puede adquirir mayor sentido, si se considera que para enfrentar ese hecho existe muy poca preparación y escasa reflexión, en términos generales, para una serie de desafíos que la pareja deberá sortear.

Esto no tendría mayor novedad, sino se considerara el hecho de que en Guatemala un alto índice de casamientos o uniones de hecho se producen a una edad muy temprana, entre 15 y 19 años de edad, algo que podría otorgarle mayor respaldo a la afirmación inicial, pues resulta difícil comprender que a tan corta edad y, en muchos casos, con escasa educación se pueda llevar a feliz término una empresa de tal naturaleza.

Los datos de casamientos o de uniones de hecho registran números bastante cercanos entre sí y, para poner un ejemplo de los más representativos, puede verse que hasta el 2002, en Huehuetenango, había 121,734 uniones de hecho y 174,734 casados, cifras que de alguna manera le asignan al matrimonio un valor parecido a la simple unión.

Tampoco tendría nada de malo el hecho de que en el país los matrimonios y las uniones de hecho caminen de la mano, a no ser que, según estimaciones de los sicólogos, este tipo de relaciones tienden a crear vínculos muy débiles entre la pareja, y por consiguiente con mínimos o nulos proyectos de vida.

Pero a la edad tan temprana en que se casan o se unen muchos guatemaltecos, también hay que sumar dos ingredientes típicos de nuestra cultura, el machismo y la infidelidad, que constituyen las principales causas de separación entre las parejas y que pueden convertir el inicio de una relación de pareja en algo más que una aventura.

Gustavo Montenegro consultó estadísticas y a expertos para plasmar un retrato del matrimonio guatemalteco.

 
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