Semanario de Prensa Libre • No. 85 • 19 de Febrero de 2006    


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D cultura

Fastuosa y trágica historia
Las piedras podrían contar la centenaria historia de Ciudad Vieja, en las faldas del volcán de Agua.

Texto y foto: Sébastien Perrot-Minnot

“Las piedras hablan”, afirmaba Sigmund Freud. El famoso fundador del psicoanálisis confesó un día que leía más sobre la arqueología que sobre la psicología. Seguramente, Freud habría estado fascinado por un viaje a Ciudad Vieja, en las faldas del volcán de Agua. Es tanto el peso de la historia en este encantador lugar que se podría sentir, efectivamente, que las piedras nos cuentan una larga historia…

El hombre empezó a pisar las fértiles tierras del valle de Almolonga hace al menos 3,000 años. El espacio entre los volcanes era un estratégico corredor que facilitaba los intercambios entre los pueblos del altiplano y la costa sur. Por esta ruta se comercializaba una gran variedad de productos, y en particular, el cacao y la obsidiana.

Vista panorámica de Ciudad Vieja,
al pie del volcán de Agua
(que culmina a 3,760 msnm).

En el municipio de Ciudad Vieja, el mayor sitio prehispánico conocido es sin duda Pompeya, que cuenta con terrazas y plataformas. Tres esculturas monumentales fueron halladas en el sitio, en el siglo 19. Pompeya fue ocupada durante más de dos mil años, hasta la conquista española, en 1524. Alcanzó su auge en el Clásico Tardío (600-900 d. C.), cuando floreció allí la cultura de Cotzumalguapa (cuyos mayores centros estaban en la costa del Pacífico).

Cerca de Pompeya, terrazas y montículos delatan la presencia de otro sitio prehispánico : “Terrenos”. En 1950, el arqueólogo Stephan de Borhegyi excavó las ruinas, y encontró, además, dieciseis gradas que conducían a la parte superior del sitio, pero sin conducir a la clave del enigma de la población y la función de los edificios. Más al suroeste, Rucal es otro lugar donde “cerritos” (incluso, los vestigios de una posible cancha de juego de pelota) son los mudos y discretos testigos del resplandor precolombino.

Parece que en la falda norte del volcán de Agua existió una densidad poblacional y una actividad excepcional durante el Clásico Tardío. Este fastuoso pasado sigue recordando, con regularidad, su sepultada grandeza. En 1997, por ejemplo, la remodelación de una banqueta en Ciudad Vieja dio lugar al descubrimiento de una grada esculpida mostrando una sencilla cara humana, con los ojos cerrados…

El período Postclásico, que precede la Conquista, es poco documentado en el área de Ciudad Vieja. En 1524, Pedro de Alvarado se encontró con un poblado de mayas kaqchikeles, que sus aliados mexicanos (grupos de tlaxcaltecas y cholultecas) llamaron “Zacualpa” — “pueblo viejo o de antiguos montículos”, en nahual. El Libro Viejo (cabildo del 21 de mayo de 1529) cuenta que Jorge de Alvarado (hermano de Pedro), deseando ampliar la plaza de la Ciudad de Santiago, ordenó que se comenzará la obra en la esquina de un juego de pelota.

La bella y orgullosa Ciudad de Santiago en Almolonga fue fundada por don Jorge en 1527, tras el abandono del primer cabildo en Iximché (Chimaltenango), y más de tres años de errancia. La nueva ciudad representó el primer intento para establecer una organización formal en la colonia española de “Cuauhtemallan”. La capital contaba con una plaza mayor, una catedral, una casa real y dos conventos.

Lamentablemente, en la fatídica noche del 10 al 11 de septiembre de 1541, tras días de recia lluvia, un gigantesco alúd arrasó la ciudad. Este increíble cataclismo mató a numerosas personas (650, según algunos investigadores), incluso la gobernadora doña Beatriz de la Cueva, viuda de Pedro de Alvarado. Como lo escribió el historiador Adrián Recinos : “La ruina de la ciudad de Santiago fue completa. En una sola noche desaparecieron para siempre el poder y la influencia de la familia del adelantado Alvarado”. El heroico obispo Francisco Marroquín encabezó los esfuerzos para dar auxilio a los sobrevivientes y sepultar los difuntos (doña Beatriz fue enterrada en la iglesia). Poco después de estos sucesos, la capital fue trasladada al valle de Panchoy (actualmente, la Antigua Guatemala).

Qué nos dice la arqueología sobre la Ciudad de Santiago en Almolonga? En 1950, el historiador húngaro Janos de Szecsy realizó excavaciones en el municipio de Ciudad Vieja. Treinta y tres años más tarde, el arqueólogo Miguel Valencia llevó a cabo excavaciones de rescate en la aldea San Miguel Escobar. Dichas investigaciones nos permiten saber más sobre la capital hispánica, más allá de las tradiciones históricas y populares.

Szecsy aseveró que había determinado los límites de la ciudad de Santiago “casi con completa exactitud”. Todas las evidencias apuntan a que el centro de la ciudad estaba donde se yergue hoy la iglesia de San Miguel Escobar. Efectivamente, este lugar elevado, fácilmente defendible, situado cerca del confluyente de los ríos Pensativo y Guacalate, cumplía con los requisitos de la Ordenanza Real de Municipalidades para la Colonia. Además, las excavaciones revelaron que en este lugar occurió una terrible inundación en los tiempos coloniales. Tales evidencias son inexistentes en la actual cabecera de Ciudad Vieja, donde debía encontrarse el barrio de los tlaxcaltecas y cholultecas. Los trabajos arqueológicos de Szecsy y Valencia permitieron hallar los restos de casas, conventos y tumbas coloniales. La actual iglesia parroquial de Ciudad Vieja fue construida en tres etapas, de la segunda mitad del siglo 16 al siglo 18, mientras que la iglesia que podemos ver hoy en San Miguel Escobar dataría de inicios del siglo 19. Las ruinas situadas al sur del edificio municipal de Ciudad Vieja son fechadas en el siglo 17, y se relacionaban con un convento y una iglesia de los franciscanos.

En la actualidad, Ciudad Vieja sigue siendo una auténtica tierra de cultura, tradiciones y leyendas, cuyas raíces se hunden en el corazón de un glorioso y tumultuoso pasado.

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