Fastuosa y trágica historia
Las
piedras podrían contar la centenaria historia de Ciudad
Vieja, en las faldas del volcán de Agua.
Texto y foto: Sébastien
Perrot-Minnot
“Las piedras hablan”, afirmaba Sigmund Freud. El famoso fundador
del psicoanálisis confesó un día que leía más
sobre la arqueología que sobre la psicología. Seguramente, Freud
habría estado fascinado por un viaje a Ciudad Vieja, en las faldas del
volcán de Agua. Es tanto el peso de la historia en este encantador lugar
que se podría sentir, efectivamente, que las piedras nos cuentan una larga
historia…
El hombre empezó a pisar las fértiles
tierras del valle de Almolonga hace al menos 3,000 años.
El espacio entre los volcanes era un estratégico corredor
que facilitaba los intercambios entre los pueblos del altiplano
y la costa sur. Por esta ruta se comercializaba una gran variedad
de productos, y en particular, el cacao y la obsidiana.

Vista panorámica de Ciudad Vieja,
al
pie del volcán de Agua
(que culmina a 3,760 msnm). |
En el municipio de Ciudad Vieja, el mayor sitio
prehispánico conocido
es sin duda Pompeya, que cuenta con terrazas y plataformas. Tres esculturas
monumentales fueron halladas en el sitio, en el siglo 19. Pompeya fue ocupada
durante más de dos mil años, hasta la conquista española,
en 1524. Alcanzó su auge en el Clásico Tardío (600-900
d. C.), cuando floreció allí la cultura de Cotzumalguapa (cuyos
mayores centros estaban en la costa del Pacífico).
Cerca de Pompeya, terrazas y montículos
delatan la presencia de otro sitio prehispánico
: “Terrenos”.
En 1950, el arqueólogo Stephan de Borhegyi excavó las ruinas,
y encontró, además, dieciseis gradas que conducían a
la parte superior del sitio, pero sin conducir a la clave del enigma de la
población
y la función de los edificios. Más al suroeste, Rucal es otro
lugar donde “cerritos” (incluso, los vestigios de una posible
cancha de juego de pelota) son los mudos y discretos testigos del resplandor
precolombino.
Parece que en la falda norte del volcán de
Agua existió una
densidad poblacional y una actividad excepcional durante el Clásico
Tardío. Este fastuoso pasado sigue recordando, con regularidad,
su sepultada grandeza. En 1997, por ejemplo, la remodelación
de una banqueta en Ciudad Vieja dio lugar al descubrimiento de
una grada esculpida mostrando una sencilla cara humana, con los
ojos cerrados…
El período Postclásico, que precede la Conquista, es poco documentado
en el área de Ciudad Vieja. En 1524, Pedro de Alvarado se encontró con
un poblado de mayas kaqchikeles, que sus aliados mexicanos (grupos de tlaxcaltecas
y cholultecas) llamaron “Zacualpa” — “pueblo viejo
o de antiguos montículos”, en nahual. El Libro Viejo (cabildo
del 21 de mayo de 1529) cuenta que Jorge de Alvarado (hermano de Pedro), deseando
ampliar la plaza de la Ciudad de Santiago, ordenó que se comenzará la
obra en la esquina de un juego de pelota.
La bella y orgullosa Ciudad de Santiago
en Almolonga fue fundada por don Jorge en 1527, tras el abandono
del primer cabildo en Iximché (Chimaltenango),
y más de tres años de errancia. La nueva ciudad representó el
primer intento para establecer una organización formal en la colonia
española de “Cuauhtemallan”. La capital contaba con una
plaza mayor, una catedral, una casa real y dos conventos.
Lamentablemente, en
la fatídica noche del 10 al 11 de
septiembre de 1541, tras días de recia lluvia, un gigantesco
alúd arrasó la ciudad. Este increíble cataclismo
mató a numerosas personas (650, según algunos investigadores),
incluso la gobernadora doña Beatriz de la Cueva, viuda de
Pedro de Alvarado. Como lo escribió el historiador Adrián
Recinos : “La ruina de la ciudad de Santiago fue completa.
En una sola noche desaparecieron para siempre el poder y la influencia
de la familia del adelantado Alvarado”. El heroico obispo
Francisco Marroquín encabezó los esfuerzos para dar
auxilio a los sobrevivientes y sepultar los difuntos (doña
Beatriz fue enterrada en la iglesia). Poco después de estos
sucesos, la capital fue trasladada al valle de Panchoy (actualmente,
la Antigua Guatemala).
Qué nos dice la arqueología sobre la Ciudad de Santiago en Almolonga?
En 1950, el historiador húngaro Janos de Szecsy realizó excavaciones
en el municipio de Ciudad Vieja. Treinta y tres años más tarde,
el arqueólogo Miguel Valencia llevó a cabo excavaciones de rescate
en la aldea San Miguel Escobar. Dichas investigaciones nos permiten saber más
sobre la capital hispánica, más allá de las tradiciones
históricas y populares.
Szecsy aseveró que había determinado los límites de la
ciudad de Santiago “casi con completa exactitud”. Todas las evidencias
apuntan a que el centro de la ciudad estaba donde se yergue hoy la iglesia
de San Miguel Escobar. Efectivamente, este lugar elevado, fácilmente
defendible, situado cerca del confluyente de los ríos Pensativo y Guacalate,
cumplía con los requisitos de la Ordenanza Real de Municipalidades para
la Colonia. Además, las excavaciones revelaron que en este lugar occurió una
terrible inundación en los tiempos coloniales. Tales evidencias son
inexistentes en la actual cabecera de Ciudad Vieja, donde debía encontrarse
el barrio de los tlaxcaltecas y cholultecas. Los trabajos arqueológicos
de Szecsy y Valencia permitieron hallar los restos de casas, conventos y tumbas
coloniales. La actual iglesia parroquial de Ciudad Vieja fue construida en
tres etapas, de la segunda mitad del siglo 16 al siglo 18, mientras que la
iglesia que podemos ver hoy en San Miguel Escobar dataría de inicios
del siglo 19. Las ruinas situadas al sur del edificio municipal de Ciudad Vieja
son fechadas en el siglo 17, y se relacionaban con un convento y una iglesia
de los franciscanos.
En la actualidad, Ciudad Vieja sigue siendo una
auténtica tierra de
cultura, tradiciones y leyendas, cuyas raíces se hunden en el corazón
de un glorioso y tumultuoso pasado.
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