Semanario de Prensa Libre • No. 107 • 23 de Julio de 2006

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D farándula

Sensacionalismo
Acosadores de estrellas
Un nuevo amor, un embarazo, un cambio de peinado o las vacaciones de las estrellas encienden las luces, micrófonos y cámaras de los fotógrafos de la prensa rosa.

Por Francisco Mauricio Martínez

Durante varios días de junio, un grupo de fotógrafos permaneció atrincherado en la puerta de la mansión de Brad Pitt y Angelina Jolie, frente al Pacífico de California. Cámara en mano y cigarrillo tras cigarrillo, los cazadores de imágenes esperaban con ansias el momento oportuno para tomar la fotografía de la pequeña Shiloh, que recién había llegado de África.

Shiloh Nouvel Jolie-Pitt, la primera hija biológica de Pitt y Jolie, nació el 27 de mayo en una clínica en Namibia, y a los pocos días sus padres permitieron que una agencia la fotografiara. Sin embargo, estas imágenes exclusivas fueron vendidas a dos publicaciones especializadas en “ricos y famosos”, quienes pagaron casi US$10 millones (Q760 millones), los cuales fueron destinados a obras de caridad en ese país. Para la prensa rosa, como acostumbran llamarle a este clase de periodismo, estas fotografías eran insuficientes, por lo que lejos de conformarse les despertó, aún más, el hambre de imágenes de la recién nacida. “Yo no vine a este país para ganar US$300 (Q8 mil) por día, sino US$15 mil (Q115 mil) por semana”, dijo un fotógrafo británico y ex detective privado, a un periodista de la agencia de noticias AFP, mientras velaba su objetivo desde un flamante Mercedes deportivo descapotable.

Para los paparazzi no existen fronteras, están donde van las estrellas del cine, la música y los deportes.

El trabajo de los paparazzi, admirados por unos y satanizados por otros, quedó expuesto en el ojo de la tormenta a raíz de la muerte de Diana Spencer, su novio Dodi Al Fayed y el chofer Henri Paul, en agosto de 1997. En esa oportunidad, un grupo de fotógrafos persiguió a la princesa inglesa, quien por huir de las cámaras se estrelló en un túnel que atraviesa el Sena, en París. Este caso se reactivó, nuevamente, este mes, cuando una revista italiana publicó una fotografía de Diana en el momento que agonizaba dentro del vehículo.

Los paparazzi son considerados tipos extraños. Huidizos. Contrario a los escándalos y sensacionalismo que suelen despertar de las estrellas, ellos mantienen un perfil totalmente bajo. No les gusta que se metan en su intimidad. No dicen su nombre y no cuentan cuánto dinero pueden ganar por una buena foto. Lo cual no deja de ser una paradoja. Generalmente, su edad gira alrededor de 30 años.

Para ellos no existen fronteras, están donde van las estrellas del cine, la música y los deportes. No obstante, la región de Los Ángeles es un paraíso para ellos, porque en esta zona encuentran muchas luminarias de Hollywood, y aunque la competencia entre ellos es feroz, el pago astronómico que reciben, por algunas fotos, parece compensarlo. El origen del término paparazzi proviene del personaje de la película La Dolce Vita, de Federico Fellini. Se trata de un insistente fotógrafo italiano, de nombre Paparazzo, cuyo papel es la metáfora perfecta para este tipo de reportero.

A raíz de su cuestionado trabajo, en California algunas estrellas se han quejado de la agresividad de estos fotógrafos, a tal punto que el gobernador y ex actor Arnold Schwarzenegger, apoyó abiertamente una ley que refuerza las penas para esta clase de actividad. Actrices como Reese Witherspoon, Lindsay Lohan y Scarlett Johansson, fueron citadas por incidentes con fotógrafos.

Reunidos por un balón

El recién pasado Mundial de Futbol fue el punto de reunión de decenas de paparazzi, y una de las selecciones más acosadas fue la de David Beckham, quien junto a su esposa Victoria, ex Spice Girls, han sido de las parejas más perseguidas.

El límite
> La profesión de paparazzi también tiene su costo, ya que mucha veces por lograr la imagen se exponen a riesgos extremos. Gustavo González, un paparazzi español, cuenta que en varias ocasiones ha tenido miedo de perder la vida.

> Confiesa que dos veces ha sido confundido con un terrorista. Una vez fue un escolta de la familia real y otra vez por la “mala vibra” de Isabel Pantoja.

> En cuanto a los límites que debe tener un paparazzi dice que cuando alguien es un personaje público sabe a qué se expone. “El trabajar con tu imagen lleva implícito que alguien pueda también trabajar con tu imagen. El límite lo pone cada personaje”, afirma González.

Para lograr esto, un pequeño ejército de fotógrafos acampó en el balneario Baden-Baden. Los ardides de estos cazadores de fotografías de luminarias parecen casi inagotables. Saturaron de papelitos con su número telefónico todos los lugares públicos del pueblecito y balneario. Junto a las notas dejaban un billete o unas monedas para congraciarse con los camareros, aparcacoches, conserjes y tenderos. Todos estaban sobornados.

Pero las trampas no sólo vienen de estos fotógrafos, ya que las estrellas también tejen las propias para evitarlos. Un día, en este mismo lugar, la piscina del hotel donde pernoctaban las mujeres de los jugadores ingleses amaneció rodeada con un muro de plástico de dos metros de altura. Con esto les impidieron continuar con su trabajo, ya que no pudieron subirse, nuevamente, a la azotea y escoger el biquini que más les apetecía para fotografiar.

La búsqueda de esta clase de fotografías no necesariamente es dañina para las estrellas, pues en algunos casos constituyen el material que los mantiene en las primeras planas de algunos medios. La ex esposa de Pitt, Jennifer Aniston; la millonaria heredera Paris Hilton; la actual esposa del príncipe Carlos, Camila Parker; la reina del pop Britney Spears y la princesa Stephania de Mónaco, son algunos de los “blancos” más codiciados.

Cabe preguntar por qué despiertan tanta curiosidad estas fotografías, si las personas que ahí aparecen trabajan, se entretienen, aman, tienen hijos y envejecen como el resto de los mortales. Probablemente porque se trate de figuras que deben su modo de vida a la admiración de muchas personas, quienes las han encumbrado a través de la música, las pantallas y la publicidad.


   

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