Patrimonio prehispánico
La mansión de la serpiente
En la mejor de las
tradiciones románticas, los tesoros
están escondidos bajo tierra. En Nakum, una joya arquitectónica
del siglo X, la leyenda hace honor a la realidad: los cimientos
de sus edificios esconden el secreto de una historia milenaria.
Por: Gemma Gil Flores
Fotos: Carlos Sebastián
Idealizaciones: Breitner González
Telma Tovar
Bajo tierra el calor se hace denso.
El aire es áspero, como si con cada bocanada se tragara
una bola de algodón, pero el espectáculo merece la
pena. Pocas veces se tiene el privilegio de acceder a un túnel
de investigación arqueológica. En pocas ocasiones
puede valorarse el pasado con tanta emoción como al contemplarla
serpiente bicéfala, de once metros, que se esconde bajo
los muros del palacio del gobernante de Nakum (Petén).
A 10 metros de profundidad, el equipo de restauradores, liderados
por Isidro Canel, se afana en la consolidación de la pieza aplicando una capa de
estuco, el mismo material empleado por los mayas.

Gran parte del
palacio del gobernante quedó oculto bajo el manto
vegetal. En la actualidad sólo se puede ver lo
que muestra el edificio de la izquierda. |
La serpiente decora el basamento de un edificio
preclásico y se ha preservado
intacta gracias a la tradición: cada gobernante construía un nuevo
palacio sobre el existente. El fallecimiento del ajaw significaba la muerte simbólica
del lugar que había habitado. A la fantasía queda la labor de completar la imagen del mascarón
con la cabeza de jaguar que lo acompaña, mutilado por las sucesivas modificaciones
sufridas por el edificio. A la imaginación se le encomienda la tarea de
ver el lomo zigzagueante del reptil pintado de rojo, el color empleado por la
civilización precolombina para pintar sus urbes. Ahora sólo se
ve la superficie lisa y blanca del estuco elaborado artesanalmente, cuya cal
natural se ha elaborado durante tres años.
“Es una pieza impresionante, y después de restaurarla tenemos que
hacer una réplica para que todo el mundo vea el arte fabuloso de la cultura
maya”, explica Canel mientras acaricia con orgullo el estuco fresco. Sabe
que cuando se termine su labor, el túnel volverá a ser clausurado.
“Es una pena, pero no hay presupuesto para garantizar su seguridad si lo
mantenemos abierto”, apunta el artesano. Se refiere a la depredación
de los huecheros, pero también a la ofensiva ineludible del tiempo.
“Para mantenerlo abierto se tiene que acondicionar, protegerlo con unos
vidrios que permitan a la piedra respirar y máquinas para conservar la
humedad, como han hecho en Copán (Honduras), pero eso es muy costoso”,
dice Canel y observa su obra, hechizado, como quien no puede apartar la mirada
de una escena prohibida.
Tesoro arquitectónico
Nakum se extiende en un área de un kilómetro de largo y 500 metros
de ancho, junto a las orillas que lame el río Holmul.
Dividida en dos sectores unidos por una plaza central y la calzada
Perigny —una
vía de 26 metros de ancho, así llamada en honor al explorador francés
que la descubrió en 1905—, Nakum es una de las ciudades mayas que
conserva mayor cantidad de edificios con arquitectura visible, después
de Tikal.
Algunos son tan impresionantes como el edificio que separa la plaza
central de la acrópolis, y que, con sus 120 metros de planta y sus 38 cámaras
abovedadas, se distingue como el más largo de toda el área maya.
Otros son tan discretos y sólidos como el temascal usado por la élite,
uno de los mejor conservados de Petén.
“Lo interesante es que es un gran macizo que da sensación de privacidad”,
explica la arqueóloga Zoila Calderón, desde el palacio del señor
de Nakum. La construcción se erige en el corazón de la acrópolis
sur, donde presumiblemente residían las élites.
Efectivamente, la concentración de edificios en un espacio pequeño
brinda la nítida sensación de pasear por un núcleo urbano,
más que en otras ciudades mayas.
A ello contribuye también una secuencia de 12 patios que parecen haber
desempeñado una función de control. “Dependiendo del patio
por el que entrabas, tenías acceso a una parte u otra de la acrópolis.
Por ejemplo, para acceder a este palacio había que superar varios controles”,
apunta la arqueóloga al señalar el laberinto de piedra que se abre
a sus pies.
La ruta a Nakum
> ¿Cómo llegar? Las
agencias de turismo organizan viajes desde Flores al
Parque Yaxhá-Nakúm-Naranjo.
> Se puede recorrer
a pie los 17 kilómetros que separan Nakúm
de Yaxhá o desplazarse en vehículo, preferiblemente
de doble tracción si se va en época de
lluvias.
> ¿Dónde
alojarse? Tanto en Nakúm como en Yaxhá está permitido
acampar.
> A la entrada
del parque se encuentra El Sombrero, un hotel que, además
de alojamiento, ofrece rutas a caballo hasta el sitio
arqueológico.
> Camino
a Tikal. En la comunidad de La Máquina
se puede rentar un servicio de guía para realizar
una ruta de dos días a Tikal, previo paso por
Nakúm.
> La entrada al
parque cuesta Q40 para nacionales y Q80 para extranjeros. |
Vista desde donde el último gobernante contemplaba sus dominios, la ciudad
guarda una agradable armonía de patios y edificios enmarcados por la exuberancia
del bosque. Nada parece más apropiado para describirla que su
nombre: Casa de Piedra.
Sobrevivió a Tikal Si la solidez con que sus muros han resistido el embate de la selva
es sorprendente, los ecos del pasado que se aprecian en el interior
de sus muros no lo son menos.
La serpiente de dos cabezas no es su único tesoro escondido. Los dibujos
policromados y los grafitos aún cubren los muros de algunos de sus aposentos.
Sin embargo, el orgullo de la metrópoli también se deja ver en
los esclavos cautivos que servían de adorno a una escalinata, y en los
frisos con las figuras de una guacamaya y un lagarto con un martín pescador
que adornaban una antigua construcción debajo del edificio N.
Ante tanta magnificencia, es inevitable caer en una pregunta muchas
veces formulada: ¿por
qué fue abandonada Nakum?
Según los estudios de Bernard Hermes, la Casa de Piedra ya estaba ocupada
en el preclásico medio; es decir, de 800 a 300 años antes de nuestra
era.
Su posición junto al río Holmul debió proporcionarle un
papel importante en las rutas comerciales hacia el corazón de Petén. “Se puede decir que había cuatro ríos de entrada al núcleo
de las Tierras Bajas, recordemos que en aquella época no había
carreteras. Una era Holmul, que era el puerto de acceso desde la Bahía
de Chetumal; otro, el Mopán, que era la conexión con el Caribe;
el tercero, el río Usumacinta, principal vía hacia el norte; y,
por último, el Pasión, que comunicaba con las Tierras Altas”,
expone el arqueólogo Daniel Aquino.
Mientras Tikal mantuvo su poder, Nakum fue una valiosa aliada por su
estratégica
ubicación. Cuando la gran capital cayó, fue la única ciudad
importante que sobrevivió. De hecho, “el colapso” de Tikal
no sólo le brindó su independencia, sino que le proporcionó sus
años de máximo esplendor. Abandono paulatino
La fortuna sonrió a la Casa de Piedra al menos un siglo más que
a la gran ciudad, pero hacia el 950 d.C también fue dejada a merced de
la voracidad de la selva. Eventualmente, sus ruinas continuaron siendo visitadas.
“A la altura de la bóveda de uno de los edificios encontramos una
ofrenda con cerámica del postclásico, lo que nos indica que la
gente venía para recordar a sus antepasados”, cuenta Calderón.
Hacia el 1200 se estima que, incluso, fue brevemente habitada.
En todo caso, sus nuevos pobladores no fueron capaces de defender
su lustroso pasado.
Poco más se conoce de su historia, pues a diferencia de otros lugares,
Nakum apenas dejó un legado escrito para la posteridad. Sólo tres
de sus 16 estelas están talladas, y la erosión no ha sido benevolente
con ellas.
En la actualidad, lo único que se sabe es que su abandono fue paulatino
y que pudo ser motivado por problemas ecológicos, por una pérdida
de control de la jerarquía sobre el pueblo, o por la disminución
de la importancia del río Holmul tras el colapso de las demás grandes
urbes.
En todo caso, quizá sea mejor que no se haya podido desentrañar
todos sus secretos. A veces, la magia emana de las preguntas sin respuestas y,
afortunadamente para la imaginación humana, aún quedan lugares
como Nakum, capaces de conjurar el misterio.
Recreando
a los mayas
Por sus manos ha pasado gran parte de las
estelas de Petén.
Se define como un “conservador de datos”,
pero probablemente su currículo se define por su trabajo
de escultor, dibujante y restaurador.
Isidro Canel, kaqchikel de 54 años, es el meticuloso artesano
que ha elaborado, entre otras, las réplicas de las estelas
de Dos Pilas, Ceibal, Piedras Negras o El Duende.
En Nakum el rescate y la elaboración de réplicas
de la serpiente bicéfala y los frisos del edificio N le
llevan a pasar buena parte de su tiempo bajo tierra. Nadie lo diría, pero incluso a 10 metros de la superficie,
la plaga de mosquitos no acepta una tregua. Canel los ahuyenta
con paciencia benedictina, pero, de todos modos, el calor húmedo
en el estrecho túnel, obliga a todo el equipo a salir cada
tres horas para tomar una bocanada de aire.
Fechas clave
> Ya en el preclásico medio
(800-300 a.C) estuvo poblada.
> Su esplendor llegó después
del declive de Tikal y otras grandes ciudades (hacia
el 850 d.C)
> Fue abandonada hacia
el 950 d.c
> Siguió siendo visitada.
Se calcula que en el 1200 d.C. pequeños grupos
de población se instalaron allí temporalmente. |
Las condiciones son duras, pero la posibilidad de
contemplar piezas únicas
compensa todos los inconvenientes. ¿En qué consiste una restauración?
Lo primero es reunir los fragmentos, porque muchas veces encontramos
las piezas como un rompecabezas. Después los unimos y sanamos
todas las grietas, también hacemos conservación preventiva.
Limpiamos la piedra de hongos, líquenes y microflora con
brochas, hisopos, cepillos dentales o espátulas muy finas.
Por último, las consolidamos con un pegamento reversible.
¿Cómo se hace
una réplica?
Hacemos un molde con látex y después un contramolde de resina poliéster
con fibra de vidrio para que cuando echemos la pasta el hule no se deforme. Una
vez que el molde está listo lo rellenamos con resina con polvo de mármol.
Hacemos dos secciones vacías y luego soldamos las uniones. Las réplicas
antes se hacían de cemento, pero eran muy pesadas.
¿Cuánto puede pesar una estela?
Un original de piedra de 4 metros puede pesar 4 toneladas, una
réplica
de resina unos 3 quintales.
¿Cuál es la más grande
que ha hecho?
Una réplica de una estela de Dos Pilas que medía 8 metros por 90
cm
¿Cuánto tardar en sacar una reproducción?
Unos 20 días. El proceso es lento porque tratamos de elaborar una pasta
que sea del mismo color que el original. |