Semanario de Prensa Libre • No. 107 • 23 de Julio de 2006

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D fondo

Patrimonio prehispánico
La mansión de la serpiente
En la mejor de las tradiciones románticas, los tesoros están escondidos bajo tierra. En Nakum, una joya arquitectónica del siglo X, la leyenda hace honor a la realidad: los cimientos de sus edificios esconden el secreto de una historia milenaria.

Por: Gemma Gil Flores
Fotos: Carlos Sebastián
Idealizaciones: Breitner González
Telma Tovar

Bajo tierra el calor se hace denso. El aire es áspero, como si con cada bocanada se tragara una bola de algodón, pero el espectáculo merece la pena. Pocas veces se tiene el privilegio de acceder a un túnel de investigación arqueológica. En pocas ocasiones puede valorarse el pasado con tanta emoción como al contemplarla serpiente bicéfala, de once metros, que se esconde bajo los muros del palacio del gobernante de Nakum (Petén).

A 10 metros de profundidad, el equipo de restauradores, liderados por Isidro Canel, se afana en la consolidación de la pieza aplicando una capa de estuco, el mismo material empleado por los mayas.

Gran parte del palacio del gobernante quedó oculto bajo el manto vegetal. En la actualidad sólo se puede ver lo que muestra el edificio de la izquierda.

La serpiente decora el basamento de un edificio preclásico y se ha preservado intacta gracias a la tradición: cada gobernante construía un nuevo palacio sobre el existente. El fallecimiento del ajaw significaba la muerte simbólica del lugar que había habitado.

A la fantasía queda la labor de completar la imagen del mascarón con la cabeza de jaguar que lo acompaña, mutilado por las sucesivas modificaciones sufridas por el edificio. A la imaginación se le encomienda la tarea de ver el lomo zigzagueante del reptil pintado de rojo, el color empleado por la civilización precolombina para pintar sus urbes. Ahora sólo se ve la superficie lisa y blanca del estuco elaborado artesanalmente, cuya cal natural se ha elaborado durante tres años.

“Es una pieza impresionante, y después de restaurarla tenemos que hacer una réplica para que todo el mundo vea el arte fabuloso de la cultura maya”, explica Canel mientras acaricia con orgullo el estuco fresco. Sabe que cuando se termine su labor, el túnel volverá a ser clausurado.

“Es una pena, pero no hay presupuesto para garantizar su seguridad si lo mantenemos abierto”, apunta el artesano. Se refiere a la depredación de los huecheros, pero también a la ofensiva ineludible del tiempo.

“Para mantenerlo abierto se tiene que acondicionar, protegerlo con unos vidrios que permitan a la piedra respirar y máquinas para conservar la humedad, como han hecho en Copán (Honduras), pero eso es muy costoso”, dice Canel y observa su obra, hechizado, como quien no puede apartar la mirada de una escena prohibida.

Tesoro arquitectónico

Nakum se extiende en un área de un kilómetro de largo y 500 metros de ancho, junto a las orillas que lame el río Holmul.

Dividida en dos sectores unidos por una plaza central y la calzada Perigny —una vía de 26 metros de ancho, así llamada en honor al explorador francés que la descubrió en 1905—, Nakum es una de las ciudades mayas que conserva mayor cantidad de edificios con arquitectura visible, después de Tikal.

Algunos son tan impresionantes como el edificio que separa la plaza central de la acrópolis, y que, con sus 120 metros de planta y sus 38 cámaras abovedadas, se distingue como el más largo de toda el área maya. Otros son tan discretos y sólidos como el temascal usado por la élite, uno de los mejor conservados de Petén.

“Lo interesante es que es un gran macizo que da sensación de privacidad”, explica la arqueóloga Zoila Calderón, desde el palacio del señor de Nakum. La construcción se erige en el corazón de la acrópolis sur, donde presumiblemente residían las élites.
Efectivamente, la concentración de edificios en un espacio pequeño brinda la nítida sensación de pasear por un núcleo urbano, más que en otras ciudades mayas.

A ello contribuye también una secuencia de 12 patios que parecen haber desempeñado una función de control. “Dependiendo del patio por el que entrabas, tenías acceso a una parte u otra de la acrópolis. Por ejemplo, para acceder a este palacio había que superar varios controles”, apunta la arqueóloga al señalar el laberinto de piedra que se abre a sus pies.

La ruta a Nakum
> ¿Cómo llegar? Las agencias de turismo organizan viajes desde Flores al Parque Yaxhá-Nakúm-Naranjo.

> Se puede recorrer a pie los 17 kilómetros que separan Nakúm de Yaxhá o desplazarse en vehículo, preferiblemente de doble tracción si se va en época de lluvias.

> ¿Dónde alojarse? Tanto en Nakúm como en Yaxhá está permitido acampar.

> A la entrada del parque se encuentra El Sombrero, un hotel que, además de alojamiento, ofrece rutas a caballo hasta el sitio arqueológico.

> Camino a Tikal. En la comunidad de La Máquina se puede rentar un servicio de guía para realizar una ruta de dos días a Tikal, previo paso por Nakúm.

> La entrada al parque cuesta Q40 para nacionales y Q80 para extranjeros.

Vista desde donde el último gobernante contemplaba sus dominios, la ciudad guarda una agradable armonía de patios y edificios enmarcados por la exuberancia del bosque. Nada parece más apropiado para describirla que su nombre: Casa de Piedra.

Sobrevivió a Tikal

Si la solidez con que sus muros han resistido el embate de la selva es sorprendente, los ecos del pasado que se aprecian en el interior de sus muros no lo son menos.
La serpiente de dos cabezas no es su único tesoro escondido. Los dibujos policromados y los grafitos aún cubren los muros de algunos de sus aposentos. Sin embargo, el orgullo de la metrópoli también se deja ver en los esclavos cautivos que servían de adorno a una escalinata, y en los frisos con las figuras de una guacamaya y un lagarto con un martín pescador que adornaban una antigua construcción debajo del edificio N.

Ante tanta magnificencia, es inevitable caer en una pregunta muchas veces formulada: ¿por qué fue abandonada Nakum?

Según los estudios de Bernard Hermes, la Casa de Piedra ya estaba ocupada en el preclásico medio; es decir, de 800 a 300 años antes de nuestra era.

Su posición junto al río Holmul debió proporcionarle un papel importante en las rutas comerciales hacia el corazón de Petén.

“Se puede decir que había cuatro ríos de entrada al núcleo de las Tierras Bajas, recordemos que en aquella época no había carreteras. Una era Holmul, que era el puerto de acceso desde la Bahía de Chetumal; otro, el Mopán, que era la conexión con el Caribe; el tercero, el río Usumacinta, principal vía hacia el norte; y, por último, el Pasión, que comunicaba con las Tierras Altas”, expone el arqueólogo Daniel Aquino.

Mientras Tikal mantuvo su poder, Nakum fue una valiosa aliada por su estratégica ubicación. Cuando la gran capital cayó, fue la única ciudad importante que sobrevivió. De hecho, “el colapso” de Tikal no sólo le brindó su independencia, sino que le proporcionó sus años de máximo esplendor.

Abandono paulatino

La fortuna sonrió a la Casa de Piedra al menos un siglo más que a la gran ciudad, pero hacia el 950 d.C también fue dejada a merced de la voracidad de la selva. Eventualmente, sus ruinas continuaron siendo visitadas.

“A la altura de la bóveda de uno de los edificios encontramos una ofrenda con cerámica del postclásico, lo que nos indica que la gente venía para recordar a sus antepasados”, cuenta Calderón.

Hacia el 1200 se estima que, incluso, fue brevemente habitada. En todo caso, sus nuevos pobladores no fueron capaces de defender su lustroso pasado.

Poco más se conoce de su historia, pues a diferencia de otros lugares, Nakum apenas dejó un legado escrito para la posteridad. Sólo tres de sus 16 estelas están talladas, y la erosión no ha sido benevolente con ellas.

En la actualidad, lo único que se sabe es que su abandono fue paulatino y que pudo ser motivado por problemas ecológicos, por una pérdida de control de la jerarquía sobre el pueblo, o por la disminución de la importancia del río Holmul tras el colapso de las demás grandes urbes.

En todo caso, quizá sea mejor que no se haya podido desentrañar todos sus secretos. A veces, la magia emana de las preguntas sin respuestas y, afortunadamente para la imaginación humana, aún quedan lugares como Nakum, capaces de conjurar el misterio.

 

Recreando a los mayas
Por sus manos ha pasado gran parte de las estelas de Petén.

Se define como un “conservador de datos”, pero probablemente su currículo se define por su trabajo de escultor, dibujante y restaurador.
Isidro Canel, kaqchikel de 54 años, es el meticuloso artesano que ha elaborado, entre otras, las réplicas de las estelas de Dos Pilas, Ceibal, Piedras Negras o El Duende.

En Nakum el rescate y la elaboración de réplicas de la serpiente bicéfala y los frisos del edificio N le llevan a pasar buena parte de su tiempo bajo tierra.

Nadie lo diría, pero incluso a 10 metros de la superficie, la plaga de mosquitos no acepta una tregua. Canel los ahuyenta con paciencia benedictina, pero, de todos modos, el calor húmedo en el estrecho túnel, obliga a todo el equipo a salir cada tres horas para tomar una bocanada de aire.

Fechas clave
> Ya en el preclásico medio (800-300 a.C) estuvo poblada.

> Su esplendor llegó después del declive de Tikal y otras grandes ciudades (hacia el 850 d.C)

> Fue abandonada hacia el 950 d.c

> Siguió siendo visitada. Se calcula que en el 1200 d.C. pequeños grupos de población se instalaron allí temporalmente.

Las condiciones son duras, pero la posibilidad de contemplar piezas únicas compensa todos los inconvenientes.

¿En qué consiste una restauración?

Lo primero es reunir los fragmentos, porque muchas veces encontramos las piezas como un rompecabezas. Después los unimos y sanamos todas las grietas, también hacemos conservación preventiva. Limpiamos la piedra de hongos, líquenes y microflora con brochas, hisopos, cepillos dentales o espátulas muy finas. Por último, las consolidamos con un pegamento reversible.

¿Cómo se hace una réplica?

Hacemos un molde con látex y después un contramolde de resina poliéster con fibra de vidrio para que cuando echemos la pasta el hule no se deforme. Una vez que el molde está listo lo rellenamos con resina con polvo de mármol. Hacemos dos secciones vacías y luego soldamos las uniones. Las réplicas antes se hacían de cemento, pero eran muy pesadas.

¿Cuánto puede pesar una estela?

Un original de piedra de 4 metros puede pesar 4 toneladas, una réplica de resina unos 3 quintales.

¿Cuál es la más grande que ha hecho?

Una réplica de una estela de Dos Pilas que medía 8 metros por 90 cm

¿Cuánto tardar en sacar una reproducción?

Unos 20 días. El proceso es lento porque tratamos de elaborar una pasta que sea del mismo color que el original.


   

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