Semanario de Prensa Libre • No. 107 • 23 de Julio de 2006

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D mundo

Energía atómica
Para bien o para mal
La potencia atómica ha causado destrucción de ciudades y ecosistemas, pero es al mismo tiempo una fuente energética indispensable para muchas naciones.

Por Julieta Sandoval

Cuando se habla de energía atómica, fácilmente se piensa en destrucción. Sin embargo, no todo es negativo, puesto que la utilización constructiva de este potencial energético ha representado grandes beneficios.

De hecho, este tipo de energía está en el universo desde sus orígenes, hace aproximadamente 20 mil millones de años, pues, según altunos teóricos, intervino en la gran explosión (Big Bang). La radioactividad existe en nuestro planeta mucho antes de la aparición de la vida. Todo organismo contiene vestigios de sustancias radiactivas, aunque fue hace menos de un siglo que se descubrió este fenómeno con los estudios de los científicos Henri Becquerel, Wilhelm Röentgen, Marie y Pierre Curie.

China es uno de los países con mayor expansión de su programa nuclear, debido a la gran demanda energética. Planta de Qinshan, en provincia de Zhejiang.

Comúnmente se dice que la era nuclear comenzó cuando fueron lanzadas las bombas atómicas, en 1945, sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, que se convirtieron en evidencia de que la fuerza radiactiva podría borrar a la civilización en poco tiempo, sin embargo, asimismo podía beneficiarla, al ser empleada en medicina, agricultura y en la industria.

Justamente para regular esa fuerza fue creado el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), que empezó a funcionar en Viena en 1957, tras ser aprobados sus estatutos, un año antes, por las Naciones Unidas. Sus objetivos principales, básicamente, controlar que dicha energía se produzca en condiciones seguras, que su generación contribuya a la paz, la salud y la prosperidad y que no sea empleada para fines bélicos, lo cual se ha convertido, en los últimos años en un auténtico riesgo, dada la creciente cantidad de países que han adquirido tecnología para la producción de armas de destrucción masiva. Durante los años de la Guerra Fría, prácticamente existía un balance entre Estados Unidos y la Unión Soviética, con sus respectivos aliados. Al desintegrarse la segunda, en 1989, se produjeron fugas de tecnología, así como tráfico de material radiactivo y maquinaria necesaria para la fisión nuclear, circunstancia que hace temer que algunas armas atómicas pudieran llegar a estar al alcance de países inestables o incluso de facciones separatistas.

En todo caso, los beneficios obtenidos de la energía nuclear compensan de alguna manera los grandes inconvenientes que su mal uso representa.

En el campo de la salud

La medicina nuclear es una especialidad médica que emplea técnicas seguras para el diagnóstico y tratamiento de diversas enfermedades. Ésta permite detectar alteraciones mucho antes de que sean clínicamente diagnosticadas, lo que significa dar tratamientos más efectivos y pronósticos favorables. En algunos casos se utilizan pequeñas cantidades de radiofármacos, sustancias que son atraídas hacia órganos, huesos o tejidos específicos.

La actividad nuclear
> Datos de la OIEA indican que en el mundo funcionan 443 centrales nucleoeléctricas, en 32 países.

> Las plantas nucleares crean controversia, por las consecuencias que pueden tener, pues recuerdan a Chernobyl (Ucrania, 1986). Alemania se ha comprometido a abandonar progresivamente la energía nuclear, mientras que Francia produce casi toda su energía eléctrica de plantas atómicas.

> El uranio, principal mineral empleado en las centrales nucleares, sólo existe en algunas regiones del mundo. Canadá es el principal exportador. En 2000 produjo 10 mil 457 toneladas. Le siguen Australia, Kazajistán, Nigeria, Rusia, Namibia, Uzbekistán, EEUU, Ucrania, Sudáfrica y China.

> Algunos países consideran que sólo teniendo a su disposición un arma atómica estarían libres de ser atacados por países enemigos o en capacidad de negociar concesiones políticas. Es por ello que Irán y Corea del Norte están en la mira de la comunidad internacional, por su búsqueda de tecnología atómica.

Hoy en día la medicina nuclear ofrece procedimientos útiles en todas las especialidades, desde cardiología a neuropsiquiatría. Existen casi 100 evaluaciones distintas de medicina nuclear, y no hay órgano que no pueda ser explorado mediante esta especialidad moderna.

Alimentos y agricultura

La irradiación de alimentos es un método físico de conservación, comparable a otros que utilizan el calor o el frío. Consiste en exponer el producto a la acción de las radiaciones ionizantes durante cierto lapso, que es proporcional a la cantidad de energía que se desea que el alimento absorba. Con este procedimiento se puede inhibir la brotación de bulbos, tubérculos y raíces (papas sin brote durante nueve meses a temperatura ambiente) o bien esterilizar insectos como la “mosca del Mediterráneo”, para evitar su propagación a áreas de cultivo de frutas; asimismo se emplea para esterilizar parásitos en carnes como la de cerdo, interrumpiendo así su ciclo vital en el organismo humano.

También puede retardar la maduración de frutas tropicales como el banano, la papaya y el mango (la vida útil se duplica o triplica), demorar el envejecimiento de champiñones y espárragos y prolongar el tiempo de comercialización de carnes frescas y frutas.

Energía barata

La energía nuclear también es una opción para revertir el efecto invernadero, debido a que sus emisiones al aire son mucho menores que las plantas termoeléctricas, lo cual la convierte en una opción menos nociva ante la creciente demanda por combustibles fósiles. Sin embargo, aún persiste el problema de los desechos radioactivos, es decir, aquellos materiales sobrantes tras el proceso de fisión, que ya no producen grandes cantidades de energía pero cuyas radiaciones pueden perjudicar el medio ambiente y a las personas que viven cerca de los botaderos. Se ha llegado al caso, incluso, de países que pagan a otros, más pobres, para recibir en alguna parte de su territorio, la llamada “basura nuclear”, misma que según cálculos de los ambientalistas, tardará decenas de miles de años en desaparecer.


   

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