Semanario de Prensa Libre • No. 101 • 11 de Junio de 2006

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D cultura

Historia de la imagen
El octavo arte
El largo camino recorrido por la fotografía, desde su nacimiento como hermana bastarda de la pintura hasta equipararse con el resto de las Bellas Artes.

Por Gemma Gil Flores

Aunque a un profesional de la fotografía creativa se le identifica más como fotógrafo que como artista, en la actualidad nadie negaría que el trabajo que realizan guatemaltecos como Luis González Palma o Daniel Hernández es arte.

Tras la polémica que conoció en sus orígenes, la fotografía ha ganado su cetro como campo estético autónomo y, para elevar el hecho a la categoría de oficial, la Academia de Bellas Artes de Francia ha decidido coronarla recientemente como el Octavo Arte.

Eso sí, la proclamación convive con sus otras facetas más mundanas: la publicidad, los medios de comunicación y la masificación que han facilitado las cámaras digitales.

En Sunbeams (1897) Edouard Hannon demostraba, con su juego de luces, la vocación artística de la fotografía.

El supermercado visual es tal que movimientos como la lomografía (un fenómeno nacido en los años 90 que consiste en hacer el máximo número de fotos posibles, en las situaciones más inusuales y desde los puntos de vista más extraños) extienden sus tentáculos por el mundo casi con el mismo furor con el que los museos vuelven sus ojos a los fotógrafos.

Así, mientras la Sociedad Lomográfica Internacional populariza su lema —“No pienses, dispara”—, la casa de subastas Sotheby’s estableció un récord histórico con The Pond-Moonlight (El estanque-Luz de luna). Una fotografía de un estanque de Nueva York, tomada en 1904 por Edward Steichen (1879-1973), que alcanzó en febrero recién pasado el nada desdeñable precio de US$2.9 millones. Parece que Steichen, que había trabajó en Vogue y Vanity Fair y que había dedicado buena parte de su vida a que se reconociera la fotografía como una manifestación artística, ha logrado su objetivo.

Pintores mediocres

Inventada en 1839, la técnica de “escribir con la luz” fue adoptada durante sus primeros años de vida como una alternativa a la pintura. La captación de una imagen a través de una cámara era sólo una técnica mecánica que abarataba la posibilidad de obtener un retrato.

Pero de ahí a entrar en el campo de las veleidades estéticas mediaba un largo camino. Buena muestra de la controversia es la opinión de Charles Baudelaire (1821-1867), ilustre de la generación de los poetas “malditos”, que con poca visión de futuro afirmaba: “Un dios vengador cumplió el deseo de la multitud. Daguerre fue su Mesías.

Y así la masa razonó: ‘puesto que la fotografía nos ofrece todas las garantías deseables de exactitud (…) la fotografía es arte’. A partir de ese momento, la sociedad inmunda, como un solo Narciso, se precipitó a contemplar su trivial imagen el metal (…) Como la industria fotográfica era el refugio de todos los pintores frustrados, mal dotados o demasiado perezosos para acabar los estudios, este encenagamiento universal se caracteriza no solamente por la ceguera y la imbecilidad sino por tomar el color de la venganza”.

Probablemente si Baudelaire hubiera podido viajar en el tiempo se habría quedado estupefacto con el movimiento lomográfico, pero lo cierto es que, a mediados del siglo 19, la crítica del francés estaba menos preocupada por la joven fotografía que por el realismo que dominaba todas las corrientes artísticas.

Afortunadamente para la menospreciada disciplina, el gremio de los pintores la recibió con menos escepticismo y figuras como Eugène Delacroix, Paul Gauguin o Edgar Degas abrazaron el invento... aunque sólo como anotación visual de los detalles que se escapaban al ojo humano.

Los otros... ¿ocho?
> Si la fotografía es el octavo arte, ¿cuáles son los demás?

> El concepto de Bellas Artes fue formulado por Charles Batteaux en el siglo 15 (1474) para distinguir la labor del artesano de la del artista.

> En un principio, Batteaux incluyó en la lista la danza, la escultura, la floricultura, la música, la pintura y la poesía.

> Actualmente, las artes clásicas, enumeradas por orden alfabético, son seis, arquitectura, danza, escultura, música, pintura y la poesía (literatura).

> El Séptimo Arte. En 1911 el teórico Ricciotto Canudo fue el primero en bautizar al cine de esa manera.

> ¿Y el noveno? Los aficionados capaces de apreciar la calidad de una buena viñeta claman que el puesto le corresponde a las historietas.

Territorio creativo

Con el nacimiento de nuevo siglo aparecen las vanguardias y el refrescante frenesí de la experimentación. De esta manera, mientras Henri Cartier Bresson (1908-2004) o Robert Capa (1913-1954) congelaban las imágenes documentales que les catapultarían a la fama, la fotografía creativa comenzó a ganar terreno.

Alvin Langdon Coburn (1882-1966) trató de aplicar el cubismo a la fotografía en lo que bautizó como vortografía y el dadaísta Christian Schad (1894-1982) exploró las posibilidades de las shadografías o fotogramas (que elaboraba proyectando luz hacia objetos colocados directamente sobre material fotosensible para jugar con las formas y los grados de opacidad). Este campo de experimentación fue trabajado también por el profesor de la Bauhaus Laszlo Moholy-Nagy (1895-1946) y por Man Ray (1890-1976), adalid de la fotografía surrealista, y especialista en la técnica de la solarización.

Paralelamente, en Alemania, John Heartfield (1891- 1968) realizaba audaces fotomontajes que criticaban el nazismo y, en Nueva York, Alfred Stieglitz (1864- 1946) libraba su propia batalla en pro del reconocimiento de la fotografía como expresión artística independiente.

En 1902 Stieglitz había formado Photo Secession, un conjunto de gente entre los que se encontraba un joven Edward Steichen que todavía no había realizado la foto más cara de la historia. Desde Camera Work, la revista del grupo, y las exhibiciones de la Galería 291, el movimiento ayudó a que la fotografía se sacudiera el título de hermana bastarda de las artes.

El espaldarazo final no llegó hasta los años 60, con artistas como Andy Warhol y series como la de Marilyn. Era la época gloriosa del pop-art, con su reivindicación de las formas y estéticas de la cultura de masas. La fotografía se había convertido en el ícono de lo moderno. Finalmente, se había ganado su propia reputación, un reconocimiento que se convierte en indudable después de que la Academia francesa haya certificado su pedigrí.

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