Semanario de Prensa Libre • No. 101 • 11 de Junio de 2006

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D cultura

Presto non troppo
Para "El fin de los tiempos"
Reflexiones en torno a un recital

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

Olivier Messiaen (1908-1992) es un compositor representativo de la música académica de la mitad del siglo 20. Destinatario de la tradición de Ravel, Debussy, Dupré y Dukas, por una parte. Legatario del dodecafonismo, que él transfigura de una forma muy personal, por la otra. Extenso, parsimonioso, poco tonal, de rítmica cambiante.

A fin de presentar en Guatemala su Cuarteto para el fin de los tiempos (compuesto y estrenado por el autor cuando se hallaba prisionero en un campo de concentración a principios de la Segunda Guerra Mundial), se unieron hace poco los hermanos Álvaro y Sergio Reyes (violín y clarinete, respectivamente), Igor Sarmientos (cello) y Hugo Arenas (piano). Una pieza que testimonia claramente la angustia ante la criminal irracionalidad de un conflicto armado, a la vez que busca refugio y alivio en el misticismo católico que siempre impregnó la música de Messiaen.

En sentido estricto, la obra no es un “cuarteto” en el que se integran cuatro instrumentos de manera equilibrada. Sería más exacto hablar de una secuencia en la que se emplean permutaciones de esos cuatro instrumentos -un trío de piano, violín y cello; o el clarinete solo; o un dueto de violín y piano, etc. De hecho, el autor llega a prescindir por completo del grupo en uno de los movimientos, que consiste en una largo solo, muy bien ejecutado en este caso por el clarinetista Sergio Reyes. Sólo por ratos tienen que tocar todos juntos. Aun entonces prevalece un discurso musical que no es el de un cuarteto: en el segmento principal ejecutan todos una misma línea melódica al mismo tiempo (ejercicio del cual todos salieron bien librados, por cierto).

Aunque a estos músicos no se les percibe un sentido de ensamble, es evidente la cuidadosa preparación que han puesto en la interpretación. También era relevante la explicación teórica que el maestro Sarmientos ofreció previo a la ejecución de la obra, si bien resultó demasiado prolongada y reiterativa. Me pregunto si hubiera convenido advertir al público de la intención didáctica del concierto, asaz arriesgada si se toma en cuenta las características de la obra en cuestión. La obra salió bien y el auditorio estaba bastante lleno, pero fue apenas un puñado de estudiantes de música el que acudió. ¿Y los demás? ¿Y los “profesionales”? ¿Y los músicos “entendidos”?

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