Montaña coronada
En Mixco (o Jilotepeque) Viejo,
Pedro de Alvarado libró una
batalla incierta...
Por
Sébastien Perrot-Minnot
“ Estas montañas nunca están tranquilas”. Así hablaba
el pobre Peachy del mítico Kafiristán, en la famosa novela de Rudyard
Kipling, El hombre que quiso ser rey (1888). Y así se hubiera expresado
cualquier visitante al recorrer las Tierras Altas mayas entre los siglos 13 y
16. El tumultuoso período conocido como el Postclásico Tardío
(1200-1524 d. C.) se caracteriza por incesantes luchas entre los señoríos
mayas, por razones económicas y políticas. Las ruinas reflejan
esta inestabilidad : muchas ciudades están en las cumbres para repeler
mejor a los invasores, los edificios tienen a menudo un carácter defensivo,
y las pinturas murales muestran temas épicos. Culturalmente, se nota una
fuerte influencia del México Central. El resplandor cultural de las Tierras
Altas mayas en el Postclásico Tardío se puede apreciar en sitios
como Zaculueu (Huehuetenango), Q'umarcaaj (Quiché), Chuitinamit (Sololá),
Iximché y Mixco Viejo (Chimaltenango).

Los grupos arquitectónicos del sitio
de Mixco Viejo cubren un macizo montañoso. |
El capitán Pedro de Alvarado,
que entró al actual
territorio guatemalteco en 1524, aprovechó las luchas que
oponían a los mayas para extender su dominio. Sin embargo,
en Mixco Viejo, el cruel conquistador se enfrentó con
una dura y heroica resistencia.
Los españoles, apoyados por cientos de indígenas mexicanos de
las fuerzas auxiliares, llegaron al sitio a finales del año 1525. Los
edificios principales coronan las cumbres de un macizo montañoso que
se yergue en la Sierra de Chuacús. El macizo culmina a 880 metros sobre
el nivel del mar, y está rodeado por hondos barrancos, en donde corre
el riachuelo Pancaco. Desde las alturas, y con el refuerzo de sus aliados pokomames
de Chinautla, los guerreros de Mixco Viejo resistieron más de un mes
a los españoles, quienes sufrieron grandes pérdidas. Pero la
leyenda cuenta que Alvarado halló un pasaje subterráneo que le
permitió entrar a la “fortaleza”, y vencer a sus habitantes.
Luego, los españoles incendiaron la ciudad, para que no se volviera
a usar como lugar de resistencia. Según el cronista Francisco Antonio de Fuentes y Guzmán, quien
relató estos acontecimientos en 1690, la ciudad estaba poblada por 8
mil a 9 mil habitantes, una cifra elevada que incluía probablemente
los valles adyacentes. La arqueóloga francesa Marie-France Fauvet-Berthelot
estima que la población intramuros de Mixco Viejo debía ser de
1 mil 450 a 1 mil 600 habitantes. Tras la ofensiva de Alvarado, los sobrevivientes
fueron deportados al lugar llamado hoy San Luis Jilotepeque, y no a Mixco como
se suponía antes.
La identidad de los mayas de Mixco (o Jilotepeque) Viejo ha sido
objeto de controversias. Se pensaba que era una sitio pokomam
; no obstante, las investigaciones del antropólogo Robert Carmack, en los años 1970 y 1980, demostraron
que el lugar era de los kaqchikeles Chajoma cuando llegaron los españoles.
En el Postclásico Tardío, los kaqchikeles y pokomames eran
generalmente aliados, y es posible que lucharan juntos contra los pipiles
de la Costa Sur, antes de unirse contra Alvarado.
Después de permanecer siglos en el olvido, Mixco Viejo fue redescubierto
en 1896 por el explorador alemán Karl Sapper. El arqueólogo estadounidense
Augustus Ledyard Smith examinó a su vez las ruinas, en 1949. Luego,
entre 1954 y 1967, el arqueólogo Henri Lehmann, del Museo del Hombre
de París, dirigió los trabajos (reconocimientos, excavaciones,
mapeos…) de la Misión Arqueológica Franco-Guatemalteca
en Mixco Viejo. Como contraparte de la misión, el Gobierno de Guatemala
llevó a cabo trabajos de restauración, en los años 1960
y 1970, a cargo del arquitecto Francisco Ferrús Roig. Además
de darnos una idea de la grandeza pasada de la “fortaleza”, la
restauración nos permite percibir tres etapas en la construcción.
En los años 1980 y 1990, un grupo de investigadores franceses, dirigido
por Alain Ichon y Marie-France Fauvet-Berthelot, estudió las tumbas
y los restos humanos.
En Mixco Viejo, el entorno natural
y arquitectónico asombra al visitante.
En superficies niveladas artificialmente se reconocen más de 120 edificios,
distribuidos en grupos y generalmente alrededor de plazas: pirámides,
palacios, casas, salas de reuniones, estructuras de observación, altares
y dos canchas de juego de pelota. En las construcciones, se distinguen pequeños
desagües que son otras evidencias del ingenio de los antiguos habitantes
del lugar. La calidad de la albañilería que podemos observar
hoy no debe hacernos olvidar que la mayoría de las estructuras estaban
cubiertas con una capa de estucado pintado.
Al pie de los principales edificios
fueron encontradas urnas funerarias y ofrendas. En una tumba asociada a
la Pirámide “C-1”,
el equipo de Lehmann descubrió hachas de cobre y un collar
con pequeñas campanas de oro. En el altiplano maya, la metalurgia
apareció en el siglo XI o XII, como consecuencia de influencias
del sur de América Central. Fuera del centro monumental
de Mixco Viejo, también se encontraron otras tumbas más
simples que conforman cementerios.
Las esculturas son escasas en el sitio. Al realizar excavaciones
en el Juego de Pelota “B-1”, la misión franco-guatemalteca halló un
monumento representando una cabeza humana saliendo de la boca de una serpiente.
Esta pieza era un “marcador”, puesto en el eje transversal de la
cancha; debía existir otro monumento idéntico, enfrente. Los
marcadores nos recuerdan que el juego de pelota era un deporte ritual, tal
como los juegos olímpicos de la Grecia antigua. Entre las demás
esculturas reportadas en Mixco Viejo, cabe mencionar curiosas “pelotas
de piedra”, así como una estela lisa.
Después de su gloria prehispánica y su “heroísmo
guerrero” (como lo expresa adecuadamente el sociólogo Guillermo
Paz Cárcamo), y tras siglos de olvido, Mixco Viejo se ha vuelto un apacible
parque que nos transmite un mensaje de grandeza, belleza y responsabilidad.
El año pasado, bajo el impulso del Ministerio de Cultura y Deportes,
500 escolares de las aldeas vecinas reforestaron el sitio, para volver a darle
los colores de la vida…
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