Decir sin palabras
Los mimos, sin decir una palabra, pueden crear cualquier escenario
y objeto en la mente de los espectadores.
Por Francisco
Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián
Muy de vez en cuando se observa en algunos lugares
a unos personajes vestidos de negro con guantes blancos y el maquillaje
de la cara del mismo color. Hace un tiempo se hicieron muy populares
cuando en las calles, por medio de un lenguaje gestual, trataban
de sensibilizar a los pilotos para que respetaran las señales
de tránsito.
Desde ese tiempo pocos capitalinos han vuelto a ver a un mimo.
Sin embargo, algunos “quijotes” de este arte, lo siguen
practicando a través de presentaciones particulares en empresas
privadas y, ocasionalmente, en el teatro. "Es el arte por
medio del cual se crean escenarios partiendo de la nada",
dice Esvin López, uno de los mimos de la obra de teatro
Mira…Vamos a jugar.
Cuando se habla de estas presentaciones y se tiene algún
conocimiento de esta técnica no es difícil recordar
que en uno de los antecedentes más espectaculares se remonta
a la década de 1960. Aunque no se tiene registrado el año
exacto, muchos recuerdan que vino al país el más
famoso de los mimos: el francés Marcel Marceau, quien se
presentó, por primera vez, en el teatro Variedades. Lo cual
hizo nuevamente en el año 2000 en el Teatro Nacional. Para algunos de estos artistas, este arte es poco valorado, ya
que, incluso, llegan a considerarlo como un oficio de personas
que no tienen formación
académica. “La gente se burlan y no aprecian nuestro talento. Dicen
que es cosa de vagos, y nos confunden con los payasos de los semáforos
y las camionetas”, se lamenta Sofía Martínez, quien también
es parte del elenco de Mira…vamos a jugar. Pocos saben que estos personajes prestan sus servicios profesionales
a empresas nacionales e internacionales cuando realizan eventos
en hoteles y centros comerciales. No es raro que durante un evento
sean los encargados de darles la bienvenida, a su manera, a todos
los participantes de una reunión empresarial. También
son muy solicitados en los centros comerciales para promocionar algunos productos. “Una
empresa de productos lácteos, por ejemplo, nos contrató para que
demostráramos al público, la dinámica de cómo se
ordeña una vaca”, explica López, quien también se
lamenta de que algunas personas se pasen de graciosas. “Una vez me tiraron
agua”, dice. Me dejó el bus
Una de las virtudes de los mimos es que sin decir una sola palabra
y solo con los gestos de sus manos y su rostro pueden crear cualquier
escenario y objeto en la mente de los espectadores. En pocos segundos
pueden recrear en la mente de las personas una caja, un lápiz o hacer creer que va manejando un autobús.
También puede viajar al espacio o ser un niño de colegio. Esto último, es lo que Fernando Mencos plantea en Mira…vamos a
jugar. Esta obra infantil es un reflejo de la vida cotidiana en el colegio y
por eso todos los que la ven se sienten identificados. “¡Qué niño
no ha corrido para que no lo deje el autobús! O ¿qué madre
no ha vestido a su hijo casi dormido para ir al colegio?”, pregunta Mencos. En esta presentación, en el escenario Solo Teatro de la avenida de Las
Américas, todos se identifican, pues recuerdan anécdotas de la época
escolar. Es un divertido viaje a través de situaciones cotidianas del
niño, de su entorno y actividades.
Las escenas son cortas y se utilizan técnicas de mimo, pantomima, acrobacia,
expresión corporal, teatro negro y de sombras. Así también
hay música de efectos sonoros realizados por los mismos actores. La obra
es un mundo maravilloso para el desarrollo y estimulación temprana, en
donde el significado depende de la imaginación de cada niño y niña. |