Semanario de Prensa Libre • No. 89 • 19 de Marzo de 2006    


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D ciencia

Las células del milagro
Están en el cordón umbilical y son las células madre. Su capacidad regenerativa está revolucionando el mundo de la medicina.

Por Gemma Gil Flores

“El rector de la Universidad de California se quedó ciego y con inyecciones de células madre ha recuperado la visión. Esto es revolucionario”, afirma María Luisa Martínez*, madre de una joven de 26 años con lesiones cerebrales que han afectado su visión, su oído y su movimiento corporal.

“La ciencia ha avanzado mucho y Dios nos está brindando la oportunidad para que ella tenga una vida lo más normal posible”, afirma Martínez con convencimiento. Tanto que este mes está dispuesta a trasladarse a México para que el doctor Fernando Ramírez someta a su hija a un tratamiento con este tipo de células presentes en el cordón umbilical.

Encargadas de generar los glóbulos blancos (responsables del sistema inmunológico), los glóbulos rojos (encargados de oxigenar el cuerpo) y las plaquetas (necesarias para la coagulación y cicatrización), las células madre parecen ser, por su gran capacidad regenerativa, una posible solución a enfermedades como el cáncer, la diabetes, la esclerosis múltiple, el Parkinson o el Alzheimer.

Aunque no faltan especialistas que ponen en duda sus posibilidades terapéuticas, la ciencia ha presenciado casos tan sonados como el de Charlie Whitaker, un niño inglés de 6 años que, a finales de 2004, consiguió curarse de una anemia que le impedía producir glóbulos rojos y que limitaba su esperanza de vida a un máximo de 30 años.

Para conseguir un donante, sus padres decidieron tener otro hijo a partir de un embrión diseñado genéticamente para que fuera compatible con Charlie.

La historia despertó un acalorado debate sobre si era ético tener un niño, sólo para salvar a otro. No obstante, al margen de esa discusión, la realidad demostró que las células madre resultaron ser un tratamiento efectivo.

Autotrasplante

Reparos éticos como el despertado por el caso Whitaker se esfumarían si a la hora de enfrentar una enfermedad el donante no fuera otra persona, sino uno mismo, y eso es, precisamente, lo que están ofreciendo los bancos de células madre privados.

Mientras que en un banco público las donaciones se hacen para que pacientes anónimos, como la hija de María Luisa Martínez, accedan al tratamiento, las empresas privadas ofrecen la posibilidad de que se preserve la sangre del cordón umbilical de un bebé por si la necesitara en un futuro.

“Estas terapias no son ciencia ficción. Tenemos un seguro biológico que viene con nosotros al nacer”, señala Heidy Juárez, gerente de mercadeo de Cryo-cell Guatemala, una compañía internacional que llegó hace un año al país.

Esta empresa proporciona a los padres un paquete con las jeringuillas y las bolsas para almacenar la sangre que debe ser extraída del cordón inmediatamente después del parto.

“Aquí no tenemos la tecnología necesaria, así que tenemos 72 horas para hacer llegar la sangre a Tampa (Estados Unidos), allí aislan las células madre para congelarlas a 195 grados bajo cero y las muestras se conservan en tanques de nitrógeno líquido hasta que el paciente lo requiera”, explica Juárez quien está convencida de que, gracias a los avances experimentados en el campo de la genética lo que su compañía ofrece es “conservar milagros para el futuro”.

Aunque la Academia Americana de Pedriatría ha planteado sus dudas acerca de la eficacia de guardar las células para un autotrasplante —hasta la fecha las donaciones han sido a terceros y se albergan dudas sobre cuánto tiempo se pueden conservar las células—, no se puede negar que un banco privado ofrece la ventaja de que las células criogenizadas sean utilizadas por alguien de la familia del donante, lo cual disminuye espectacularmente las posibilidades de rechazo en operaciones como el trasplante de médula.

Así que al margen del escepticismo, hay gente que confía en las posibilidades que depara el día de mañana. “Tengo otra hija de 3 años y no lo hice con ella porque entonces no lo conocía”, explica Denise de Bouscayrd, una de las 300 clientes que Cryo-cell tiene en Guatemala y madre de un bebé de cuatro meses cuyas células están congeladas. “Lo que me llamó la atención es que esto te permite tratar hasta 20 enfermedades”, agrega.

Los peros
Las posibilidades terapéuticas con células madre también tienen un talón de Aquiles.

- Si una persona padece de una enfermedad congénita, “el defecto” estará grabado en sus propias células por lo que las hará inservibles para un tratamiento.

- Para que un tratamiento sea efectivo se necesita un número mínimo de células y no en todos los cordones umbilicales pueden encontrarse suficientes.

- Algunos especialistas se cuestionan si es posible conservar el tejido a muy largo plazo y, en este caso, si pasado ese tiempo el material aún podrá ser utilizado.

- El futuro es prometedor, pero la esperanza de poder regenerar órganos o tejidos todavía está en fase experimental.

El problema es que no todos los bolsillos pueden contratar este “seguro de vida”. Cryo-cell ofrece planes de conservación para 21 años por 3 mil 245 dólares pagables en cuotas. Si es poco o mucho para algo que quizá pueda sanar a otra persona queda al libre juicio de cada uno. Entretanto, las esperanzas para la mayoría descansan en el avance de las investigaciones científicas y el desarrollo de bancos públicos donde el tratamiento esté al alcance de todos.

* Nombre ficticio a petición de la entrevistada

 

El caso de Adam Susser

A sus cinco años, el estadounidense Adam Susser está protagonizando el debate sobre los tratamientos con células madre.

Mientras que su hermano gemelo es un niño perfectamente sano, a Adam la falta de oxígeno durante el parto le ocasionó una severa parálisis cerebral, que le dejó ciego y cuadrapléjico.

Sin embargo, hace un año, sus padres decidieron ponerse en manos del doctor Fernando Ramírez, en México. Desde que se inicio el tratamiento, a base de inyecciones con células madre del cordón umbilical, los Susser afirman que la mejoría de su hijo ha sido notable.

El niño ha recuperado parcialmente la visión, es capaz de desplazarse con la ayuda de un andador y, algunas veces, habla.

Pese a que los padres son conscientes de que estas mejorías también están relacionadas con las terapias que recibe el niño, continúan teniendo fe en un tratamiento que está prohibido en Estados Unidos y que les obliga a desplazarse al país vecino.

Mientras algunos terapeutas afirman que no existen estudios que demuestren la efectividad de unas inyecciones que bien podrían ser una estafa —los Susser están pagando seis mil dólares por cada una—, el doctor Ramírez defiende que este escepticismo se debe a que sus colegas no han presenciado los increíbles resultados que ha conseguido.

Por su parte, Judy Susser lanza una pregunta que es al mismo tiempo una respuesta: “¿Usted qué haría? Si no lo hago, me siento culpable. Algo le ayuda después del tratamiento. Así que si está mejorando, ¿por qué dejar de hacerlo?”

 
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