Enardecidos
Les prendieron fuego a la vista de hombres,
mujeres y niños.
Por Victoriano Rodas *
Cuando escuché la noticia en el trabajo me
sorprendí. Un compañero recibió una llamada
de su esposa y luego me avisó que habían quemado
a dos personas en Sumpango, Sacatepéquez, el pueblo donde
yo vivo.
Miércoles 19 de abril, 11:45 horas aproximadamente. A una señora
del poblado le intentan robar a su niño. Los gritos de auxilio alarmaron
a la población quienes capturaron a un hombre y una mujer. Dos mas se
dieron a la fuga en un automóvil. Los entregaron a las autoridades. Tan
sólo dos semanas antes habían desaparecido otros dos niños,
y ante esto circularon volantes, en donde se pedía a la gente portar un
gorgorito y cuando intentaran robarle su hijo a alguien que pitara por ayuda.
Los pobladores se empezaron a amontonar para ver a los presuntos
plagiarios, frente al juzgado de paz de la localidad a la espera
de una respuesta, pero, según una vecina, los iban a dejar libres. Fue cuando varios pobladores
enardecidos agarraron a los detenidos y los sacaron sin ningún respeto
a la autoridad. Los arrastraron por las gradas del juzgado hasta llegar frente
a la municipalidad, donde les propinaron una tremenda golpiza con cabos de azadón,
machetes, palos, varas. Los dejaron moribundos e inconscientes, no obstante,
les rociaron gasolina y les prendieron fuego a la vista de hombres, mujeres y
niños.
Luego de de esta acción tan
atroz , varios policías acordonaron
la municipalidad; los repiques de la campana de la iglesia hacían un llamado
general. Después se supo que habían capturado a una tercera persona.
Al enterarse de esto, los furiosos e incontrolados pobladores se lanzaron a la
búsqueda del capturado que, por seguridad, había sido ya trasladado
a la subestación de Antigua Guatemala. Inconformes con la medida, la turba
fue a la casa del alcalde Santos Cubur a exigirle que se los entregara para
hacer justicia por propia mano. Ante la negativa del jefe edil,
empezaron a causar disturbios frente a la municipalidad y la casa
del alcalde. Fue cuando llegaron refuerzos de la policía,
disparando gases lacrimógenos para dispersar
a la multitud. Varios huyeron por las calles de la población, mientras
que algunos respondían con piedras. La comunidad entera estaba al pendiente
de lo que estaba ocurriendo y aún cuando la paz haya vuelto a Sumpango,
pasados algunos días, la noticia ya ha dado la vuelta a todo el país
e incluso el mundo.
Al llegar al pueblo a eso de las 9:45 de la noche, veo que los
policías
están por retirarse. Esa noche no se quedó nadie en la subestación.
El aire seguía tenso. Subo al techo de mi casa y sólo escucho los
gritos de los revoltosos que ya están empezando a quemar las pertenencias
del alcalde. Muchos otros vecinos, en los techos, son espectadores pasivos también.
Pensé que no parecía el Sumpango donde crecí. Aquí nunca
había ocurrido algo parecido. *Colaborador. Emplea un seudónimo
para protegerse de cualquier represalia. |