Semanario de Prensa Libre • No. 96 • 7 de Mayo de 2006    


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Claroscuro

Enardecidos
Les prendieron fuego a la vista de hombres, mujeres y niños.

Por Victoriano Rodas *

Cuando escuché la noticia en el trabajo me sorprendí. Un compañero recibió una llamada de su esposa y luego me avisó que habían quemado a dos personas en Sumpango, Sacatepéquez, el pueblo donde yo vivo.

Miércoles 19 de abril, 11:45 horas aproximadamente. A una señora del poblado le intentan robar a su niño. Los gritos de auxilio alarmaron a la población quienes capturaron a un hombre y una mujer. Dos mas se dieron a la fuga en un automóvil. Los entregaron a las autoridades. Tan sólo dos semanas antes habían desaparecido otros dos niños, y ante esto circularon volantes, en donde se pedía a la gente portar un gorgorito y cuando intentaran robarle su hijo a alguien que pitara por ayuda.

Los pobladores se empezaron a amontonar para ver a los presuntos plagiarios, frente al juzgado de paz de la localidad a la espera de una respuesta, pero, según una vecina, los iban a dejar libres. Fue cuando varios pobladores enardecidos agarraron a los detenidos y los sacaron sin ningún respeto a la autoridad. Los arrastraron por las gradas del juzgado hasta llegar frente a la municipalidad, donde les propinaron una tremenda golpiza con cabos de azadón, machetes, palos, varas. Los dejaron moribundos e inconscientes, no obstante, les rociaron gasolina y les prendieron fuego a la vista de hombres, mujeres y niños.

Luego de de esta acción tan atroz , varios policías acordonaron la municipalidad; los repiques de la campana de la iglesia hacían un llamado general. Después se supo que habían capturado a una tercera persona. Al enterarse de esto, los furiosos e incontrolados pobladores se lanzaron a la búsqueda del capturado que, por seguridad, había sido ya trasladado a la subestación de Antigua Guatemala. Inconformes con la medida, la turba fue a la casa del alcalde Santos Cubur a exigirle que se los entregara para hacer justicia por propia mano. Ante la negativa del jefe edil, empezaron a causar disturbios frente a la municipalidad y la casa del alcalde. Fue cuando llegaron refuerzos de la policía, disparando gases lacrimógenos para dispersar a la multitud. Varios huyeron por las calles de la población, mientras que algunos respondían con piedras. La comunidad entera estaba al pendiente de lo que estaba ocurriendo y aún cuando la paz haya vuelto a Sumpango, pasados algunos días, la noticia ya ha dado la vuelta a todo el país e incluso el mundo.

Al llegar al pueblo a eso de las 9:45 de la noche, veo que los policías están por retirarse. Esa noche no se quedó nadie en la subestación. El aire seguía tenso. Subo al techo de mi casa y sólo escucho los gritos de los revoltosos que ya están empezando a quemar las pertenencias del alcalde. Muchos otros vecinos, en los techos, son espectadores pasivos también. Pensé que no parecía el Sumpango donde crecí. Aquí nunca había ocurrido algo parecido.

*Colaborador. Emplea un seudónimo para protegerse de cualquier represalia.

 
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