Presto non troppo
A falta de otra cosa
En el parque, aunque sea
Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com
Ahí están, como hipnotizados por el estridente sonsonete de la
cantante chillona, las guitarras desafinadas, el evangelista apocalíptico,
los altoparlantes distorsionados...
Me intercalo entre la muchedumbre y hago la pregunta obvia: “¿qué hay?” Uno
de los presentes responde: “están predicando”. Observo durante
un rato, no sólo a los músicos, sino al público agolpado
a su alrededor. Cambio de sitio y le pregunto a otra persona por qué está allí.
Me mira de soslayo y encoge los hombros. Una señora, con un pequeño
en brazos y otro que la toma de la falda, tiene los ojos puestos en la cantante;
ni la impaciencia de sus hijos la distrae de aquello. Los demás, con la
mirada fija y casi sin chistar palabra, también contemplan el evento.
Y, bueno, ¿a dónde van a ir? En el pueblo no hay otra cosa qué ver
y escuchar. En ése y en otros poblados, e incluso en diversos puntos de
la ciudad capital. Hasta en la plaza principal -la que hoy llamamos el parque
central- andan tales agrupaciones musicales, sus integrantes absortos y ensimismados,
alguno de ellos casi en trance. A falta de alternativa, la gente se distrae con
campañas de propaganda religiosa en los parques. Aunque nadie lo admita.
Aunque se diga que los atrae una fuerza sobrenatural, una necesidad espiritual,
una búsqueda de paz.
De esta situación deviene una reacción en cadena: al no existir
una gran inversión en artes escénicas, son pocos los artistas que
se aventuran a programar espectáculos imaginativos; al no existir gran
oferta de espectáculos imaginativos, tienen que conformarse las plazas
públicas con lo que allí se instale; al degradarse de tal manera
la función de estos espacios, es cualquiera el que se aprovecha para presentar
cualquier cosa; al presentarse cualquier cosa... ¿qué le queda
al espectador?
Evidentemente, sería absurdo
plantear una reprensión o una regulación
moralista para corregir semejante situación; lejos de incidir positivamente
y generar cambios, la censura sólo produciría rechazo y descontento.
Lo que es imprescindible, clara e incontrovertiblemente, es que el espectador
cuente con muchas opciones culturales y artísticas. Que sean accesibles
y de calidad. Que haya la posibilidad de acudir a representaciones de todo tipo.
Que el espectador tenga de dónde escoger y decidir a qué va y a
qué no va.
|