Semanario de Prensa Libre • No. 96 • 7 de Mayo de 2006    


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D cultura

Presto non troppo
A falta de otra cosa
En el parque, aunque sea

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

Ahí están, como hipnotizados por el estridente sonsonete de la cantante chillona, las guitarras desafinadas, el evangelista apocalíptico, los altoparlantes distorsionados...

Me intercalo entre la muchedumbre y hago la pregunta obvia: “¿qué hay?” Uno de los presentes responde: “están predicando”. Observo durante un rato, no sólo a los músicos, sino al público agolpado a su alrededor. Cambio de sitio y le pregunto a otra persona por qué está allí. Me mira de soslayo y encoge los hombros. Una señora, con un pequeño en brazos y otro que la toma de la falda, tiene los ojos puestos en la cantante; ni la impaciencia de sus hijos la distrae de aquello. Los demás, con la mirada fija y casi sin chistar palabra, también contemplan el evento.

Y, bueno, ¿a dónde van a ir? En el pueblo no hay otra cosa qué ver y escuchar. En ése y en otros poblados, e incluso en diversos puntos de la ciudad capital. Hasta en la plaza principal -la que hoy llamamos el parque central- andan tales agrupaciones musicales, sus integrantes absortos y ensimismados, alguno de ellos casi en trance. A falta de alternativa, la gente se distrae con campañas de propaganda religiosa en los parques. Aunque nadie lo admita. Aunque se diga que los atrae una fuerza sobrenatural, una necesidad espiritual, una búsqueda de paz.

De esta situación deviene una reacción en cadena: al no existir una gran inversión en artes escénicas, son pocos los artistas que se aventuran a programar espectáculos imaginativos; al no existir gran oferta de espectáculos imaginativos, tienen que conformarse las plazas públicas con lo que allí se instale; al degradarse de tal manera la función de estos espacios, es cualquiera el que se aprovecha para presentar cualquier cosa; al presentarse cualquier cosa... ¿qué le queda al espectador?

Evidentemente, sería absurdo plantear una reprensión o una regulación moralista para corregir semejante situación; lejos de incidir positivamente y generar cambios, la censura sólo produciría rechazo y descontento. Lo que es imprescindible, clara e incontrovertiblemente, es que el espectador cuente con muchas opciones culturales y artísticas. Que sean accesibles y de calidad. Que haya la posibilidad de acudir a representaciones de todo tipo. Que el espectador tenga de dónde escoger y decidir a qué va y a qué no va.

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