Semanario de Prensa Libre • No. 96 • 7 de Mayo de 2006    


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D farándula

Capricho$ inmobiliarios
Algunas estrellas muestran su lado excéntrico cuando buscan una nueva propiedad para vivir.

Por The New York Times

Al buscar una nueva casa, los famosos pueden darse el lujo de particularidades que no serían bien recibidas por otro comprador común y corriente. Michele Kleier, presidenta de la firma de corredores de bienes raíces de Gumley Haft Kleier, de Manhattan, cuenta que tuvo un actor muy conocido quien, siempre que le gustaba un apartamento, les pedía a los vendedores que se marcharan, para ordenar la cena o el almuerzo a ese domicilio, a lo cual los propietarios cumplían gustosos.

También recuerda que John Travolta se quitaba los zapatos para recostarse en la cama principal para saber cuál sería el panorama si despertara allí un día cualquiera.

La mansión de Britney Spears.

Dolly Lenz, de Prudential Douglas Elliman, en Nueva York, una vez aconsejó a Mariah Carey que llegara a una entrevista, con el consejo de cooperativas de constructores en Manhattan, vestida como para un funeral. Pero ella se presentó con un top y una minifalda. La cantante dijo que así vestía para un funeral y el contrato no le fue dado.

Aunque pueden ser capaces de pasar inadvertidos en calles atestadas, los famosos poseen una habilidad similar a la kriptonita para transformar una aparición en un espectáculo. Hubo, por ejemplo, una propietaria de unos 30 años que se desmayó tras abrir la puerta y encontrarse frente al actor Robert Redford.

Madonna desea, para ver un apartamento, que estos se encuentren en un entorno cerrado, libres de sus propietarios, empleados y niños. Sin esas condiciones cumplidas, la estrella no pone un pie en el interior.

Vale la pena hacer notar que muchos corredores de bienes raíces describieron a sus clientes famosos como astutos en los negocios, pero a menudo impuntuales. Entre las estrellas hay quienes son humildes a la hora de buscar vivienda, como Luke Wilson, que compró un apartamento sin elevador en un segundo piso en East Village.
Woody Allen disfrutó ofreciendo recorridos personales de su casa de la ciudad en la Calle 92 Este, que se vendió finalmente por US$24.5 millones.

Un aspecto positivo de trabajar con famosos es la rapidez con que muchos cambian de propiedades. “Mueven costas, esposas, maridos, dentro y fuera de todo”, señala Lenz.

Cuando se trata de vender la propiedad de una celebridad, los corredores y sus clientes sopesan los beneficios financieros de publicitar el origen de la propiedad contra la pérdida de privacidad y la inevitable corriente de curiosos mirones.

“En términos generales, no creo que la compensación sea suficiente”, señaló Patricia Warburg Cliff, una vicepresidenta del Grupo Corcoran, en Manhattan. Como otros corredores de bienes raíces, velan porque la ex residencia de una celebridad quede libre de fotos, premios de la Academia o pertenencias.

“Las celebridades adoptan un modo en el que ganan mucho dinero y simplemente no tienen ningún concepto de apego a los objetos. Si ganan US$10 millones por una película, US$5 millones son destinados a impuestos, US$2 millones a agentes y otras personas; el resto es para ellos”, subrayó Joseph A. Babajian, presidente de la división de bienes raíces de Prudential California Realty. Terminan con US$3 millones y un estilo de vida de US$200 mil mensuales, y creen que pueden costear una segunda o tercera casa por US$5 millones.

Gustos y disgustos

Peculiaridades
El agitado mundo de los romances entre famosos genera un fértil mercado de reventa.

- Shapiro y Jade Mills, directoras de Coldwell Banker Previews Estates, en Beverly Hills, se encarga de la venta del nido de amor abandonado más famoso en el mercado en este momento: la mansión de 930 metros cuadrados en Beverly Hills, renovada por Brad Pitt y Jennifer Aniston en el momento cumbre de su poder adquisitivo y de su amor (la propiedad, que recientemente redujo su valor de US$28 a US$24.85 millones, incluye piscina, sauna, sala de proyección, estudio artístico, cancha de tenis y armario de dos pisos).

- La cantante Cher compra varias propiedades en un mismo lugar antes de vivir en una de ellas.

- Un vendedor se sentía tan enamorado de Barbara Streisand, que le cantó para decirle que podía quedarse con el apartamento.

Los famosos buscan básicamente algo que provoque una respuesta de sorpresa entre las personas comunes y sea un poco útil para conseguir la privacidad, la última tendencia son los edificios diseñados por arquitectos famosos.

En Los Ángeles, las estrellas buscan casas detrás de caminos cerrados, entre vecinos no especialmente impresionados por la proximidad de la fama. En Hamptons, la ubicación ideal suele ser una propiedad en la playa oculta detrás de una duna, mientras que en Malibú, California, con sus playas más fácilmente accesibles, algunos famosos compran “fuera de la playa, donde tengan un par de acres y puedan ostentar su propio complejo”, precisó Chris Cortazzo, agente de Coldwell Banker, en Malibú.

En Manhattan, es probable que un domicilio discreto se encuentre dentro de una torre de condominios con dos salidas a la calle y un parqueo subterráneo. Por ejemplo, en el complejo Time Warner Center, con muchas celebridades, cerca de Central Park, el personal habla de un pasaje que une a un elevador en el estacionamiento como “el corredor Ricky Martin”, en honor del cantante, quien suele ser asediado por sus fanáticas cuando está en la residencia. En Los Ángeles, las llamadas Calles de las Aves, con nombres como Golondrina y Ruiseñor, han surgido como una de las áreas más candentes de los últimos años, que atraen a los famosos de Hollywood, incluyendo a Keanu Reeves, Tobey Maguire, Cameron Díaz y Leonardo DiCaprio.

Miami Beach es otro bolsón de celebridades, particularmente a lo largo del exclusivo Camino de la Bahía Norte, con su ubicación en el lado de Bahía Biscayne. El cantante Lenny Kravitz hizo una oferta por una propiedad de US$40 millones en dicho lugar, luego de varios recorridos por la torre de observación de nueve pisos de la propiedad.

Con esos precios, las inusuales demandas de un cliente célebre no parecen molestar a los agentes, quienes gustan de los altos contactos. “La mayoría de ellos son famosos por una razón”, subrayó Kleier. “Tienen carisma, generalmente es muy divertido estar con ellos, tienen personalidad, son encantadores y les perdonas cualquier cosa”.

 
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