Capricho$ inmobiliarios
Algunas estrellas muestran su lado excéntrico
cuando buscan una nueva propiedad para vivir.
Por The New York Times
Al buscar una nueva casa, los famosos pueden darse el lujo de particularidades
que no serían bien recibidas por otro comprador común y corriente.
Michele Kleier, presidenta de la firma de corredores de bienes raíces
de Gumley Haft Kleier, de Manhattan, cuenta que tuvo un actor muy conocido
quien, siempre que le gustaba un apartamento, les pedía a los vendedores
que se marcharan, para ordenar la cena o el almuerzo a ese domicilio, a lo
cual los propietarios cumplían gustosos. También recuerda que John Travolta se quitaba los zapatos para recostarse
en la cama principal para saber cuál sería el panorama si despertara
allí un día cualquiera.

La mansión de Britney Spears. |
Dolly Lenz, de Prudential Douglas Elliman, en Nueva York, una vez aconsejó a
Mariah Carey que llegara a una entrevista, con el consejo de cooperativas de
constructores en Manhattan, vestida como para un funeral. Pero ella se presentó con
un top y una minifalda. La cantante dijo que así vestía para un
funeral y el contrato no le fue dado.
Aunque pueden ser capaces de pasar inadvertidos en calles atestadas,
los famosos poseen una habilidad similar a la kriptonita para
transformar una aparición
en un espectáculo. Hubo, por ejemplo, una propietaria de unos 30 años
que se desmayó tras abrir la puerta y encontrarse frente al actor Robert
Redford.
Madonna desea, para ver un apartamento, que estos se encuentren
en un entorno cerrado, libres de sus propietarios, empleados
y niños. Sin esas condiciones
cumplidas, la estrella no pone un pie en el interior.
Vale la pena hacer notar que muchos corredores de bienes raíces describieron
a sus clientes famosos como astutos en los negocios, pero a menudo impuntuales.
Entre las estrellas hay quienes son humildes a la hora de buscar vivienda, como
Luke Wilson, que compró un apartamento sin elevador en un segundo piso
en East Village.
Woody Allen disfrutó ofreciendo recorridos personales de su casa de la
ciudad en la Calle 92 Este, que se vendió finalmente por US$24.5 millones.
Un aspecto positivo de trabajar con famosos es la rapidez con que
muchos cambian de propiedades. “Mueven costas, esposas, maridos, dentro y fuera de todo”,
señala Lenz.
Cuando se trata de vender la propiedad de una celebridad, los corredores
y sus clientes sopesan los beneficios financieros de publicitar
el origen de la propiedad contra la pérdida de privacidad y la inevitable corriente de curiosos
mirones.
“En términos generales, no creo que la compensación sea suficiente”,
señaló Patricia Warburg Cliff, una vicepresidenta del Grupo Corcoran,
en Manhattan. Como otros corredores de bienes raíces, velan porque la
ex residencia de una celebridad quede libre de fotos, premios de la Academia
o pertenencias. “Las celebridades adoptan un modo en el que ganan mucho dinero y simplemente
no tienen ningún concepto de apego a los objetos. Si ganan US$10 millones
por una película, US$5 millones son destinados a impuestos, US$2 millones
a agentes y otras personas; el resto es para ellos”, subrayó Joseph
A. Babajian, presidente de la división de bienes raíces de Prudential
California Realty. Terminan con US$3 millones y un estilo de vida de US$200 mil
mensuales, y creen que pueden costear una segunda o tercera casa por US$5 millones.
Gustos y disgustos
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Peculiaridades
El agitado mundo de los romances entre famosos
genera un fértil mercado de reventa.
- Shapiro y Jade Mills, directoras de Coldwell
Banker Previews Estates, en Beverly Hills, se encarga de la venta
del nido de amor abandonado más famoso en el mercado en este
momento: la mansión de 930 metros cuadrados en Beverly Hills,
renovada por Brad Pitt y Jennifer Aniston en el momento cumbre de
su poder adquisitivo y de su amor (la propiedad, que recientemente
redujo su valor de US$28 a US$24.85 millones, incluye piscina, sauna,
sala de proyección, estudio artístico, cancha de tenis
y armario de dos pisos).
- La cantante Cher compra varias propiedades
en un mismo lugar antes de vivir en una de ellas.
- Un vendedor se sentía tan enamorado
de Barbara Streisand, que le cantó para decirle que podía
quedarse con el apartamento. |
Los famosos buscan básicamente algo que provoque una respuesta de sorpresa
entre las personas comunes y sea un poco útil para conseguir la privacidad,
la última tendencia son los edificios diseñados por arquitectos
famosos. En Los Ángeles, las estrellas buscan casas detrás de caminos cerrados,
entre vecinos no especialmente impresionados por la proximidad de la fama. En
Hamptons, la ubicación ideal suele ser una propiedad en la playa oculta
detrás de una duna, mientras que en Malibú, California, con sus
playas más fácilmente accesibles, algunos famosos compran “fuera
de la playa, donde tengan un par de acres y puedan ostentar su propio complejo”,
precisó Chris Cortazzo, agente de Coldwell Banker, en Malibú.
En Manhattan, es probable que un domicilio discreto se encuentre dentro
de una torre de condominios con dos salidas a la calle y un parqueo
subterráneo.
Por ejemplo, en el complejo Time Warner Center, con muchas celebridades, cerca
de Central Park, el personal habla de un pasaje que une a un elevador en el estacionamiento
como “el corredor Ricky Martin”, en honor del cantante, quien suele
ser asediado por sus fanáticas cuando está en la residencia. En
Los Ángeles, las llamadas Calles de las Aves, con nombres como Golondrina
y Ruiseñor, han surgido como una de las áreas más candentes
de los últimos años, que atraen a los famosos de Hollywood, incluyendo
a Keanu Reeves, Tobey Maguire, Cameron Díaz y Leonardo DiCaprio.
Miami Beach es otro bolsón de celebridades, particularmente a lo largo
del exclusivo Camino de la Bahía Norte, con su ubicación en el
lado de Bahía Biscayne. El cantante Lenny Kravitz hizo una oferta por
una propiedad de US$40 millones en dicho lugar, luego de varios recorridos por
la torre de observación de nueve pisos de la propiedad.
Con esos precios, las inusuales demandas de un cliente célebre
no parecen molestar a los agentes, quienes gustan de los altos contactos. “La
mayoría
de ellos son famosos por una razón”, subrayó Kleier. “Tienen
carisma, generalmente es muy divertido estar con ellos, tienen
personalidad, son encantadores y les perdonas cualquier cosa”.
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