Semanario de Prensa Libre • No. 97 • 14 de Mayo de 2006    


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D arte

Hecho a golpe de martillo
Los forjadores de hierro son artistas legendarios que a una simple varilla le dan formas especiales hasta convertirla en atractivas figuras.

Por Julieta Sandoval
Foto Gerardo Jiménez

El hierro caliente cede ante los golpes insistentes del martillo, hasta tomar forma de lanza, hojas, animales de diversos tipos o simplemente espirales y contornos. “Ese es el trabajo en hierro forjado, el cual al hacerlo en caliente tiene más detalles”, refiere Salvador Vielman Figueroa, quien aprendió este oficio a los ocho años con su tío José Esteban Figueroa, quien a su vez lo aprendió del abuelo (Ernesto), uno de los más antiguos forjadores de Antigua Guatemala, Sacatepéquez.

Vielman es parte de una familia que ha transmitido este oficio de generación en generación, ya que él, junto a sus tres hermanos, trabajan el hierro forjado, algo común en el aprendizaje de este arte.

"Antigua es famosa por sus artesanos, entre ellos están los forjadores de hierro."

Salvador Vielman,
forjador del metal.

La labor en hierro al rojo vivo “es una artesanía de origen colonial, llevada a todos los asentamientos españoles como Quetzaltenango o Huehuetenango. Sin embargo, en Antigua llegó a tener más reputación, quizá por haber sido la Capitanía General del Reino de Guatemala”, explica Aracely Esquivel Vásquez, antropóloga del Centro de Estudios Folklóricos (Cefol) de la Universidad de San Carlos de Guatemala.

En el llamado “Libro Viejo”, que fuera el primer libro del cabildo, se señala que a los indígenas no se les permitía hacer el trabajo de herrería, para evitar que elaboraran armas. Aquí se menciona por primera vez a los herreros en un acta de 1524.

También se registra que en abril de 1528 se fijaron los precios para oficios de herreros, zapateros, carpinteros y otros, adjudicando además las penas por incumplimiento de los trabajos.

Fue tal el prestigio de quienes forjaban el hierro en la Ciudad Colonial que un trayecto de Antigua a Jocotenango es conocido como la Calle Ancha de los Herreros. “Ahí históricamente estaban quienes hacían las herraduras de los caballos, balcones y cerraduras de casas. Ellos fueron los propulsores de la forja, nosotros somos lo herederos”, expresa Hugo Lara, quien proviene de una familia dedicada por tradición a la carpintería, pero combinó la madera con el hierro, algo que aprendió cuando era joven.

Fusión de épocas

Familias completas de herreros desde la época colonial han transmitido sus conocimientos artesanales, conjugando el sentido y la maestría. Actualmente el arte de la forja abarca desde la fabricación de adornos hasta la elaboración de muebles.

Salvador Vielman cuenta que se han introducido nuevas modalidades a este arte, que lo ha hecho más práctico. La fragua, aparato donde se calienta el hierro, ahora es maniobrado con motor, lo cual antes debía hacerse girando una manecilla. La soldadura eléctrica, que se introdujo unos 40 años atrás ha facilitado el trabajo. Por ello un farol que se hacía en un día y medio, ahora es elabora en mediodía, explica Juan Francisco Vielman, otro descendiente de la familia de forjadores.

Los herreros consideran como una satisfacción que su trabajo sea reconocido no sólo en Antigua, pues muchos de sus clientes provienen de la capital. Sus obras pueden observarse en urbanizaciones de carretera a El Salvador, zona 15, 14 o 10.

Historia
No se conoce la fecha exacta en que se descubrió la técnica de fundir hierro.

- Los primeros utensilios de hierro descubiertos datan del año 3000 aC, pero se sabe que antes ya se empleaba este mineral para hacer adornos de hierro.

- Los griegos descubrieron hacia el 1000 aC una técnica para endurecer las armas de hierro mediante un tratamiento térmico. Todas las aleaciones de hierro fabricadas hasta el siglo 14 dC se clasifican en la actualidad como hierro forjado.

Hugo Lara dice que en los últimos 10 años se ha dado una mayor valoración de los guatemaltecos al forjado en hierro, en especial a los diseños ornamentales. Él divide el mercado en 80 por ciento nacional y 20 por ciento extranjero. “Lo cual ha interesado el aprendizaje de esta artesanía en algunos jóvenes”, agrega.

Los precios de estos objetos varían como sus formas y diseños, los hay desde portavelas de Q35, hasta un farol de Q600 o una banca de Q800.

Muros, corredores o entradas de hoteles, restaurantes y hogares son decorados por ramas de hierro iluminadas por velas, faroles o bancas. Las figuras de animales hechos de hierro han sido una de las últimas modalidades, como las lagartijas, que empezaron a tener auge cuando se dio la beatificación del Hermano Pedro, por la leyenda existente de que el santo convirtió a una de ellas en oro para usarla de pago y después la volvió a su forma original, cuenta Lara.

A las lagartijas le siguieron ardillas, águilas, ranas y otros, ampliando así la variedad. “Muchas de las ideas son de los compradores, quienes indican cómo desean las piezas”, dice Lara.

Al parecer, las innovaciones continuarán en este oficio antiguo, siempre que existan hombres que golpeen el hierro caliente con el martillo para darle formas especiales que usted apreciará quizá en la próxima banca en donde se siente o en un farol que ilumine una entrada.

 
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