Semanario de Prensa Libre • No. 97 • 14 de Mayo de 2006    


   Portada
   Editorial
   Claroscuro
   Cartas
   D todo un poco
   D frente
   D reportaje
   D portafolio
   D fondo
   D arte
   D mundo
   D cultura
   D farándula
   D viaje
   Punto final
   D archivo
   Directorio


D cultura

Presto non troppo
Cine mudo Guatemalteco
Una experiencia singular

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

Definido lacónicamente por el diccionario como aquel tipo de cine que no conlleva sonido, el término “mudo” se antoja bastante despectivo para un arte que desde sus primeros momentos produjo obras de gran valor estético a pesar de que le faltaba la tecnología para proveer al registro visual con su correspondiente registro sonoro.

Con todo, el cine mudo marcó el ulterior desarrollo de muchas artes. Gracias a pioneros como Méliès, Feuillade y Linder, y partiendo de la pantomima, transmutó y rebasó las posibilidades prácticas del circo y del teatro, para llegar a figuras indispensables en la historia de la cinematografía, como Lloyd, Keaton o Chaplin, y su lenguaje no desapareció automáticamente cuando surgió el cine sonoro a finales de los años veinte. En buena medida esto se debía a las considerables dificultades técnicas que presentaba no sólo la toma de sonido al momento del rodaje, sino su acoplamiento a la imagen en la edición final del celuloide. Sin embargo, en tanto expresión artística, el mudo, el blanco y negro, el formato de 8 ó 16 milímetros, todos mantienen su validez en una era saturada de sonido, color y recursos digitales.

En Guatemala se produce, todavía hasta finales de los sesentas, una sucesión de películas breves que han caído en el olvido o que pocos conocen. Bajo la tutela de la Universidad de San Carlos y con el impulso organizativo de la Cinemateca Universitaria “Enrique Torres”, en el transcurso del pasado año y medio tomó forma la idea de un acercamiento a dicho cine con varias proyecciones de una colección de cortos guatemaltecos filmados entre 1926 y 1968. Además, estas galas de cine mudo han contado con una musicalización en vivo que le agrega encanto y elementos de espontaneidad, como se solía hacer en otrora. El filme que corre inexorable y el músico que lo interpreta cual partitura gigante, extemporizando en el mismo instante de su representación al público.

Así, de documentales como Tacita de Plata (1926) y Coronación de la Virgen del Rosario (1934), hasta ficciones como Violencia (1948) de Alfredo Mackenney y Dinero ensangrentado (1955) de Marcel Reichenbach, estas sesiones han revivido un pasado próximo -y, a la vez, remoto- que sirve para descubrir los esfuerzos de los precursores de la cinematografía nacional de actualidad. La experiencia, singular, de un cine que habla sin necesidad de sonido.

Lea también

- Subsisten al terror
- "La TV da miedo"

 
© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.
revistad@prensalibre.com.gt
www.prensalibre.com