Semanario de Prensa Libre • No. 97 • 14 de Mayo de 2006    


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Germen de ideas
La inventiva guatemalteca es innovadora en sus propuestas, pero es un trabajo en solitario que, además, necesita mayor apoyo institucional e industrial para desarrollarse.

Texto y foto: Ingrid Roldán Martínez

Algunos elementos caracterizan a los inventores, quizá los dos más importantes son su determinación y creatividad para encontrar soluciones que a nadie se le habían ocurrido. Los resultados surgen de mucho trabajo, de ensayos previos, de no rendirse ante el error y, sobre todo, de invertir dinero y tiempo.

Pero ser inventor en Guatemala conlleva otros inconvenientes. Todo empieza con el sistema escolar, que no está orientado a desarrollar la creatividad. Todavía es común que a los estudiantes se les enseñe a memorizar fórmulas, números, datos, sin investigar el porqué de las cosas, salvo el caso de algunas carreras universitarias que lanzan el reto a sus alumnos de crear cosas nuevas, como en la carrera de Diseño Industrial de la Universidad Rafael Landívar.

Rafael Sosa, inventor de la válvula para ahorrar agua, que saldrá a la venta pronto.

Tampoco el gobierno ha dado mucho apoyo ni económico ni institucional para desarrollar este tipo de propuestas. Aunque lanzó el Plan Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación 2005-2014, en el cual se contempla el tema, el comisionado presidencial, ingeniero Héctor Centeno, reconoce que actualmente no hay un monto fijo para el apoyo a los inventores. El Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y otras instituciones han organizado semanas científicas para que los más entusiastas expongan su trabajo. Además han dado algunos reconocimientos, pero nada más. La misma sociedad desconoce el aporte de estas mentes creativas.

Aún así, en solitario, hay guatemaltecos que le han apostado todo a una idea y han escrito su nombre en la lista de inventores: han patentado su creación, la han hecho funcionar, aunque ello no se traduzca en una actividad proporcionalmente rentable.

La válvula inteligente

Un caso es el de Rafael Sosa quien ha invertido tiempo y dinero en crear una válvula para evitar el desperdicio de líquidos al llenar un recipiente y no perder tiempo vigilando a que éste llegue a su límite. Se puede aplicar tanto en una pila como en una bañera e incluso en el depósito de un retrete.

Ha utilizado hasta sus últimos recursos no sólo en la etapa de investigación sino para el trámite de las 81 patentes que ha registrado en igual número de países, incluidos Estados Unidos, China, Japón y Rusia. En esto ha gastado 380 mil dólares. “Conseguir la patente de Guatemala es lo más sencillo que hay; en otros países son más meticulosos”, agrega.

El mecanismo de la “válvula inteligente”, como la llama su autor, se instala manualmente, es automático y no necesita electricidad ni baterías. No requiere mantenimiento y se coloca directamente al grifo por medio de una manguera. Está hecha con plástico polipropileno. Contiene en total 48 diminutas piezas, mide seis por seis centímetros, más 16 centímetros del tubo que expulsa el líquido.

Sosa la patentó con el nombre de Válvula Magneto Hidrostática, pero para uso comercial se llama “Chayito” en honor a su mamá. Crearla le llevó tres años, tiempo en el que también diseñó las distintas máquinas para producir un modelo.

No ha contado con ningún apoyo institucional, pero su empeño es a toda prueba. Ahora está montando la fábrica para comenzar a venderla pronto y recuperar algo de lo invertido. También tiene una página en Internet donde expone los beneficios de su producto, el cual considera, sin duda, el mejor.

Aspecto legal
La patente es el mecanismo jurídico que se utiliza para proteger las invenciones por un plazo determinado.

La ley que rige en estos casos es el Decreto 57-2000, Ley de Propiedad Industrial que tiene por objeto la protección, estímulo y fomento a la creatividad intelectual.

En el Artículo 4 describe la invención como “toda creación humana que permita transformar la materia o la energía que existe en la naturaleza, para su aprovechamiento por el hombre y satisfacer sus necesidades concretas”. El título III se refiere a todo lo concerniente a las invenciones.

Según el documento Patentes de Invención y Diseños Industriales publicado por la Secretaría de Integración Económica Centroamericana (Sieca), en el 2002, las invenciones de productos son: “aquellas creaciones que tienen forma tangible. La ley les define como cualquier substancia, composición, material (inclusive biológico), aparato, máquina o cualquier otro objeto”.

La legislación guatemalteca permite obtener patentes para invenciones o para modelos de utilidad.
Estos últimos son las mejoras o innovaciones a productos existentes y ya patentados.

Los derechos exclusivos para la patente de invención se obtienen por un plazo de 20 años a partir de la fecha en que se presenta la solicitud. El de modelos de utilidad es de diez.

Estufa que ahorra árboles

También Marco Antonio Alvarado ha sufrido desencantos. Construyó un invento que cambió la vida de muchas personas, pero los beneficios económicos no siempre los ha recibido él.

La estufa comal de gas sustituyó a la leña en muchas tortillerías de la capital guatemalteca y sus alrededores. Ahora, en estos establecimientos ya no necesitan un espacio grande para almacenar la leña, ni tienen que lidiar con el humo ni el hollín. Ocupan el espacio para vender otros productos alimenticios como verduras y golosinas. Ello sin contar la disminución en la tala de miles de árboles.

Todo empezó a principios de los años 1990. Alvarado empezó a buscar alternativas con respecto al uso de leña para la cocción de las tortillas. Su estufa utiliza gas, pero además contempló un mejor aprovechamiento del calor con materiales aislantes y refractarios, para lo cual usó una mezcla de arena debajo del comal de metal.

Aunque el cambio no fue fácil, desde 1992 a la fecha, la fábrica Turbo Mac, de Alvarado ha producido más de siete mil estufas de distintos tamaños. “En la ciudad ya se ha llenado el cupo, la gente ya casi no usa leña”, comenta, aunque reconoce que el producto todavía no han llegado a todas las regiones del país.

No ha faltado quien copie los diseños y lucre con ellos. Alvarado cuenta el caso de una persona que había trabajado con él y empezó a vender copias de la estufa. Basado en su derecho y en que había iniciado ya los trámites para patentarla, entabló un juicio que se prolongó durante años debido a que el juez no le aceptaba la solicitud de patente como base suficiente para emitir una resolución a su favor. Pasó el tiempo y entonces fue el ex empleado quien quería demandarlo por difamación. Al final obtuvo la patente y el juicio no siguió. Para el Departamento de Patentes del Registro de la Propiedad Intelectual del Ministerio de Economía, que dirige el ingeniero Rodolfo Godoy, el hecho de haber presentado la solicitud debería ser suficiente protección legal.

Este no ha sido su único desencanto. Si bien no han faltado los reconocimientos por sus creaciones, tanto de instituciones guatemaltecas y extranjeras, éstos no se han traducido en patrocinios para continuar con sus investigaciones, salvo el premio Ideass que le otorgaron en el 2005 y que según el Concyt es de Q8 mil.

Tampoco ha recibido apoyo para la promoción de la estufa comal y los hornos que ha creado, ni siquiera de quienes, indirectamente, resultaron convirtiéndose en grandes beneficiados: “Los que más han ganado y que no han invertido un centavo son los que venden el gas propano”, comenta.

El principio del azufre

El tema de la investigación científica siempre atrajo a Roberto Méndez-Ruiz (1923-1992). Su gusto por la física y la química le llevó a crear un producto en beneficio de la salud: el Vaso de Azufre. También hizo la fórmula de un vaso de cerámica libre de plomo y resistente a los cambios de temperatura.

Junto con su hermano Javier montó un laboratorio con el dinero que habían heredado de su padre. Hicieron estudios acerca de los minerales y la tierra durante 20 años.

Roberto pasó muchas horas en el laboratorio buscando establecer la fórmula del azufre coloidal, pero tenía que estabilizarlo. “Después de varias explosiones de azufre en el laboratorio lo consiguió”, cuenta Claudia, su hija. El vaso está hecho de una porcelana de azufre y contiene flor de azufre (pequeños terrones). El investigador encontró la forma de proveer al agua con 500 miligramos del producto sin que fuera tóxico y sin efectos secundarios. “Por supuesto que no es mágico, la constancia es muy importante” comenta Claudia al hablar sobre el uso.

En 1966, junto a su esposa Esperanza, Roberto fundó Cerámica y Laboratorios Méndez Ruiz. El producto empezó a utilizarse, primero en Guatemala y después en otros países. Después del fallecimiento de Roberto, sus hijos Claudia y Estuardo se hicieron cargo del laboratorio y guardan celosamente los descubrimientos de su padre. Cuentan que han sabido de personas que han intentado engañar a los compradores con un vaso plástico y haciéndoles creer que tiene propiedades medicinales. Sin embargo, el auténtico vaso de azufre ya se vende en varios países del mundo.

Aerosol para porcelana

Para la señora Lourdes Gutiérrez de De La Riva, expresidenta de la Asociación de Inventores, las dificultades no son dentro de Guatemala sino fuera. Desde 1979 está fabricando un tipo de aerosol, denominado China Mist a base de colores minerales y aceite que sirve para dar acabado a las piezas de cerámica pintadas y horneadas. La gama incluye 23 colores y es el único de su tipo en el mundo. Su campo es en galerías y lugares donde se trabaja ese tipo de arte.

Creó el producto en 1979 e hizo su primera demostración en Brasil. Hoy su principal mercado es en Estados Unidos, Francia y Portugal. Pero desde el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, ha afrontado problemas para al exportación. “Cada día hay mayores limitaciones, lo cual hace imposible exportar este producto”, dice, aunque aclara que ella no vive de las ganancias por la venta del aerosol.

Otros inventores
Se ha tomado como uno de los aportes de Guatemala al mundo la creación de la marimba doble o cromática por Sebastián Hurtado hacia 1890.

- También se ha mencionado el desarrollo del café soluble por Federico Lehnhoff y Eduardo Cabarrús, hacia 1910, pero en el libro La historia del café de Guatemala, de Regina Wagner, se menciona que el primero en tener éxito con esta invención fue el químico japonés Sartori Kato alrededor de 1889.

- En 1923, el Boletín de Agricultura, Industria y Comercio de Guatemala publicó una nota acera del invento de un aparato para lavar café, de Eugenio Diéguez, originario de Antigua Guatemala.

- El ingeniero Jorge Lagffer inventó un instrumento de medición denominado Cuadrante Lagffer.
En la actualidad el Departamento de Patentes del Registro de la Propiedad Intelectual tiene entre la lista de inventores a:

- Édgar René Antonio Becerra, aparato indicador de fertilidad de suelos.

- Carlos Alberto González, separadores de concreto.

- Fidel Reyes Lee, procedimiento para la obtención de abono orgánico a partir de microorganismos degradadores de materia orgánica.

- Brenda Marisol Duque, aparato removedor de lentes de contacto.

- Carlos Eduardo Galeano, sistema de construcción estructural ecológico para techos.

- Ricardo Antonio Figueredo y David Randolph Sasson, instafrío (Coolite).

- José Alberto Pérez, sistema de retención y recolección de polvo.

- Francisco Pedro Cua, tejanato.

- José Francisco, José Andrés y José Roberto Quesada, portaherramientas.

- Rosamelia Menchú, Biberón con dispositivo para entrada de aire.

- Rodrigo Alberto Asturias, dispositivo agro-protector térmico.

- María Isabel Bonilla, inserto intercambiable para pañales desechables.

- Jorge Arroyo, caja contenedora flexible de material plástico.

- Luis Eduardo Rosado, dispositivo portátil ecológico para llenado de tanques.

Con respecto al trabajo de los inventores, opina que el gobierno y la industria deberían ponerles más atención. Durante el tiempo que ha pertenecido a la asociación se ha dado cuenta de las esperanzas que todos tienen de ejecutar sus proyectos, pero no cuentan con financiamiento. “No necesitan cantidades enormes, lo que más necesitan es apoyo”, agrega.

Del coral al ojo

Durante sus estudios de posgrado en Colombia, el oftalmólogo Carlos León Roldán, junto con José Barraquer Granados, colombiano, empezó a investigar hasta que creó un modelo de córnea artificial denominada Queratoprotesis de hidroxipatita coralina.
El diminuto componente es hecho de coral y se implanta en el ojo de pacientes que no pueden ver a causa de una opacidad en los tejidos anteriores, así como otros problemas oftalmológicos. Funciona porque la composición del coral es similar a la del hueso humano.

En el mundo sólo existen unos 30 médicos que hacen queratoprotesis y León Roldán es uno de ellos. Obtuvo la patente de su invento en Guatemala y en Estados Unidos, en donde espera, por ahora, la autorización de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) para el uso del producto en dicho país. En todo caso, ya exporta el implante a otros lugares. Sin embargo no duda que logrará introducirlo al país del norte, pues el cuerpo del paciente no rechaza el implante; por el contrario lo absorbe: todo un hallazgo médico que emociona mucho más al ser su creador un guatemalteco.

 

Buena fórmula alimenticia
Bioquimico Ricardo Bressani, inventor de la Incaparina

Hacia mediados de la década de 1950, Bressani dirigió las investigaciones para la formulación de ésta. También ha creado Bienestarina y Vitatol, entre otros. Hace poco terminó las formulaciones de Vitacereal, para el Programa Mundial de Alimentos.

¿Cómo fue el proceso para definir la fórmula de la Incaparina?

Por 1954 ó 1955 existía en el Instituto de Nutrición de Centroamérica y Panamá el interés de desarrollar un alimento que los niños pudieran consumir ya que el consumo de leche no era disponible a nivel del hogar. Con el grupo que tenía a mi cargo en el Incap empezamos a buscar materias primas disponibles en Guatemala. Encontramos que las mezclas de harina de algodón con harina de maíz nos daba un producto de alta calidad nutritiva y eso fue la base para la formulación. En 1959, el director nos dijo, ya es hora que sepamos qué es lo que han hecho después de cuatro años. Presentamos los datos, Afortunadamente la población técnica lo aceptó. Algo similar se empezó a hacer en la India después de que terminamos aquí.

¿Ellos se basaron en su estudio?

Sí.

¿Usted lo patentó?

Sí, lo patenté y le cedí la patente al Instituto de Nutrición.

¿Qué alcances ha tenido la Incaparina?

Cuando la gente a nivel internacional la analizaba le daban una vida muy corta. Sin embargo la Cervecería (Alimentos S. A.) les probó que estaban equivocados porque hicieron una labor de mucha conciencia. Se fue haciendo parte del consumo de la población.

¿Qué piensa de que habiendo un producto como la Incaparina sigue habiendo desnutrición en el país?

Es que el problema es muy serio. Somos 12 ó 13 millones de habitantes, una buena proporción vive con un ingreso de menos de un quetzal al día. La industria está centralizada en la ciudad y el problema está bastante lejos. Deberíamos de enfocar los problemas de manera diferente y poner la industria allá donde está el problema. Tengo un proyecto que pretende eso, lo está financiando Concyt. Estoy usando materia prima local.

¿Recibe usted regalías por la Incaparina?

No.

 
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