Germen de ideas
La inventiva guatemalteca es innovadora en sus propuestas, pero
es un trabajo en solitario que, además, necesita mayor apoyo
institucional e industrial para desarrollarse.
Texto y foto:
Ingrid Roldán Martínez
Algunos elementos caracterizan a los inventores,
quizá los dos más importantes son su determinación
y creatividad para encontrar soluciones que a nadie se le habían
ocurrido. Los resultados surgen de mucho trabajo, de ensayos
previos, de no rendirse ante el error y, sobre todo, de invertir
dinero y tiempo.
Pero ser inventor en Guatemala
conlleva otros inconvenientes. Todo empieza con el sistema escolar,
que no está orientado
a desarrollar la creatividad. Todavía es común que a los estudiantes
se les enseñe a memorizar fórmulas, números, datos, sin
investigar el porqué de las cosas, salvo el caso de algunas carreras universitarias
que lanzan el reto a sus alumnos de crear cosas nuevas, como en la carrera de
Diseño Industrial de la Universidad Rafael Landívar.

Rafael
Sosa,
inventor de la válvula para ahorrar agua, que
saldrá a la venta pronto. |
Tampoco el gobierno ha dado mucho apoyo ni económico ni institucional
para desarrollar este tipo de propuestas. Aunque lanzó el Plan Nacional
de Ciencia, Tecnología e Innovación 2005-2014, en el cual se contempla
el tema, el comisionado presidencial, ingeniero Héctor Centeno, reconoce
que actualmente no hay un monto fijo para el apoyo a los inventores. El Consejo
Nacional de Ciencia y Tecnología y otras instituciones han organizado
semanas científicas para que los más entusiastas expongan su trabajo.
Además han dado algunos reconocimientos, pero nada más. La misma
sociedad desconoce el aporte de estas mentes creativas.
Aún así, en solitario, hay guatemaltecos que le han apostado todo
a una idea y han escrito su nombre en la lista de inventores: han patentado su
creación, la han hecho funcionar, aunque ello no se traduzca en una actividad
proporcionalmente rentable.
La válvula inteligente
Un caso es el de Rafael Sosa quien ha invertido tiempo y dinero
en crear una válvula para evitar el desperdicio de líquidos al llenar un recipiente
y no perder tiempo vigilando a que éste llegue a su límite. Se
puede aplicar tanto en una pila como en una bañera e incluso en el depósito
de un retrete.
Ha utilizado hasta sus últimos recursos no sólo en la etapa de
investigación sino para el trámite de las 81 patentes que ha registrado
en igual número de países, incluidos Estados Unidos, China, Japón
y Rusia. En esto ha gastado 380 mil dólares. “Conseguir la patente
de Guatemala es lo más sencillo que hay; en otros países son más
meticulosos”, agrega.
El mecanismo de la “válvula inteligente”, como la llama su
autor, se instala manualmente, es automático y no necesita electricidad
ni baterías. No requiere mantenimiento y se coloca directamente al grifo
por medio de una manguera. Está hecha con plástico polipropileno.
Contiene en total 48 diminutas piezas, mide seis por seis centímetros,
más 16 centímetros del tubo que expulsa el líquido.
Sosa la patentó con el nombre de Válvula Magneto Hidrostática,
pero para uso comercial se llama “Chayito” en honor a su mamá.
Crearla le llevó tres años, tiempo en el que también diseñó las
distintas máquinas para producir un modelo.
No ha contado con ningún apoyo institucional, pero su empeño es
a toda prueba. Ahora está montando la fábrica para comenzar a venderla
pronto y recuperar algo de lo invertido. También tiene una página
en Internet donde expone los beneficios de su producto, el cual considera,
sin duda, el mejor.
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Aspecto legal
La patente es el mecanismo jurídico
que se utiliza para proteger las invenciones por un plazo
determinado.
La ley que rige en estos casos es
el Decreto 57-2000, Ley de Propiedad Industrial que tiene
por objeto la protección, estímulo y fomento
a la creatividad intelectual.
En el Artículo 4 describe
la invención como “toda creación
humana que permita transformar la materia o la energía
que existe en la naturaleza, para su aprovechamiento
por el hombre y satisfacer sus necesidades concretas”.
El título III se refiere a todo lo concerniente
a las invenciones.
Según el documento Patentes
de Invención y Diseños Industriales publicado
por la Secretaría de Integración Económica
Centroamericana (Sieca), en el 2002, las invenciones
de productos son: “aquellas creaciones que tienen
forma tangible. La ley les define como cualquier substancia,
composición, material (inclusive biológico),
aparato, máquina o cualquier otro objeto”.
La legislación guatemalteca
permite obtener patentes para invenciones o para modelos
de utilidad.
Estos últimos son las mejoras o innovaciones a productos existentes
y ya patentados.
Los derechos exclusivos para la patente
de invención se obtienen por un plazo de 20 años
a partir de la fecha en que se presenta la solicitud.
El de modelos de utilidad es de diez. |
Estufa que ahorra árboles También Marco Antonio Alvarado ha sufrido desencantos. Construyó un
invento que cambió la vida de muchas personas, pero los beneficios económicos
no siempre los ha recibido él.
La estufa comal de gas sustituyó a la leña en muchas tortillerías
de la capital guatemalteca y sus alrededores. Ahora, en estos establecimientos
ya no necesitan un espacio grande para almacenar la leña, ni tienen que
lidiar con el humo ni el hollín. Ocupan el espacio para vender otros productos
alimenticios como verduras y golosinas. Ello sin contar la disminución
en la tala de miles de árboles. Todo empezó a principios de los años 1990. Alvarado empezó a
buscar alternativas con respecto al uso de leña para la cocción
de las tortillas. Su estufa utiliza gas, pero además contempló un
mejor aprovechamiento del calor con materiales aislantes y refractarios, para
lo cual usó una mezcla de arena debajo del comal de metal.
Aunque el cambio no fue fácil, desde 1992 a la fecha, la fábrica
Turbo Mac, de Alvarado ha producido más de siete mil estufas de distintos
tamaños. “En la ciudad ya se ha llenado el cupo, la gente ya casi
no usa leña”, comenta, aunque reconoce que el producto todavía
no han llegado a todas las regiones del país.
No ha faltado quien copie los diseños y lucre con ellos. Alvarado cuenta
el caso de una persona que había trabajado con él y empezó a
vender copias de la estufa. Basado en su derecho y en que había iniciado
ya los trámites para patentarla, entabló un juicio que se prolongó durante
años debido a que el juez no le aceptaba la solicitud de patente como
base suficiente para emitir una resolución a su favor. Pasó el
tiempo y entonces fue el ex empleado quien quería demandarlo por difamación.
Al final obtuvo la patente y el juicio no siguió. Para el Departamento
de Patentes del Registro de la Propiedad Intelectual del Ministerio de Economía,
que dirige el ingeniero Rodolfo Godoy, el hecho de haber presentado la solicitud
debería ser suficiente protección legal. Este no ha sido su único desencanto. Si bien no han faltado los reconocimientos
por sus creaciones, tanto de instituciones guatemaltecas y extranjeras, éstos
no se han traducido en patrocinios para continuar con sus investigaciones, salvo
el premio Ideass que le otorgaron en el 2005 y que según el Concyt es
de Q8 mil.
Tampoco ha recibido apoyo para la promoción de la estufa comal y los hornos
que ha creado, ni siquiera de quienes, indirectamente, resultaron convirtiéndose
en grandes beneficiados: “Los que más han ganado y que no han invertido
un centavo son los que venden el gas propano”, comenta.
El principio del azufre
El tema de la investigación científica siempre atrajo a Roberto
Méndez-Ruiz (1923-1992). Su gusto por la física y la química
le llevó a crear un producto en beneficio de la salud: el Vaso de Azufre.
También hizo la fórmula de un vaso de cerámica libre de
plomo y resistente a los cambios de temperatura.
Junto con su hermano Javier montó un laboratorio con el dinero que habían
heredado de su padre. Hicieron estudios acerca de los minerales y la tierra durante
20 años.
Roberto pasó muchas horas en el laboratorio buscando establecer la fórmula
del azufre coloidal, pero tenía que estabilizarlo. “Después
de varias explosiones de azufre en el laboratorio lo consiguió”,
cuenta Claudia, su hija. El vaso está hecho de una porcelana de azufre
y contiene flor de azufre (pequeños terrones). El investigador encontró la
forma de proveer al agua con 500 miligramos del producto sin que fuera tóxico
y sin efectos secundarios. “Por supuesto que no es mágico, la constancia
es muy importante” comenta Claudia al hablar sobre el uso.
En 1966, junto a su esposa Esperanza, Roberto fundó Cerámica y
Laboratorios Méndez Ruiz. El producto empezó a utilizarse, primero
en Guatemala y después en otros países. Después del fallecimiento
de Roberto, sus hijos Claudia y Estuardo se hicieron cargo del laboratorio y
guardan celosamente los descubrimientos de su padre. Cuentan que han sabido de
personas que han intentado engañar a los compradores con un vaso plástico
y haciéndoles creer que tiene propiedades medicinales. Sin embargo, el
auténtico vaso de azufre ya se vende en varios países del mundo.
Aerosol para porcelana
Para la señora Lourdes Gutiérrez de De La Riva, expresidenta de
la Asociación de Inventores, las dificultades no son dentro de Guatemala
sino fuera. Desde 1979 está fabricando un tipo de aerosol, denominado
China Mist a base de colores minerales y aceite que sirve para dar acabado a
las piezas de cerámica pintadas y horneadas. La gama incluye 23 colores
y es el único de su tipo en el mundo. Su campo es en galerías y
lugares donde se trabaja ese tipo de arte.
Creó el producto en 1979 e hizo su primera demostración en Brasil.
Hoy su principal mercado es en Estados Unidos, Francia y Portugal. Pero desde
el atentado a las Torres Gemelas en Nueva York, ha afrontado problemas para al
exportación. “Cada día hay mayores limitaciones, lo cual
hace imposible exportar este producto”, dice, aunque aclara que ella
no vive de las ganancias por la venta del aerosol.
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Otros inventores
Se ha tomado como uno de los aportes
de Guatemala al mundo la creación de la marimba
doble o cromática por Sebastián Hurtado
hacia 1890.
- También se ha mencionado
el desarrollo del café soluble por Federico Lehnhoff
y Eduardo Cabarrús, hacia 1910, pero en el libro
La historia del café de Guatemala, de Regina Wagner,
se menciona que el primero en tener éxito con
esta invención fue el químico japonés
Sartori Kato alrededor de 1889.
- En 1923, el Boletín de Agricultura,
Industria y Comercio de Guatemala publicó una
nota acera del invento de un aparato para lavar café,
de Eugenio Diéguez, originario de Antigua Guatemala.
- El ingeniero Jorge Lagffer inventó un
instrumento de medición denominado Cuadrante Lagffer.
En la actualidad el Departamento de Patentes del Registro de la Propiedad
Intelectual tiene entre la lista de inventores a:
- Édgar René Antonio
Becerra, aparato indicador de fertilidad de suelos.
- Carlos Alberto González,
separadores de concreto.
- Fidel Reyes Lee, procedimiento
para la obtención de abono orgánico a partir
de microorganismos degradadores de materia orgánica.
- Brenda Marisol Duque, aparato removedor
de lentes de contacto.
- Carlos Eduardo Galeano, sistema
de construcción estructural ecológico para
techos.
- Ricardo Antonio Figueredo y David
Randolph Sasson, instafrío (Coolite).
- José Alberto Pérez,
sistema de retención y recolección de polvo.
- Francisco Pedro Cua, tejanato.
- José Francisco, José Andrés
y José Roberto Quesada, portaherramientas.
- Rosamelia Menchú, Biberón
con dispositivo para entrada de aire.
- Rodrigo Alberto Asturias, dispositivo
agro-protector térmico.
- María Isabel Bonilla, inserto
intercambiable para pañales desechables.
- Jorge Arroyo, caja contenedora
flexible de material plástico.
- Luis Eduardo Rosado, dispositivo
portátil ecológico para llenado de tanques. |
Con respecto al trabajo de los inventores, opina
que el gobierno y la industria deberían ponerles más atención. Durante el tiempo que ha
pertenecido a la asociación se ha dado cuenta de las esperanzas que todos
tienen de ejecutar sus proyectos, pero no cuentan con financiamiento. “No
necesitan cantidades enormes, lo que más necesitan es apoyo”, agrega.
Del coral al ojo Durante sus estudios de posgrado en Colombia, el oftalmólogo Carlos León
Roldán, junto con José Barraquer Granados, colombiano, empezó a
investigar hasta que creó un modelo de córnea artificial denominada
Queratoprotesis de hidroxipatita coralina.
El diminuto componente es hecho de coral y se implanta en el ojo de pacientes
que no pueden ver a causa de una opacidad en los tejidos anteriores, así como
otros problemas oftalmológicos. Funciona porque la composición
del coral es similar a la del hueso humano.
En el mundo sólo existen unos 30 médicos que hacen queratoprotesis
y León Roldán es uno de ellos. Obtuvo la patente de su invento
en Guatemala y en Estados Unidos, en donde espera, por ahora, la autorización
de la Administración de Drogas y Alimentos (FDA) para el uso del producto
en dicho país. En todo caso, ya exporta el implante a otros lugares. Sin
embargo no duda que logrará introducirlo al país del norte, pues
el cuerpo del paciente no rechaza el implante; por el contrario lo absorbe: todo
un hallazgo médico que emociona mucho más al ser su creador un
guatemalteco.
Buena fórmula alimenticia
Bioquimico Ricardo Bressani, inventor de la Incaparina
Hacia mediados de la década de 1950, Bressani
dirigió las investigaciones para la formulación
de ésta. También ha creado Bienestarina y Vitatol,
entre otros. Hace poco terminó las formulaciones de Vitacereal,
para el Programa Mundial de Alimentos.
¿Cómo fue el proceso para definir la fórmula
de la Incaparina? Por 1954 ó 1955 existía en el Instituto de Nutrición
de Centroamérica y Panamá el interés de
desarrollar un alimento que los niños pudieran consumir
ya que el consumo de leche no era disponible a nivel del hogar.
Con el grupo que tenía a mi cargo en el Incap empezamos
a buscar materias primas disponibles en Guatemala. Encontramos
que las mezclas de harina de algodón con harina de maíz
nos daba un producto de alta calidad nutritiva y eso fue la base
para la formulación. En 1959, el director nos dijo, ya
es hora que sepamos qué es lo que han hecho después
de cuatro años. Presentamos los datos, Afortunadamente
la población técnica lo aceptó. Algo similar
se empezó a hacer en la India después de que terminamos
aquí.
¿Ellos se basaron en su estudio?
Sí.
¿Usted lo patentó?
Sí,
lo patenté y le cedí la patente al Instituto
de Nutrición.
¿Qué alcances ha tenido
la Incaparina?
Cuando la gente a nivel internacional la analizaba le daban
una vida muy corta. Sin embargo la Cervecería (Alimentos S.
A.) les probó que estaban equivocados porque hicieron
una labor de mucha conciencia. Se fue haciendo parte del consumo
de la población.
¿Qué piensa de que habiendo un producto como la
Incaparina sigue habiendo desnutrición en el país?
Es que el problema es muy serio. Somos 12 ó 13 millones
de habitantes, una buena proporción vive con un ingreso
de menos de un quetzal al día. La industria está centralizada
en la ciudad y el problema está bastante lejos. Deberíamos
de enfocar los problemas de manera diferente y poner la industria
allá donde está el problema. Tengo un proyecto
que pretende eso, lo está financiando Concyt. Estoy usando
materia prima local.
¿Recibe usted regalías
por la Incaparina?
No. |