Osho es carne cruda
y amante de las gaviotas
Bhagwan Shree Rajneesh criticó a
toda cultura, llamó muertos a los vivos y cuestionó todo
principio filosófico.
Por Juan Carlos Lemus
En un lugar de Asia, vi cómo despellejaban
viva a una culebra. El carnicero de pueblo, como si fuera un sacerdote
al frente del animal colgado que se estiraba y encogía por
el ardor, vaciaba la sangre entre un vaso con ron y, con su índice
y pulgar, le destripaba el corazón como si exprimiera un
limón. Enseguida daba de beber el líquido verdoso
y rojo a los presentes, quienes mostrando sus encías
y dientes cariados, reían, achinándose todavía más,
mientras lo tragaban.
El aperitivo sirve, se supone, para
que los hombres poseamos más vigor
sexual. Hay personas a quienes les gusta saborear tales capuchinos, pero hay
otras que pueden alimentarse con un fideo. A cada organismo le
corresponde su propia dosis de criadillas de toro, de ostras o
de nicotina, según las exigencias.

Bhagwan Shree Rajneesh. |
Osho es algo así como la carne cruda de la espiritualidad,
pero, a la vez, un tranquilo amante de gaviotas y de nubes. Para
leer con placer sus palabras acerca de la vida, la existencia,
la conciencia, el amor, el sexo y todo cuanto concierne al ser
humano, se necesita la disposición de un niño y a
la vez la dentadura de un caníbal, mas no porque invite
a consumir carne, sino debido a lo grotesco que pueden resultar
sus verdades crudas lanzadas contra los científicos, artistas
y religiosos radicales.
Estamos ante un autor superior. Éste no tiene relación
alguna con los bebés que han escrito libros de autoayuda
emocional. Hablamos de un tipo insolente, pero sensato, que llamó descerebrados
a los presidentes estadounidenses, hipócritas a muchos santos,
payasos de circo a los yogas y estúpidos a los filósofos.
Osho fue envenenado en 1990 por el gobierno de Estados Unidos.
Todo comenzó cuando, en 1981, fue llevado por sus médicos
a ese país para ser operado de la columna. A propósito
del viaje, sus seguidores le regalaron tierras en Oregón
y crearon un lugar para que en él pudieran habitar 500 personas,
era una pequeña ciudad (Rajneeshpuram), donde celebraron
festivales anuales hasta que Ronald Reagan y su gobierno, incómodos
con el visitante y no encontrando pretextos para terminar con él,
lo encarcelaron acusado de infringir las leyes de inmigración.
Durante el tiempo que fue preso, le dieron a beber, según
sus médicos, talium, veneno que terminó con su vida.
En su tumba fue escrito el epitafio que él elaboró para
sí mismo: “Osho nunca nació, nunca murió,
solamente visitó el planeta Tierra entre el 11 de diciembre
de 1931 y el 19 de enero de 1990”. Sí... a la manera
del Principito, el sabio se despidió, y sus charlas están
escritas en más de 500 libros y traducidas a más
de 30 idiomas. Desmenuza y explica parábolas del Tao Te
King, del Arte de la Guerra o de Los Diez Toros del Zen, por ejemplo;
asimismo, analiza las enseñanzas de Buda y los bufidos soberbios
de Nietzsche; trata sin ningún respeto a Gandhi, a Sartre
y a Sigmund Freud, o bien, habla de alegría, de Lao Tse,
Gurdjieff, Gautama Buda y de Tagore. Culto e ilustrado, este indio
se ganó la antipatía de los gobiernos y de las personas
porque propuso una total desobediencia a las morales jainistas,
cristianas, budistas, sufistas, taoístas o de cualquier índole
filosófica, afirmando que no se necesitan templos para alcanzar
la iluminación divina.
En una ocasión, citó el mito de un santo cuya Gracia y espuma eran
tan notables que, cuando un ave le picó, de sus pechos y pies no manó sangre,
sino leche y miel. “Deberían meterlo a un circo”, fue la opinión
de Osho.
¿Quién es, entonces, este necio, y por qué fue catalogado
por el escritor estadounidense Tom Robbins como “el hombre más peligroso
después de
Jesucristo”? Es uno de los mil artífices del siglo XX (según
el Sunday Times, de Londres). Es un no-pensador que cuando expresa sus ideas
acerca de la conciencia lo hace con la serenidad de un viejo y con la rabia de
un adolescente.
Advertencia: leerlo implica perderle el miedo y
respeto a las grandes figuras del planeta, ya no digamos adivinar
la idiotez y baja estima oculta detrás
de cada arrogancia literaria expresada tanto por dinosaurios como por pequeñas
lagartijas, pero, ante todo, estimula en cada ser humano la esencia del zen,
que no es otra sino la de “ser testigo”, el estar siempre “aquí y
ahora”.
El místico hindú
ha sido descrito...
> Por el Sunday Midday, de India, como una de las
10 personas, junto a Gandhi, Nenhru y Buda, que han cambiado el destino
de ese país.
> Por el escritor
estadounidense Tom Robbins, como “el hombre más
peligroso después de Jesucristo”.
> Por el Sunday
Times, de Londres, como uno de los mil artífices
del siglo XX. |
En sus discursos, Osho muestra gran sentido del
humor, a la vez que extraordinaria erudición, por eso abordar los libros que recogen sus palabras resulta
un buen ejercicio lector. Al principio de esta nota lo llamamos “tranquilo
amante de gaviotas y de nubes”, porque, gran observador, no se veía
como un filósofo, menos todavía como un intelectual, sencillamente,
la vida para él, explicaba, era siempre “un viaje hacia adentro”,
hacia el interior de sí mismo, y siempre hay que saber observar a las
nubes y a las aves. Bhagwan Shree
Su nombre de pila es Rajneesh Chandra Mohan Jain (1931-1990). Nació en
Kuchwada, una aldea en el estado de Madhya Pradesh, India central. Más
tarde se llamó Bhagwan Shree Rajneesh, y finalmente adoptó el nombre
de Osho (término japonés utilizado en el budismo zen para referirse
a un monje budista).
Para los gobernantes del mundo y para muchas sociedades fue un
personaje molesto que atentaba contra la moralidad. Fue calificado
de “gurú del sexo” y “santo
de los ricos”, porque, según parece, es cierto que poseía
más de 40 limusinas, aunque ni una sola mujer (no, no era homosexual).
De manera que dinero y espiritualidad nunca fueron agua y fuego para este máster
en filosofía por la Universidad de Sagar, profesor de filosofía
en la Universidad de Jabalpur y creador de la meditación dinámica,
la cual ha sido burdamente imitada por los fenicios del misticismo y puesta en
librerías y centros de Occidente. Muchos de sus libros están al
alcance de la mano y también en las páginas Web (sitio oficial,
www.osho.com).
En nuestro país, Grupo Editorial Norma es una de las casas distribuidoras,
y los volúmenes se encuentran repartidos en las librerías. Son
buen punto de partida: El libro del ego, El hombre que amaba las gaviotas y otros
relatos y Sintonizarse con la existencia.
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