A propósito
Salvemos Atitlán
Por Viviana Ruiz
Editora Revista D
El lago de Atitlán, en el departamento de Sololá, es uno de los
lugares más emblemáticos de Guatemala. Sus cálidas y tranquilas
aguas, así como sus volcanes —Atitlán, Tolimán y San
Pedro— proporcionan una postal natural difícil de encontrar.
Para muchos de los visitantes de todo el mundo, su nombre es sinónimo
de belleza, perfección, sosiego e inmejorable sitio turístico.
Pero además de ser uno de los lugares más visitados del país,
a sus orillas, comunidades de sabiduría kaqchikel, quiché, tzutujil
y ladina, hacen de éste su medio de supervivencia; en consecuencia, como
desagüe. También los hoteles, chalets y fábricas, lo que provoca
su contaminación.
Así las cosas, el lago más bello del mundo podría convertirse
en el más insalubre del planeta, por lo menos eso es lo que alerta la
Autoridad para el Manejo Sustentable de la Cuenca del Lago Atitlán y su
Entorno (Amsclae), que reporta que la mayor contaminación de este lugar
proviene de desechos sólidos y líquidos.
Estudios hidrogeológicos de la Universidad de San Carlos de Guatemala
han determinado que estas aguas tienen un período de renovación
de más de 128 años; lo que indica que los contaminantes que ingresan
hoy saldrán del mismo dentro de esa cantidad de tiempo, aproximadamente.
Julieta Sandoval se dio a la tarea de investigar qué se está haciendo
para evitar que el problema siga creciendo y, claro está, hacer conciencia
en sus habitantes y turistas, para que contribuyan a los esfuerzos de saneamiento.
Porque, como dice el lugareño Pedro Antonio Jacinto, uno de los entrevistados
por nuestra reportera, “el lago de Atitlán es de todos, y por eso
tenemos que cuidarlo”. |