Mi hijo es un milagro
Después de un año de terapia,
Gabriel sobrevivió al
cáncer.
El 24 de octubre, mi hijo cumplió 4 años,
y damos infinitas gracias a Dios porque esté junto a nosotros.
Hace exactamente tres años finalizamos su tratamiento en
la Unidad de Oncología Pediátrica, pues, cuando Gabriel
iba a cumplir 3 meses, un médico nos dijo que tenía
una hernia en uno de sus testículos, en el derecho, y que
debía ser operado de emergencia.
Luego nos comunicaron que se
trataba de un tumor y que debía
ser enviado a patología. Una semana más tarde, una
de las más largas de mi vida, me llamó a mi casa
el médico y me dijo: “Los resultados son buenos, señora;
no se preocupe por nada, era benigno. La espero en mi clínica”.
Fuimos a verlo y allí nos reiteró que la recuperación
era cuestión de tiempo, que mi bebé estaba bien;
incluso me regañó por la cara de preocupación
que tenía. Una vez más expresó: “No
se preocupe por nada”. Pasaron 20 días y noté algo raro;
Gabriel tenía una masa deforme y de gran tamaño en
el testículo. Inmediatamente me presenté en la clínica,
y el médico me dijo, muy fresco: “Ya me recordé de
usted”. Le pidió el expediente de mi hijo a su secretaria
y, en ese momento, mi mundo se vino abajo; sentí morirme
cuando leyó el resultado de la patología: cáncer. Mi bebé tenía cáncer, era un tumor maligno, y había
vuelto a crecer. No quiero hablar de la negligencia de ese médico, pues
aprendí que Dios tiene un propósito para cada uno de nosotros,
y para que sus planes se cumplan, algunas veces nos llevará por caminos
difíciles, aunque nos duela, pero tenemos que aprender a ser barro en
sus manos. Estábamos desesperados, no sabíamos a quién recurrir, no
teníamos los recursos para que recibiera su tratamiento, ya que en un
lugar privado el costo oscila más o menos entre Q300 mil y Q350 mil, y
en el IGSS me dijeron que me tenía que esperar para una cita. El cáncer
avanzaba, y cada día que pasaba era un día perdido para la vida
de mi hijo. Gracias a la ayuda de una compañera de trabajo (que fue como
un ángel enviado por Dios), llegué a la clínica de un médico
que nos dijo que trabajaba en la Fundación Ayúdame a Vivir, y allí nos
atendieron sin preguntarnos si teníamos dinero para pagar. Nos recibieron
y le hicieron todos los exámenes y tomografías a Gabriel; en menos
de una semana lo admitieron para quimioterapia. Fue un año difícil,
duro, y muchas veces perdí la esperanza y casi tiré la toalla,
pero Dios me dio su fortaleza para seguir adelante y para aprender a depender
de Él. Hoy mi hijo está sano, ¡está bien! Lucrecia Alonso de López
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
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