Yuri Melini
De médico a ecologista
Al director
de Calas lo que más le sorprende de la naturaleza
es ver llover “en horizontal”.
Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Carlos Sebastián
Ha recorrido Guatemala en carro, a pie, en camioneta
y por aire. Yuri Melini no oculta la emoción que le produce
hablar acerca del medio ambiente. Su conversación abunda
en datos, fechas y nombres. Ha levantado la voz para hablar de
la situación del agua o para llamar la atención sobre
zonas y especies en peligro.
En el año 2000 fundó el
Centro de Acción Legal, Ambiental y Social de Guatemala
institución que logró que la Comisión Interamericana
de Derechos Humanos (CIDH) admitiera el caso del asesinato de los
trabajadores del Consejo Nacional de Áreas Protegidas, Edwin
Haroldo Ochoa y Julio Vásquez, ocurrido en 2000. De apellido
italiano (su bisabuelo vino en el siglo XIX), de adolescente conoció a
Mario Dary Rivera quien, dice, influyó en él.

“Calas empieza con
una mano adelante y otra atrás”. |
¿Dónde conoció a
Dary Rivera?
Yo estudiaba el bachillerato en el Instituto Nacional Central para
Varones. Dentro de las tareas para graduarnos requeríamos
hacer un seminario de estudio, el famoso temario. La promoción
de 38 alumnos decidió hacerlo sobre la contaminación
en la ciudad de Guatemala.
Estoy hablando de 1979 y el tema iba
ligado al humo negro y al ruido que se provocaba en la 9ª avenida
y 9ª. calle de la zona 1. Un compañero, José Antonio
González, que trabajaba en una farmacia cercana a La Recolección
llegó al otro día con el nombre de Dary, director
del Jardín Botánico, también de la Escuela
de Biología, del Zoológico La Aurora, tenía
el programa de Estudios Ambientales y estaba fundando el Biotopo
del Quetzal.
Yo tuve, para satisfacción, una oportunidad
muy grande de conocerlo y compartir con él; viajar, acompañarlo,
aprender. Yo lo llamaba por teléfono y platicábamos.
Me impresionó su conocimiento enciclopédico y su
erudición, era un tipo que hablaba de cualquier cosa con
propiedad, con mediación pedagógica y habilidad para
enseñar y comunicar. Un recorrido con él de Guatemala
a Salamá era toda una cátedra.
¿Cuál fue el primer lugar al que lo acompañó?
Al Biotopo del Quetzal, lo estaban
construyendo. Con él
aprendí conceptos que han ido conmigo toda mi vida, como
el de la lluvia en horizontal, la función de las zonas
de recarga hídrica. Por eso trabajo ahora el tema del
agua. Su muerte fue un asunto trágico. Una vez me recuerdo
que me encontré en la puerta de la Rectoría a Juan
Mario, su hijo, el actual ministro de Ambiente, yo iba a hablarle
para que no se postulara para rector. Yo tenía 17 años.
De todos los alumnos de la promoción ¿sólo
usted lo conoció a fondo?
Sí, porque yo era el dirigente
del seminario. Fuimos con otros compañeros pero a mí me
ligó el tema.
Estaba decidiendo qué estudiar, yo quería Ciencias
Políticas y Sociales, pero estábamos en los años
de mayor represión, en 1980, y hubo un conflicto familiar
muy grande. En lugar de recibir apoyo, fue una crítica
absoluta: “Te
van a matar, para qué querés hacer eso”.
Mi orientación vocacional tenía como una de las
vetas la medicina. Estudié esa carrera, me licencié,
pero estaba ahí y no estaba. Dary había sido electo
rector y en los primeros seis meses lo asesinaron, el 16 de diciembre
de 1981, fue una situación muy trágica, muy impactante.
¿Dónde se enteró de su
muerte?
Yo iba en el Periférico, en
un ruletero y escuché en
la radio la noticia. Me entristeció, para mí era
un duelo muy profundo. Al llegar a la zona uno, tomé un
teléfono y llamé a Juan Mario para que me confirmara
que habían asesinado a su papá. Lloré mucho,
me afectó. Fuimos al otro día al funeral a Los
Cipreses. Con Juan Mario nos acercamos a donde lo sepultaron
y le echamos algunas ramas secas dentro que para nosotros era
un símbolo.
¿Ejerció la medicina?
Tuve la suerte de graduarme cuando
tenía 23 años. Regalé el
título y dije: “Aquí está lo que mi familia
quería”.
Empecé con cosas diferentes, la primera fue una serie de negocios
familiares para tener estabilidad económica. Posteriormente ingresé a
la Escuela Centroamericana de Relaciones Internacionales de la Escuela
de Diplomacia del Ministerio de Relaciones Exteriores. Empecé a
avanzar hasta que a don Vinicio Cerezo se le antojó clausurarla.
Hice estudios que nunca se concluyeron.
¿En qué momento se involucró en la
ecología?
Uno de mis hermanos, Edwin, quien
es abogado, llegó a la directiva del
Primer Congreso Nacional de Profesionales, organizado por la asamblea
en 1988, y allí conocí a Gladys Tobar, del colegio
de humanistas. Ella es pareja de Ismael Ponciano, el entonces director
del Cecon, quien junto a Juan Mario Dary, Julio Obiols Gómez
y Juan de Dios Calle decidieron crear la Fundación Mario
Dary Rivera. Gladys le dijo a mi hermano que estaban buscando un
director ejecutivo. Se abrió esa puerta otra vez. Llevé la
documentación
y me entrevistó don Julio Obiols Gómez, el presidente
de Fundary. Yo diría que después de Dary la persona que
más me impactó en
la vida fue don Julio, acaba de morir en marzo de este año. Él
fue mi verdadero mentor en el tema ambiental, el otro fue mi motivador.
Me nombraron director ejecutivo y me tocó ahondar en el tema
de la gestión ambiental.
La Fundación fue establecida para intermediar en la gestión
del sistema de biotopos de la Universidad de San Carlos. Entramos en
el ámbito
de la cooperación y a la Unión Mundial para la Naturaleza.
¿Cuánto tiempo fue director
de Fundary?
Estuve de 1990 a 1993. Esos tres años
me dieron oportunidad de participar en la Cumbre de la Tierra;
en la Conferencia de diversidad biológica,
en la Cumbre de la Tierra de Río y en la Conferencia Mundial
de Sociedad Civil Raíces de Futuro, en París. Allí conocí a
Marta Pilón de Pacheco con quien desde entonces guardamos
una amistad y un cariño
muy respetuoso. Recordamos siempre la anécdota de pasar juntos
una Navidad en París. Ella fue una pionera del tema ambiental
.
En corto...
> Yuri
Giovanni Melini
estudió Medicina en la
Universidad de San Carlos de Guatemala. > De
1990 a 1993 fue
director ejecutivo de la
Fundación Mario Dary
Rivera, Fundary.
> Fue asesor
de The
Nature Conservacy, en México
> Para la misma organización y otros organismos
institucionales trabajó dos
años
y medio en Petén.
> Fue director ejecutivo del Instituto de Derecho
Ambiental y Desarrollo Sostenible, Ideas.
> En febrero del año 2000 fundó el
Centro de Acción Legal,
Ambiental y Social de Guatemala,
del que es director general. cuatro
grupos de Alta y Baja Verapaz,
los cuales participan en una muestra
departamental de teatro. |
Con Fundary avanzamos en el tema
de consolidar las áreas protegidas, avanzar en un sueño
que a la Fundación se le hizo realidad casi 20 años
después, la declaratoria de Punta de Manabique como área
protegida. Un colega, Nicolás Pelicó y yo entramos
en la avanzada para ganar la confianza de las comunidades en Punta
de Manabique en 1990 y 1991. Un lugar tan lejano, tan hermoso,
tan prístino.
¿Qué trabajo efectuó cuando
estuvo fuera de Guatemala?
La gente de Nature Conservacy me invitó a trabajar con ellos,
inicialmente a prestar una asesoría a un socio en México.
Trabajé como 14 meses como asesor internacional de desarrollo
institucional de Pro Natura México. Pasó el tiempo
hasta que TNC empezó a desarrollar un proyecto grande en
Guatemala, en la biosfera maya. Me vine a colaborar en ese proyecto.
Tuve una de mis mejores etapas en Petén, viví allí alrededor
de dos años y medio. Fui testigo de cómo el sur de
Petén, desde Poptún, se empezó a perder. Eran
aquellos bosques frondosos. Ahora sobrevuelo el área, he
llevado diputados y ministros a ver el deterioro, es una pérdida
absoluta y cada vez es más.
¿Cree que la carretera tuvo
que ver?
Por supuesto, fue un factor, pero no sólo la carretera en
sí sino la falta de mecanismos de control porque hay una
carretera entre Tikal y Santa Elena y el parque está íntegro.
¿En qué momento surgió Calas?
En una de estas etapas tuve la suerte de conocer a Edmundo Vásquez
Paz, ingeniero económico, el hijo del doctor Edmundo Vásquez
(Martínez). Años después fui el responsable
de la organización en el país del Primero Encuentro
Mesoamericano de Miembros de la Unión Mundial para la Naturaleza,
en Quetzaltenango. Allí trabajamos con Edmundo y dos años
después, cuando terminó mi contrato en Petén
viajé por Europa y Estados Unidos. Edmundo y su esposa formaron
en 1992 el Instituto de Derecho Ambiental y Desarrollo Sostenible,
Ideas y en 1997 me invitaron a colaborar con ellos en un programa
nuevo de capacitación. Trabajé en Ideas hasta llegar
a ser el director ejecutivo. En el año 2000 decidí separar
mi trabajo más en la óptica de lo político,
la incidencia y la participación e Ideas era más
dedicada a los temas académicos conceptuales y formativos.
Decidí fundar Calas.
¿Con qué financiamiento comenzaron?
Calas empezó con una mano adelante y otra atrás. Tengo que rendir
un reconocimiento público a la persona que más creyó en
este proyecto, Ricardo Stein, que en ese entonces era director ejecutivo de la
Fundación Soros. Ellos fueron los primeros que le apostaron a este
proyecto. Luego empezamos a competir por proyectos.
¿Cuál ha sido la batalla más difícil
que ha librado?
El tema de la lucha contra el poder paralelo me ha puesto mucho
a pensar, no por las amenazas de muerte, las asumo como parte
de mi trabajo. Si yo tuviera que hablar de la batalla legal más difícil, tal vez la más
frustrante, fue haber logrado la concertación política en el Congreso
para aprobar la Ley de Aguas y que fueran los pueblos en el altiplano los que
se opusieran cuando ellos iban a ser los más beneficiados. Me causó mucha
tristeza. Alguien le llenó la cabeza a la gente en Totonicapán
y nos hicieron desastre un asunto que me había llevado un año.
¿Qué es lo que más
le sorprende de la naturaleza?
El ciclo del agua. Es un milagro cuando usted ve cómo el agua viene en
horizontal, en vapor, cómo llega a los árboles, escurre y brota.
Lo que más me sorprende es estar en un bosque nuboso y ver llover
en horizontal, la gente no lo entiende.
¿Qué piensa de la quema del
Diablo?
Tiene que ver con una parte del ambiente
que es la identidad cultural, las tradiciones son parte de esto.
No está mal quemar la piñata del diablito. Es
malo si agarramos colchones, plásticos, llantas y les
prendemos fuego, porque las dioxinas que producen son cancerígenas.
Nosotros vivimos en un ecosistema urbano que es diferente a uno
forestal y la cultura de las personas es importante. ¿Cómo
se manda un mensaje para que sea racional? Eso tiene que ver
con educación y sensibilización. La educación
ambiental no sólo se hace con los niños, sino,
sobre todo con los adultos, porque las prácticas y las
costumbres hay que corregirlas. |