Semanario de Prensa Libre • No. 125• 26 de Noviembre de 2006

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D frente

Yuri Melini
De médico a ecologista
Al director de Calas lo que más le sorprende de la naturaleza es ver llover “en horizontal”.

Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Carlos Sebastián

Ha recorrido Guatemala en carro, a pie, en camioneta y por aire. Yuri Melini no oculta la emoción que le produce hablar acerca del medio ambiente. Su conversación abunda en datos, fechas y nombres. Ha levantado la voz para hablar de la situación del agua o para llamar la atención sobre zonas y especies en peligro.

En el año 2000 fundó el Centro de Acción Legal, Ambiental y Social de Guatemala institución que logró que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) admitiera el caso del asesinato de los trabajadores del Consejo Nacional de Áreas Protegidas, Edwin Haroldo Ochoa y Julio Vásquez, ocurrido en 2000. De apellido italiano (su bisabuelo vino en el siglo XIX), de adolescente conoció a Mario Dary Rivera quien, dice, influyó en él.

“Calas empieza con una mano adelante y otra atrás”.

¿Dónde conoció a Dary Rivera?

Yo estudiaba el bachillerato en el Instituto Nacional Central para Varones. Dentro de las tareas para graduarnos requeríamos hacer un seminario de estudio, el famoso temario. La promoción de 38 alumnos decidió hacerlo sobre la contaminación en la ciudad de Guatemala.

Estoy hablando de 1979 y el tema iba ligado al humo negro y al ruido que se provocaba en la 9ª avenida y 9ª. calle de la zona 1. Un compañero, José Antonio González, que trabajaba en una farmacia cercana a La Recolección llegó al otro día con el nombre de Dary, director del Jardín Botánico, también de la Escuela de Biología, del Zoológico La Aurora, tenía el programa de Estudios Ambientales y estaba fundando el Biotopo del Quetzal.

Yo tuve, para satisfacción, una oportunidad muy grande de conocerlo y compartir con él; viajar, acompañarlo, aprender. Yo lo llamaba por teléfono y platicábamos. Me impresionó su conocimiento enciclopédico y su erudición, era un tipo que hablaba de cualquier cosa con propiedad, con mediación pedagógica y habilidad para enseñar y comunicar. Un recorrido con él de Guatemala a Salamá era toda una cátedra.

¿Cuál fue el primer lugar al que lo acompañó?

Al Biotopo del Quetzal, lo estaban construyendo. Con él aprendí conceptos que han ido conmigo toda mi vida, como el de la lluvia en horizontal, la función de las zonas de recarga hídrica. Por eso trabajo ahora el tema del agua. Su muerte fue un asunto trágico. Una vez me recuerdo que me encontré en la puerta de la Rectoría a Juan Mario, su hijo, el actual ministro de Ambiente, yo iba a hablarle para que no se postulara para rector. Yo tenía 17 años.

De todos los alumnos de la promoción ¿sólo usted lo conoció a fondo?

Sí, porque yo era el dirigente del seminario. Fuimos con otros compañeros pero a mí me ligó el tema. Estaba decidiendo qué estudiar, yo quería Ciencias Políticas y Sociales, pero estábamos en los años de mayor represión, en 1980, y hubo un conflicto familiar muy grande. En lugar de recibir apoyo, fue una crítica absoluta: “Te van a matar, para qué querés hacer eso”. Mi orientación vocacional tenía como una de las vetas la medicina. Estudié esa carrera, me licencié, pero estaba ahí y no estaba. Dary había sido electo rector y en los primeros seis meses lo asesinaron, el 16 de diciembre de 1981, fue una situación muy trágica, muy impactante.

¿Dónde se enteró de su muerte?

Yo iba en el Periférico, en un ruletero y escuché en la radio la noticia. Me entristeció, para mí era un duelo muy profundo. Al llegar a la zona uno, tomé un teléfono y llamé a Juan Mario para que me confirmara que habían asesinado a su papá. Lloré mucho, me afectó. Fuimos al otro día al funeral a Los Cipreses. Con Juan Mario nos acercamos a donde lo sepultaron y le echamos algunas ramas secas dentro que para nosotros era un símbolo.

¿Ejerció la medicina?

Tuve la suerte de graduarme cuando tenía 23 años. Regalé el título y dije: “Aquí está lo que mi familia quería”. Empecé con cosas diferentes, la primera fue una serie de negocios familiares para tener estabilidad económica. Posteriormente ingresé a la Escuela Centroamericana de Relaciones Internacionales de la Escuela de Diplomacia del Ministerio de Relaciones Exteriores. Empecé a avanzar hasta que a don Vinicio Cerezo se le antojó clausurarla. Hice estudios que nunca se concluyeron.

¿En qué momento se involucró en la ecología?

Uno de mis hermanos, Edwin, quien es abogado, llegó a la directiva del Primer Congreso Nacional de Profesionales, organizado por la asamblea en 1988, y allí conocí a Gladys Tobar, del colegio de humanistas. Ella es pareja de Ismael Ponciano, el entonces director del Cecon, quien junto a Juan Mario Dary, Julio Obiols Gómez y Juan de Dios Calle decidieron crear la Fundación Mario Dary Rivera. Gladys le dijo a mi hermano que estaban buscando un director ejecutivo. Se abrió esa puerta otra vez. Llevé la documentación y me entrevistó don Julio Obiols Gómez, el presidente de Fundary. Yo diría que después de Dary la persona que más me impactó en la vida fue don Julio, acaba de morir en marzo de este año. Él fue mi verdadero mentor en el tema ambiental, el otro fue mi motivador. Me nombraron director ejecutivo y me tocó ahondar en el tema de la gestión ambiental. La Fundación fue establecida para intermediar en la gestión del sistema de biotopos de la Universidad de San Carlos. Entramos en el ámbito de la cooperación y a la Unión Mundial para la Naturaleza.

¿Cuánto tiempo fue director de Fundary?

Estuve de 1990 a 1993. Esos tres años me dieron oportunidad de participar en la Cumbre de la Tierra; en la Conferencia de diversidad biológica, en la Cumbre de la Tierra de Río y en la Conferencia Mundial de Sociedad Civil Raíces de Futuro, en París. Allí conocí a Marta Pilón de Pacheco con quien desde entonces guardamos una amistad y un cariño muy respetuoso. Recordamos siempre la anécdota de pasar juntos una Navidad en París. Ella fue una pionera del tema ambiental .

En corto...

> Yuri Giovanni Melini
estudió Medicina en la
Universidad de San Carlos de Guatemala.

> De 1990 a 1993 fue
director ejecutivo de la
Fundación Mario Dary
Rivera, Fundary.

> Fue asesor de The Nature Conservacy, en México

> Para la misma organización y otros organismos institucionales trabajó dos años y medio en Petén.

> Fue director ejecutivo del Instituto de Derecho Ambiental y Desarrollo Sostenible, Ideas.

> En febrero del año 2000 fundó el Centro de Acción Legal, Ambiental y Social de Guatemala, del que es director general. cuatro grupos de Alta y Baja Verapaz, los cuales participan en una muestra departamental de teatro.

Con Fundary avanzamos en el tema de consolidar las áreas protegidas, avanzar en un sueño que a la Fundación se le hizo realidad casi 20 años después, la declaratoria de Punta de Manabique como área protegida. Un colega, Nicolás Pelicó y yo entramos en la avanzada para ganar la confianza de las comunidades en Punta de Manabique en 1990 y 1991. Un lugar tan lejano, tan hermoso, tan prístino.

¿Qué trabajo efectuó cuando estuvo fuera de Guatemala?

La gente de Nature Conservacy me invitó a trabajar con ellos, inicialmente a prestar una asesoría a un socio en México. Trabajé como 14 meses como asesor internacional de desarrollo institucional de Pro Natura México. Pasó el tiempo hasta que TNC empezó a desarrollar un proyecto grande en Guatemala, en la biosfera maya. Me vine a colaborar en ese proyecto. Tuve una de mis mejores etapas en Petén, viví allí alrededor de dos años y medio. Fui testigo de cómo el sur de Petén, desde Poptún, se empezó a perder. Eran aquellos bosques frondosos. Ahora sobrevuelo el área, he llevado diputados y ministros a ver el deterioro, es una pérdida absoluta y cada vez es más.

¿Cree que la carretera tuvo que ver?

Por supuesto, fue un factor, pero no sólo la carretera en sí sino la falta de mecanismos de control porque hay una carretera entre Tikal y Santa Elena y el parque está íntegro.

¿En qué momento surgió Calas?

En una de estas etapas tuve la suerte de conocer a Edmundo Vásquez Paz, ingeniero económico, el hijo del doctor Edmundo Vásquez (Martínez). Años después fui el responsable de la organización en el país del Primero Encuentro Mesoamericano de Miembros de la Unión Mundial para la Naturaleza, en Quetzaltenango. Allí trabajamos con Edmundo y dos años después, cuando terminó mi contrato en Petén viajé por Europa y Estados Unidos. Edmundo y su esposa formaron en 1992 el Instituto de Derecho Ambiental y Desarrollo Sostenible, Ideas y en 1997 me invitaron a colaborar con ellos en un programa nuevo de capacitación. Trabajé en Ideas hasta llegar a ser el director ejecutivo. En el año 2000 decidí separar mi trabajo más en la óptica de lo político, la incidencia y la participación e Ideas era más dedicada a los temas académicos conceptuales y formativos. Decidí fundar Calas.

¿Con qué financiamiento comenzaron?

Calas empezó con una mano adelante y otra atrás. Tengo que rendir un reconocimiento público a la persona que más creyó en este proyecto, Ricardo Stein, que en ese entonces era director ejecutivo de la Fundación Soros. Ellos fueron los primeros que le apostaron a este proyecto. Luego empezamos a competir por proyectos.

¿Cuál ha sido la batalla más difícil que ha librado?

El tema de la lucha contra el poder paralelo me ha puesto mucho a pensar, no por las amenazas de muerte, las asumo como parte de mi trabajo. Si yo tuviera que hablar de la batalla legal más difícil, tal vez la más frustrante, fue haber logrado la concertación política en el Congreso para aprobar la Ley de Aguas y que fueran los pueblos en el altiplano los que se opusieran cuando ellos iban a ser los más beneficiados. Me causó mucha tristeza. Alguien le llenó la cabeza a la gente en Totonicapán y nos hicieron desastre un asunto que me había llevado un año.

¿Qué es lo que más le sorprende de la naturaleza?

El ciclo del agua. Es un milagro cuando usted ve cómo el agua viene en horizontal, en vapor, cómo llega a los árboles, escurre y brota. Lo que más me sorprende es estar en un bosque nuboso y ver llover en horizontal, la gente no lo entiende.

¿Qué piensa de la quema del Diablo?

Tiene que ver con una parte del ambiente que es la identidad cultural, las tradiciones son parte de esto. No está mal quemar la piñata del diablito. Es malo si agarramos colchones, plásticos, llantas y les prendemos fuego, porque las dioxinas que producen son cancerígenas. Nosotros vivimos en un ecosistema urbano que es diferente a uno forestal y la cultura de las personas es importante. ¿Cómo se manda un mensaje para que sea racional? Eso tiene que ver con educación y sensibilización. La educación ambiental no sólo se hace con los niños, sino, sobre todo con los adultos, porque las prácticas y las costumbres hay que corregirlas.


   

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