Primeras letras
Después de 1821 surgieron publicaciones que reseñaban lo que ocurría
en Guatemala y las demás provincias.
Texto y foto por Ingrid Roldán Martínez
Pocos rotativos circularon en la Capitanía
General de Guatemala durante la Colonia, el principal, sin duda,
fue la Gazeta de Goatemala. Sin embargo, antes de la firma del
acta de Independencia surgió en
el istmo lo que se conoció como periodismo combativo, a raíz de
que el rey Fernando VII garantizó la libertad de imprenta en las colonias
americanas. Muchos de los que aparecieron durante esos años hablaban de
la libertad, de valores y trataban de los nuevos decretos que se emitían.
Como testigos de su tiempo, los ejemplares que se editaron registraron, claro
está, hechos y opiniones de lo que estaba ocurriendo.

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En el libro Estudio Histórico del Periodismo Guatemalteco,
Catalina Barrios y Barrios anota que quienes dieron el punto de
partida a ese tipo de periodismo en la región fueron El
Editor Constitucional, fundado por Pedro Molina y El Amigo de la
Patria, de José Cecilio del Valle. Ambos hacían conciencia
acerca de la necesidad de alcanzar la independencia, aunque el
primero era liberal y el segundo conservador.
El Editor Constitucional fue el primer periódico autónomo, después
de que durante la Colonia sólo se conoció la Gazeta oficial. El
Editor llegó a los lectores los lunes del 24 de julio de 1820 al 20 de
agosto de 1821. Se podía adquirir por suscripción semestral, el
precio era de tres pesos seis reales en la capital y cuatro pesos cuatro reales
en las demás provincias. Más adelante tomó el nombre de
El genio de la Libertad.
El Amigo de la Patria se publicó del 16 de octubre de 1820 al 1 de marzo
de 1822. Del Valle incluía secciones en las que hablaba del paisaje, pero
también hacía crítica a los funcionarios públicos.
Además, inició polémicas con el diario El Editor.
Por esos años apareció una pequeña publicación titulada
La Abeja Poblana que en su encabezado destacaba el primer año “de
nuestra independencia” y la frase: “La libertad de imprenta es un
escudo contra la prepotencia y el fanatismo”.
Durante este periodo surgieron además La Tribuna y la Gaceta del Gobierno
Supremo de Guatemala. En esta última dieron a conocer las noticias de
la anexión a México en 1822.
En 1824, El Indicador incluía noticias nacionales y extranjeras, avisos,
noticias acerca de los diplomáticos acreditados en Guatemala y opiniones
del pueblo.
Otro semanario, El Guatemalteco, en su edición del 17 de noviembre de
1827 (que se encuentra en la hemeroteca del Archivo General de Centro América)
hablaba de la invasión de los “San Salvadoreños” (sic)
y su intención de llegar a la capital para saquear los templos y viviendas,
así como de los deberes de los ciudadanos ante la guerra. Éste
se vendía los sábados y se podían adquirir suscripciones
trimestrales “pagadas adelantadas”, el ejemplar costaba un real.
El Diario de Guatemala, del 25 de febrero de 1828 era también de pequeño
tamaño. El número 33, folio 143 empezaba con noticias “estrangeras” (sic).
Hablaba de rebeliones que ocurrían en otros países y de la “heroica
Veracruz”. Contenía la proclama de esa ciudad mexicana.
En los años posteriores también se conocieron El Procurador de
la ley (1830) y El siglo de Lafayette (1831, con más secciones informativas).
La Estafeta, de 1832, contenía un diálogo de compadres que trataba
de chismes de la comunidad, hablaba de los hechos, no de las personas.
El Noticioso Guatemalteco, del 9 de febrero de 1838, mencionaba
la renuncia del doctor Mariano Gálvez ante la Legislatura: “por ser el único
medio legal de hacerlo, lo protesta ahora con el objeto de que este acto de su
desprendimiento sea el medio de que se tranquilicen y depongan toda prevención
aquellos que la tienen de que su perseverancia en el mando será causa
de ajitaciones (sic) y protestas...”
El Editor, un periódico de los tribunales, de 1837, contenía copias
de los fallos pronunciados por la corte, así como comunicados y decretos.
Por esos años, en 1838, El amigo de Guatemala se caracterizaba por ser
literario, político y mercantil. Resumía su “profesión
pública” con la siguiente frase: “Guerra a la demagogia, guerra
a la tiranía”.
Pocos ejemplares se conservan de esas publicaciones, pero sus letras
guardan el espíritu que motivó a expresar en papel lo que antes se hacía
a viva voz y que definieron esos primeros años de nueva nación
centroamericana. |