David de Gandarias
"Soy un músico de la calle"
Era adolescente cuando ingresó al grupo de rock S.O.S.
en la década de los 60. Después sus pasos se
encaminaron a componer música electroacústica.
Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Mynor de León
Pocos meses faltaban para que se
concretara la firma de los Acuerdos de Paz (1985) cuando el músico
David de Gandarias regresó a Guatemala para quedarse. A
principios de los años 70 fue perseguido y encarcelado junto
a los integrantes del grupo S.O.S., con quienes dio su último
concierto en Pavón. Después estudió en el
Conservatorio Nacional, y en 1983 viajó a Europa donde permaneció 14
años. Fue en el viejo continente donde profundizó sus
conocimientos sobre la música electroacústica. De
1996 a la fecha ha compuesto obras basadas en sus investigaciones
etnográficas, porque lo suyo es la búsqueda de un
lenguaje sonoro propio de los guatemaltecos.

“Alguien que
puede pensar en hacer arte en este país, como yo,
seguramente es un alucinado”. |
¿Cuándo actuó por primera vez ante un público?
Creo que fue cuando tenía 12 años, y formaba parte
de un grupo de música popular. Soy un músico de la
calle. En ese tiempo tocaba rock. Después, a los 14 años,
vino una etapa contestataria en la que me integré a S.O.S.
Interpretaba batería y guitarra, pero me consolidé más
como bateriísta.
¿Cómo conoció a los
integrantes de S.O.S.?
Tras responder a un anuncio de prensa en el que se solicitaba a
un nuevo integrante. El grupo estaba formado por algunos de los
notabilísimos de la música popular de ese tiempo:
Rony de León, y Jaime Chavarri, gente ya formada.
¿Eran mayores que usted?
Por supuesto, Rony me llevaba unos 10 años. Llegué,
hice la audición y me dieron el puesto. En esos años
ganabas Q1,500 al mes, muchísimo más de lo que gano
ahora como músico. Éramos artistas populares, grabamos
discos y tuvimos éxito.
¿Qué aportó S.O.S.
en su momento?
Aunque haya sido una especie de asimilación de valores exógenos
(tocaban versiones de éxitos en inglés), no compartíamos
el sistema represivo de la época. No hicimos un aporte desde
el punto de vista musical, aunque sí teníamos un
profesionalismo que raramente he visto en grupos contemporáneos.
Una actitud de carácter político, así lo interpretó el
sistema y por eso nos reprimieron, nos torturaron durante una semana
como que si fuéramos delincuentes.
¿Cuándo sucedió esto?
Fue a raíz del concierto Será una bella mañana,
que ofrecimos al final de la Avenida de Las Américas, el
1 de noviembre de 1970, junto a otras bandas. A éste llegaron
los “judiciales”, como les llamábamos en ese
tiempo. Sentimos esa presión, teníamos la necesidad
de rebelarnos contra el sistema. En esa época no lo sabía
todavía, después estuve de acuerdo con todo.
¿De acuerdo con qué?
Con (Herbert) Marcuse, con toda la ideología de liberación
y entendí que en ese momento nosotros estábamos poniendo
en crisis el funcionamiento de ese sistema que, desgraciadamente,
es el que ahora nos agobia.
¿Cuánto tiempo después de la presentación
los capturaron?
El concierto fue domingo y el viernes ya estaba en
prisión.
El lunes habían capturado a Rony, y el martes agarraron
a todos los demás. A mí, como me avisaron, me escondí en
la casa del Canche (Arturo) Rosales, aquel cuate que toca piano
y que se había graduado en París. Es un gran músico.
¿Como lo localizaron?
Me fueron a buscar a la zona 2. De repente entraron, y nos agarraron,
al Canche y a mí. No teníamos ni siquiera marihuana,
nada. A él no le hicieron nada. A mí sí me
metieron en aquellos sótanos del Palacio de la Policía.
Ahí me torturaron, me golpearon con unos tubos y me pusieron
una capucha para que no pudiera respirar. Después de una
semana, llegaron a mi celda unos tipos y me dijeron: “No
queremos que salgás a la calle a tocar nunca más,
si lo hacés, te vamos a matar”, y se fueron.
¿Por qué resultaron en Pavón?
Porque nos acusaron de posesión, tráfico, consumo
de drogas y atentar contra el Estado. Eran como 12 cargos. Fui
a conocer Pavón.
¿Cómo era el lugar?
Como un pueblo de delincuentes. Lo que pasa es que nosotros éramos
adorados por la gente. Cuando llegamos, los reclusos nos trataron
con una deferencia impresionante, decían: “A aquellos
no los vaya a tocar”. No sabíamos nada. Rony habló.
Yo era un güiro, ni siquiera había cumplido los 18
años, tenía 17. Pasé la Navidad allí.
Como vimos ese trato, pedimos los instrumentos y ensayábamos.
Nos dieron el salón mayor. Ofrecimos un concierto extraordinario
para la celebración de la Navidad del 70. Fue el último
que dimos como S.O.S.
¿Cuándo salieron?
En enero de 1971, porque se demostró que todo había
sido un montaje.
¿Qué camino tomó después?
Me metí en la pintura. Soy hijo y nieto de gente de la plástica
(descendiente de Justo de Gandarias). Después de algunos
meses de estar en eso, decidí seguir en la música,
y me metí al Conservatorio para estudiar percusión.
Jorge Sarmientos era el maestro, ya me conocía, pues habíamos
tocado juntos en los bares. Cuando llegué el primer día
a la clase me pidió que tocara un redoble y les comentó a
los demás alumnos: “Así tienen que hacerlo”.
Me dijo: “mañana véngase a la Sinfónica
de una vez”. Toqué percusión 10 años con
esta agrupación, los mismos que estudié en el Conservatorio.
Ese fue el mejor gesto que hizo Jorge conmigo. Después, cuando
vio que yo iba creciendo como un posible contrincante, trató de
aplastarme. La generación nuestra creció a pesar de él.
¿Fue en esta época cuando conoció a Joaquín
Orellana?
Fue cuando entré al Conservatorio. Yo he sido músico
desde siempre, empecé a hacer instrumentos en mi casa, con
mi hermano. El encuentro con
Joaquín fue muy afín, él ya había conceptualizado
un lenguaje, una relación semántica entre los significantes
sonoros y lo que se quiere decir; había una reflexión
que nosotros, por supuesto, no teníamos. Fue genial el encuentro.
¿Esto le abrió los ojos a
otras posibilidades?
Yo creo que a
Joaquín le debo la manera de pensar la música. Soy
alumno suyo. Aprendí tantísimo con él, a pensar
la música, de qué se trata, qué sentido tiene,
de dónde viene, a dónde va.
¿Cómo fue la transición
de Guatemala a
Europa?
Me recibí en los 80, creo que en 1983. Inmediatamente me fui.
Vendí todo. Primero llegué a Francia, pero apenas me
topé con los franceses me di cuenta de que era imposible que
yo estudiara allí. Viajé a Italia, donde me dieron
una ayuda del Instituto Italo Latinoamericano. Con el dinero que
había juntado me mantuve unos seis meses, después empecé a
dar clases. El segundo año me dieron una beca y así continuó la
cosa. Guatemala era inhabitable en ese tiempo. Pienso que si me hubiera
quedado no sería lo que soy. Yo quería irme para aprender
y para poder vivir.
¿Cómo se desenvuelve la música electroacústica
en un medio como el guatemalteco?
Simplemente no se desenvuelve.
Vida de músico...
> David de Gandarias nació en
1952. Compositor e ingeniero musical. Ha sido percusionista,
pianista y productor discográfico. Fue director
de Radio Universidad.
> Se graduó en
el Conservatorio Nacional de Música de Guatemala.
Después, en los conservatorios Gioacchino Rossini
de Pesaro y el de Santa Cecilia de Roma, en Italia. Se
graduó de ingeniero musical en el Departamento
de Investigación Digital de la GEM en Mondaino,
Emilia Romagna.
> Su trabajo ha
sido presentado en varios países de América,
Europa y Medio Oriente.
> Es autor, entre
otros, de los discos compactos Percusos de Hormigo, Senderos
de Silicio (1998), para marimba y computadora; Uremu
(2000), del grupo Ibimeni; La buga (2002) y Microcerculus
(2006) grabado en Cerro San Gil. Su próximo proyecto
es con la comunidad achi' de Rabinal, Baja Verapaz.. |
¿Entonces cuál es el propósito
de hacerla?
No sé, es una cuestión personal, maniática,
si querés. Hace un par de años me invitó el
Ministerio de Cultura de España a una estadía que duró un
par de meses y después me fui a Italia a dar unas conferencias.
Allá me dijeron: ¿te querés quedar? Tal vez
me hubieran pagado seis mil euros, pero me vine a Guatemala. Ya no
voy a irme para allá. Lo que estoy haciendo tiene que ver
con Guatemala, no con ningún otro país.
Si no es lo económico, ¿cuál es su motivación
para permanecer en el país?
Estoy tratando de crear nuestro lenguaje
musical. Entiendo que hemos tenido maestros
antecesores, pero de lo que se trata es de
entrarle a las comunidades, por eso trabajé el disco La Buga.
¿Cree que partir del lenguaje propio pueda tener también
proyección internacional?
Ahorita me acaban de dar un premio
en Francia por Microcerculus. Nosotros
los artistas necesitamos pisto y dije:
les voy a mandar esta obra, porque
sé que es perfecta. Estudié ingeniería
musical, sé qué es lo que estoy haciendo. Mi única
duda era que se trataba de algo muy nuestro. Quedé como tercer
finalista entre 540 músicos. Ellos vieron la perfección
técnica de la obra, pero no la entendieron. Los únicos
que la podemos comprender somos nosotros.
¿Al final, entonces, cual es el papel
del compositor?
Me da pena, porque los compañeros compositores latinoamericanos,
la mayoría de ellos, son gente que se ha dedicado a estar
en el sistema, no han creado nada particular. Si no hacés
cuartetos para cuerdas o escribís para grupitos no sos compositor.
Si te metés a las comunidades a trabajar ¿qué compositor
sos? A mí me interesa estar con ellos y tratar de elaborar
un lenguaje.
¿Qué tipo de proyección
quisiera que tuvieran sus obras?
Quisiera que la gente entendiera
que es música de Guatemala.
Uno hace las cosas porque tiene una especie de ministerio que cumplir
con su trabajo. Soy hijo de este país, las cosas que hago
son de aquí. ¿Cuál es su relación
con Guatemala?
De
odio total y de amor absoluto.
Por supuesto, Guatemala
como madre es mala con
sus hijos artistas, y creo
que casi con todos sus
hijos, de lo contrario
no tendríamos poblaciones
viviendo en la miseria
extrema. Alguien que puede
pensar en hacer arte en
este país,
como yo, seguramente es un
alucinado.
|