Camino por el agua
Si su idea es viajar a Livingston, a través de una ruta
diferente, tome el Río Dulce.
Texto y foro por Ingrid Roldán
Agua, sol y vegetación se combinan en un singular paisaje en el recorrido
en lancha por el Río Dulce hacia Livingston. Si opta por este viaje, se
pondrá en contacto con la naturaleza y con la vida cotidiana de algunas
comunidades q’eqchi’es.
Una buena opción iniciar el
trayecto es el complejo turístico Planeta
Río, al pie del puente. Uno de sus servicios es el Canopy tour sobre los árboles,
un paseo de unos 800 metros en ocho cables de acero, que puede durar como mínimo
unos 45 minutos.

Las
plantas acuáticas
son características del paisaje en El Golfete, de
Río Dulce. |
Desde lo alto percibirá de otra manera la vegetación
y el río. También existe la posibilidad de internarse
en lo senderos dispuestos en un área de tres kilómetros
de esta finca (que mide dos caballerías y media), donde,
si tiene suerte, escuchará a los monos saraguates o aulladores.
El Castillo de San Felipe dista a cinco minutos en lancha y a 15
en carro.
Desde aquí es probable tomar una embarcación. La
jornada hasta su destino final, Livingston, toma más de
un hora en vía directa, aunque es recomendable no ir con
prisas y ocupar tiempo para visitar las comunidades.
Por el trayecto
de El Golfete se observan pequeñas islas con árboles
en las que anidan decenas de aves. Los cuellos blancos de las garzas
asoman entre las ramas mientras otras de distinto color emprenden
el vuelo al menor ruido. El paisaje es extraordinario. Árboles y agua se combinan en una perfecta
postal. Como un acompañante, el Cerro San Gil nos recuerda la importancia
de su conservación para mantener la flora y la fauna.
Habrán pasado unos 30 minutos cuando visualizará una bifurcación
para llegar a la Laguna de los Duarte —conocida también como “mal
cocinado”, por el color oscuro que le ha dado la vegetación y que
la caracteriza—.
Es un cuerpo de agua al que se llega por uno de
los brazos de El Golfete. Antes de tomar el desvío, las plantas acuáticas
reciben al visitante con el más agradable de sus protocolos: enormes hojas
que flotan y de las cuales emergen preciosas florecillas blancas. El silencio
y la calma invitan a permanecer largo rato, inmóviles, dejándose
envolver por los rayos de luz. El tiempo avanza y hay que continuar el camino.
Es agradable ver cómo los habitantes conviven con el agua. Como en una
carretera transitada (aunque no se compara con las de las ciudades), familias
completas, mujeres solas e incluso niños y niñas se desplazan hábilmente
en sus cayucos. Otros permanecen inmóviles durante la pesca, que constituye
una de sus principales actividades de sustento.
Para llegar...
> Planeta Río se
ubica en el kilómetro 274 carretera a Petén,
cerca del puente de Río Dulce. Además de
canopy tiene hotel, restaurante y piscina. La página
electrónica es: plantera-rio.com
> Por esta ruta
circulan los buses Litegua, Fuente del Norte, Maya de Oro. En carro
el trayecto se hace en unas cuatro o cinco horas.
> Del puente hacia
Livingston el itinerario puede tomar tres horas, en excursión.
El viaje directo dura aproximadamente 1.15 Hrs., puede costar Q100, sólo
ida, en una lancha colectiva. Una privada, para ocho personas, cuesta
aproximadamente Q900, la ventaja es que en ésta se visitan más
lugares.
> Otra dirección que se puede consultar
es: happyfishresort.com |
En una de las orillas, el agua de un nacimiento
volcánico se combina con
el río. Los pobladores construyeron una especie de pileta para tomar un
relajante baño tibio. Otra desviación, sobre el río Tatín, lo llevará a
la sede de la Asociación Ak’Tenamit, una organización no
gubernamental que trabaja a beneficio de las comunidades mayas de la región
y de otros departamentos como Alta Verapaz. Aquí, unos 270 estudiantes
reciben instrucción básica y se preparan como peritos en turismo.
En el área se encuentra el nacimiento del mencionado río, lugar
al que, aseguran, baja a tomar agua un jaguar que vive en la montaña vecina.
El lanchero
Rodolfo Espinoza cuenta que Tatín tiene una leyenda: se cree que su nombre
se debe a un pirata de ese apellido que se refugiaba en la región cuando
lo perseguían. Sabía muy bien dónde habían cavernas
y siempre lograba burlar a sus captores. Murió de viejo, en Belice.
De vuelta al cañón, la mayor parte del trayecto ha quedado atrás.
De las empinadas paredes naturales cuelgan plantas que dan un matiz especial
al paisaje. Sin embargo, en las rocas se ven letreros o propaganda política
que desentonan con el entorno.
Poco más adelante hay una enorme peña en la que los pobladores
aseguran que la naturaleza dibujó la figura de un animal y por lo tanto
la llaman: “la vaca echada”.
Poco falta para llegar a la desembocadura
del río, al lugar justo donde éste
se combina con el Mar Caribe y en el cual se encuentran Livingston y todos
sus encantos. Dos opciones para hospedarse son los hoteles Río
Dulce y Salvador Gaviota.
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