Semanario de Prensa Libre • No. 115 • 17 de Septiembre de 2006

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D ciudad

Personaje
El mundo de Doris
El frío, el calor y la lluvia no alejan a esta anciana de la 2a. avenida y 17 calle de la zona 1.

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

De los perros de doña Doris se dicen muchas cosas: Que atacan cuando alguien intenta hacerle daño a ella. Que son mansos y no hacen nada. Que son dos, cuatro o más de seis, la cantidad no se sabe. Lo más reciente que se cuenta de sus canes es que hace unos días unos “patojos” intentaron robarle las monedas de las limosnas que tenía en un “guacalito” y los perros les mostraron su furia a los intrusos.

Desde hace muchos años, nadie sabe cuántos, la escuadra que forma la 2ª. Avenida y la 17 calle, de la zona 1, se ha convertido en el reino de una anciana que nadie sabe cuántos años tiene y cuándo llegó a apoderarse de esas aceras. Los que la han visto poco le dicen “la viejita de los chuchos”, pero los del vecindario la conocen como doña “pulga”.

Pero este apodo, no le agrada en lo más mínimo, por eso la mayoría lo utiliza para referirse a ella cuando no está, porque si los escucha se enfurece y exclama una sarta de palabras donde la más decente es “tu madre...”. Este lenguaje escatológico hace que algunos le griten ¡pulga! y pongan pies en polvorosa o aceleren el vehículo donde marchan.

Ya tiene sus años

Nadie sabe desde cuando esta anciana llegó al lugar. Omar Cuéllar, encargado de una peletería del lugar dice que cuando él llegó a ese negocio hace 3 años, ella ya era la “reina” de la 2ª. avenida, entre 16 y 17 calles. Otras, personas dicen que tiene como 10 ó 15 años de merodear en el lugar y que se ha acostumbrado a vivir ahí porque las cafeterías del lugar le dan comida, e incluso, hay una mujer que, casi como devoción, le lleva café y pan todos los días a las 17 horas.

Uno de los mejores referentes de la vida de esta anciana es Enrique Castro, un lavacarros de la 17 calle, quien dice que ella llegó a mitad de la década de 1980 y que le ha dicho que se llama Doris. Este personaje mantiene constantes roces con la anciana, debido a que la mayor parte del día la pasan en la misma acera. Pero la relación entre ambos es tan agria que muchos vecinos, en tono de broma le dicen que “del amor al odio hay sólo un paso”.

La pregunta que se hacen casi todos los vecinos es ¿Por qué no la recoge una institución de caridad?, pero algunos tienen la respuesta: Ella no quiere irse.

 

Siempre fieles
Los canes no hacen ningún movimiento sin contar con la aprobación de la anciana.

Lo que más llama la atención de esta anciana es que a su lado siempre están algunos perros. Durante la mayor parte del día hay dos o tres, pero por la noche el número aumenta, debido a que, según cuentan los vecinos, a eso de las 9 horas otros dos se alejan de ella para buscar su alimentación y regresan a las 16 o 17 horas. La cantidad aumenta excesivamente cuando alguna de las perras está en época de celo, porque entonces el lugar se ve inundando de canes.

La anciana comparte la comida que le regalan con sus guardianes, por eso, quizá, los animales son muy obedientes. La mayor parte del día la pasan echados a la par de ella y al menor grito de ella se ponen de pie o se echan. No se atraviesan la calle sin la autorización de doña Doris.


   

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