Semanario de Prensa Libre • No. 115 • 17 de Septiembre de 2006

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Punto final

El refrescante ejemplo de California

Por Sergio Muñoz Bata
Ilustración Juan Fernando Rodríguez

Es ya un lugar común en la Unión Americana que California marca la pauta de la innovación, define las tendencias de la sociedad estadounidense y es el estado al que dócilmente siguen el resto de los estados asombrados por su capacidad para imaginar el futuro.

Fue en California donde se desarrolló el modelo de urbanización que redujo la centralidad del zócalo como asiento del poder, plaza comercial y espacio habitacional multifamiliar, y donde se propuso un modelo multipolar en los suburbios con casa propia y espacios verdes para la recreación.

Conectadas por un complejo pero inteligible tejido de supercarreteras de múltiples carriles, tréboles conectores y pasos elevados se construyeron las comunidades que han integrado con éxito a hispanos, asiáticos, blancos y negros, y que hoy se han convertido en modelo nacional de desarrollo multiétnico.

El clima del lugar y el ingenio de los inmigrantes hicieron de Hollywood, la Meca de la industria cinematográfica y en el Valle del Silicio la tecnología de avanzada creó su nicho más original.

Hoy, California vuelve a colocarse a la vanguardia de la innovación con una revolución ambientalista cuya meta es reducir el calentamiento global, que seguramente será imitada en el resto de la nación y que debería servir de refrescante ejemplo para el resto del mundo.

La dotación de agua, la agricultura y las actividades recreativas del estado demandan un clima saludable tanto como los bosques, los desiertos, los ecosistemas marinos y las especies que los habitan. Y yo me pregunto si ¿el agua en México y América Central, la agricultura en los países del cono sur, los bosques de los países andinos y los ecosistemas marinos del caribe no demandan los mismos estándares de California?

El Acta de Soluciones al Calentamiento Global, escrita por la asambleísta demócrata Fran Pavley y el presidente de la Asamblea, Fabián Núñez, obliga al estado a dar los primeros pasos para crear la tecnología y las regulaciones necesarias para reducir las emisiones de carbono a los niveles que tenían en 1990, en un período de 14 años.

Esto implica una reducción de un 25% a las emisiones de los gases de invernadero producidos por las plantas de energía, refinerías, cementeras y servicios públicos Además, exige a la Junta de Recursos del Aire de California que adopte regulaciones que obliguen a las grandes compañías que son fuente de contaminación a reportar las emisiones de gases invernadero para enero de 2008. Quienes reduzcan sus emisiones de gases de invernadero se harán acreedores a un sistema de compensaciones financieras.

California ha sufrido las consecuencias del calentamiento global en el aumento de los niveles del mar que han dañado a las comunidades costeras. La calidad del aire se ha deteriorado de forma constante con el consiguiente incremento de enfermedades y muertes. La pérdida de almacenamiento de nieve en las montañas ha sido tan notable como la dramática alza en las necesidades de energía del estado.

La iniciativa, que según Núñez, “colocará a California a años luz del resto del mundo, que es donde debemos estar cuando se trata de una administración inteligente del ambiente” ha contado también con el respaldo del gobernador Arnold Schwarzenegger, a quien le interesa posicionar a California como el líder mundial en los esfuerzos por reducir las emisiones de carbono.

Lamentablemente, el insólito y bienvenido acuerdo entre la legislatura dominada por los demócratas y el gobernador republicano no ha sido unánime. Mostrando la estrechez de sus metas a futuro, los republicanos californianos inútilmente se opusieron a la ley aduciendo que adoptar regulaciones costosas e inaccesibles sólo conducirá a lanzar a los negocios y empleos a otros estados e incluso a otros países que no tienen un compromiso para mejorar la calidad del aire.

La realidad es que los negocios serán financieramente recompensados por reducir sus emisiones y la industria de tecnología limpia en California renacerá, pero la decisión de California no está exenta de riesgos. La nueva ley, en principio, aumentaría costos a los negocios y a los consumidores. Peor aún, sus beneficios serían casi imperceptibles si otros estados y otras naciones no siguen su ejemplo.

La apuesta de los ambientalistas es que si California reduce la emisión de gases sin reducir el crecimiento económico del estado, (recordemos que si fuera una nación California sería la séptima u octava economía del mundo) no habría razón para que otros estados y otras naciones no hicieran lo propio.

La clave ahora, es probar que el desarrollo económico acelerado no está reñido con la preservación de un medio ambiente sano para las futuras generaciones.


   

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