El refrescante ejemplo de California
Por Sergio Muñoz Bata
Ilustración Juan Fernando Rodríguez
Es ya un lugar común en la Unión Americana que California marca
la pauta de la innovación, define las tendencias de la sociedad estadounidense
y es el estado al que dócilmente siguen el resto de los estados asombrados
por su capacidad para imaginar el futuro.
Fue en California donde se desarrolló el modelo de urbanización
que redujo la centralidad del zócalo como asiento del poder, plaza comercial
y espacio habitacional multifamiliar, y donde se propuso un modelo multipolar
en los suburbios con casa propia y espacios verdes para la recreación.
Conectadas por un complejo pero inteligible tejido de supercarreteras de
múltiples carriles, tréboles conectores y pasos elevados
se construyeron las comunidades que han integrado con éxito a hispanos,
asiáticos, blancos y negros, y que hoy se han convertido en modelo
nacional de desarrollo multiétnico.
El clima del lugar y el ingenio de los inmigrantes
hicieron de Hollywood, la Meca de la industria cinematográfica y
en el Valle del Silicio la tecnología
de avanzada creó su nicho más original.
Hoy, California vuelve a colocarse a la vanguardia de la innovación con
una revolución ambientalista cuya meta es reducir el calentamiento global,
que seguramente será imitada en el resto de la nación y que debería
servir de refrescante ejemplo para el resto del mundo.
La dotación de agua, la agricultura y las actividades recreativas del
estado demandan un clima saludable tanto como los bosques, los desiertos, los
ecosistemas marinos y las especies que los habitan. Y yo me pregunto si ¿el
agua en México y América Central, la agricultura en los países
del cono sur, los bosques de los países andinos y los ecosistemas marinos
del caribe no demandan los mismos estándares de California?
El Acta de Soluciones al Calentamiento Global, escrita
por la asambleísta
demócrata Fran Pavley y el presidente de la Asamblea, Fabián
Núñez,
obliga al estado a dar los primeros pasos para crear la tecnología
y las regulaciones necesarias para reducir las emisiones de carbono a
los niveles que tenían en 1990, en un período de 14 años.
Esto implica una
reducción de un 25% a las emisiones de los gases de invernadero producidos
por las plantas de energía, refinerías, cementeras y servicios
públicos Además, exige a la Junta de Recursos del Aire de California
que adopte regulaciones que obliguen a las grandes compañías que
son fuente de contaminación a reportar las emisiones de gases invernadero
para enero de 2008. Quienes reduzcan sus emisiones de gases de invernadero se
harán acreedores a un sistema de compensaciones financieras.
California ha sufrido las consecuencias del calentamiento global en
el aumento de los niveles del mar que han dañado a las comunidades costeras. La calidad
del aire se ha deteriorado de forma constante con el consiguiente incremento
de enfermedades y muertes. La pérdida de almacenamiento de nieve en las
montañas ha sido tan notable como la dramática alza en las necesidades
de energía del estado.
La iniciativa, que según Núñez, “colocará a
California a años luz del resto del mundo, que es donde debemos estar
cuando se trata de una administración inteligente del ambiente” ha
contado también con el respaldo del gobernador Arnold Schwarzenegger,
a quien le interesa posicionar a California como el líder mundial en los
esfuerzos por reducir las emisiones de carbono.
Lamentablemente, el insólito y bienvenido acuerdo entre la legislatura
dominada por los demócratas y el gobernador republicano no ha sido unánime.
Mostrando la estrechez de sus metas a futuro, los republicanos californianos
inútilmente se opusieron a la ley aduciendo que adoptar regulaciones costosas
e inaccesibles sólo conducirá a lanzar a los negocios y empleos
a otros estados e incluso a otros países que no tienen un compromiso para
mejorar la calidad del aire.
La realidad es que los negocios serán financieramente
recompensados por reducir sus emisiones y la industria de tecnología
limpia en California renacerá, pero la decisión de California
no está exenta
de riesgos. La nueva ley, en principio, aumentaría costos
a los negocios y a los consumidores. Peor aún, sus beneficios
serían casi imperceptibles
si otros estados y otras naciones no siguen su ejemplo.
La apuesta de los ambientalistas es que si California reduce
la emisión
de gases sin reducir el crecimiento económico del estado, (recordemos
que si fuera una nación California sería la séptima u octava
economía del mundo) no habría razón para que otros estados
y otras naciones no hicieran lo propio.
La clave ahora, es probar que el desarrollo económico acelerado no está reñido
con la preservación de un medio ambiente sano para las futuras generaciones. |