Cataratas
El hallazgo de Tzuul Tak’a
Nunca antes reportada, esta caída
de 115 metros, podría
ser la más alta de Centro América. Se encuentra
en un apartado bosque de la Sierra de las Minas, entre Alta
Verapaz, Izabal y Zacapa. Esta es la crónica de su descubrimiento.
Texto y fotos
Carlos Beteta
En junio de 2002, durante el ascenso al cerro El Picudo, en la
Sierra de las Minas, tuvimos noticias de la posible existencia
de una caída de agua en la región, gracias a Ovidio
Agustín, habitante de la aldea Morán, de Río
Hondo, Zacapa, y gran conocedor de estas montañas. Nos contó que,
al internarse de cacería en la montaña por tres o
cuatro días, había visto, de lejos, un río
que desaparecía. Lo más probable es que se despeñara
en un gran barranco, pero nunca se animó a llegar al borde.
Con esta información, el grupo de montañistas Tzuul
Tak’a mantuvo la inquietud de explorar la región y
encontrar la sospechada catarata. De hecho, desde el año
2000 nuestra actividad se había concentrado en esa sierra,
donde hemos escalado 28 cerros y explorado otras ocho caídas
de agua.

Pajaj. Localizada en Soloma,
Huehuetenango, 100 metros. |
Por fin, la expedición se planificó para el 28 de
noviembre de 2005, con tres montañistas: Luis de la Vega,
José Andrés Quintana y el autor de esta crónica.
Contábamos con tres guías: Misael Aldana, Henry Orellana
y Kelvin Agustín, todos vecinos de Morán, quienes
a pesar de su conocimiento de la región afirmaron nunca
haber visto la catarata. Al pie de la aventura
Partimos el 28 de noviembre hacia Morán, donde pasamos la
noche. A las 5.30 horas del martes 29 salimos a pie por una vereda
estrecha, que por momentos parecía perderse entre bosques
de pino, liquidámbar, zacatales y zarzas. Atravesamos cinco
ríos de aguas limpias y bebibles, sorteando empinadas laderas.
Llegamos a la cumbre de la Sierra tras cinco horas y media de caminata.
Desde allí puede verse, de un lado, la vertiente del Motagua,
en Zacapa, y por el otro, la del Polochic, en Izabal. La selva
es muy exhuberante. Muy poca luz se cuela, aunque todavía
es mediodía.
Los guías nos dijeron que hasta
aquí sólo
se aventura, muy ocasionalmente, algún cazador. Es una zona
remota y no hay vereda definida. La caminata es lenta y agotadora,
por lo inclinado y resbaladizo del terreno. Por si fuera poco, llovió y
se formó abundante lodo. Pasamos otros riachuelos crecidos,
recorriéndolos en su cauce. Para no ser arrastrados por
la corriente, nos sujetábamos de rocas cubiertas de musgo.
Con las manos y los pies nos sujetamos de troncos y raíces al borde de
profundas laderas. A eso de las 14 horas estábamos agotados y deshidratados.
La recomendación de los guías fue acampar en el único sitio
disponible, que ni siquiera era plano, aunque estaba cerca de un pequeño
manantial.
Había espacio sólo para dos tiendas pequeñas y una champa
hecha de nailon y hojas de pacaya. Yo me sentía esmorecer, y los compañeros,
igual. Eran las 14.30 pero estaba oscuro y el cielo lucía nublado, como
anunciando lo que sucedería después: la llegada de la lluvia. Habíamos
caminado ya durante 7 horas y 47 minutos.
La noche pasó con lluvia constante y fuerte. El agua se entró en
las carpas y para colmo, la duda: ¿Encontraríamos algo mañana?
Tercer día: el hallazgo
Empezamos a seguir el curso de un pequeño río, el cual repentinamente
desaparecía. Debe ser el que refería el cazador Agustín.
Sin duda se despeña en un precipicio, que parece ser bastante profundo.
No podemos acercarnos hasta la orilla, porque es una garganta flanqueada por
rocas altas y lisas. No se oye ruido alguno del chorro al caer, pero a lo lejos
se ven las montañas. La altitud en este punto es de mil 405 metros sobre
el nivel del mar.
El caso es que ahora había que buscar una forma de bajar hasta al fondo
del barranco, para ver la catarata desde abajo, si es que la había.
Los exploradores
> El grupo Tzuul Tak’a (nombre del dios del
Cerro y del Valle según la cultura q'eqchi') tiene
12 años de existir y ha tenido hasta nueve miembros.
> A la fecha han escalado los 38 volcanes de Guatemala,
219 cerros (175 de los cuales fueron los primeros montañistas
en ascenderlos).
> Han explorado 35
cataratas, 13 cavernas, 35 lagos y lagunas.
|
Bordeamos el barranco por el lado derecho, abriendo
brecha en la espesa vegetación.
Fuimos descendiendo por una ladera con 55 grados de inclinación. Nos sujetamos
de lo que podíamos: arbustos, bejucos y ramas. Nos amarrábamos
para evitar alguna caída, pues sabemos que la población más
cercana está a no menos de 10 horas a pie. Aquí no llega la señal
del celular ni podría, en caso de urgencia, aterrizar un helicóptero.
Ello por no mencionar que el servicio médico más cercano estaría
en Río Hondo, a unas 18 horas de camino. Sin embargo, nos animaba el deseo
de ver algo que nunca nadie había visto, y de pronto se empezó a
oír el característico ruido de un gran chorro al chocar contra
la roca. La emoción crecía, pero aún no veíamos nada. Tras dos horas y 35 minutos de camino desde la partida del campamento,
llegamos al fondo del precipicio y nos encontramos frente al
portento blanco: una cascada de incomparable belleza, nunca antes
reportada. El altímetro marcó mil
265 metros, lo cual indica que no sólo sería la caída más
alta de Guatemala sino probablemente de Centroamérica, con 115 metros
de altura. Las 19 horas de caminata efectiva (tomando en cuenta el largo camino
de regreso), valieron la pena.
Aquella maravilla no tenía nombre, pues jamás se había sabido
de su existencia, y en un arranque de emoción la bautizamos con el nombre
del grupo: Tzuul Tak’a.
Emprendimos el regreso y llegamos al campamento a eso de las 15
horas. Comimos y nos acostamos temprano. Afortunadamente, esa
noche no llovió. A las
8.41 del día siguiente empezamos el descenso.
Realizamos una segunda expedición, en febrero 2006. En esa ocasión,
la medida con altímetro arrojó el dato de 125 metros de altura.
La diferencia respecto del primer cálculo pudo deberse a que el clima
hace variar la presión barométrica. Por otra parte, la medición
con GPS nos indicó 118 metros de altura, por lo que optamos por quedarnos
con el primer dato: mide no menos de 115 metros. Un espectáculo remoto
La Sierra de las Minas
> Muy mencionada,
pero poco conocida. Es el segundo sistema montañoso
más importante de Guatemala. Abarca 160 kilómetros,
repartidos entre El Progreso, Baja Verapaz, Alta Verapaz,
Zacapa e Izabal.
> Es
la reserva de biosfera más importante
de Guatemala, por sus bosques apartados que proveen
de hábitat a diversas especies.
> El
lugar donde se halló la cascada Tzuul
Tak'a se encuentra en El Estor, Izabal, aunque para
llegar hay que pasar por Zacapa y Alta Verapaz. |
La catarata Tzuul Tak’a se forma por la Quebrada del Picudo, que nace apenas
unos dos kilómetros arriba, alimentada por pequeños riachuelos.
El caudal no es mucho, pero sí lo suficientemente grande como para formar
una caída visible y definida. El chorro blanco cambia de forma por las
ráfagas de viento. Frente a ella, platicamos acerca de
la posibilidad de que aún haya cascadas
sin descubrir en Guatemala. Incluso de que podrían existir otras aún
más altas, sin embargo, la creciente deforestación amenaza con
desaparecerlas para siempre.
Por ahora admiramos el espectáculo de Tzuul Tak’a y pensamos en
el tremento esfuerzo que hará falta para salir de este apartadísimo
sitio. Sin embargo llevamos en los sentidos la alegre sensación de haber
encontrado algo verdaderamente único.
El vuelo del agua
Esta es la lista de las 10 caídas
más
altas de Guatemala.
El
equipo de montañismo Tzuul Tak’a propone las siguientes
como las cascadas de mayor altura en el país. Hasta ahora,
se consideraba al Salto de Chilascó, Baja Verapaz, la más
alta. Aquí se muestra que hay otras tres más altas,
lo cual no disminuye su atractivo ni su valor como destino turístico.
- 1. Tzuul Tak’a, El Estor, Izabal,
115 metros.
- 2. Pajaj, Soloma, Huehuetenango,
100 metros.
- 3. Sin nombre, del río Don Domingo,
Teculután, Zacapa, 90 metros.
- 4. El Santuario, Chuvá,
Quetzaltenango, 80 metros.
- 5. Salto de Tucurú, San Miguel
Tucurú, Alta Verapaz, 70 metros.
- 6. Salto de Chilascó, San Jerónimo,
Baja Verapaz, 70 metros.
- 7. Santa Rosalía I, 65 metros;
Santa Rosaía II, 60 metros,
Teculután, Zacapa.
- 8. Santa Avelina, San Juan Cotzal, Quiché,
60 metros.
- 9. Salto de Granados, Granados,
Baja Verapaz, 40 metros.
- 10. Chorro de Cunén, Cunén,
Quiché, 35 metros.
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