Semanario de Prensa Libre • No. 115 • 17 de Septiembre de 2006

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D cultura

Presto non troppo
Una Novena
...que apareció Primera

Por Paulo Alvarado
presto_non_troppo@yahoo.com

La presentación de la última sinfonía de Beethoven siempre entraña una emoción especial. Es la obra cumbre del revolucionario compositor, consecuente con su arte hasta el final; el enlace extraordinario entre el clasicismo y el romanticismo; la estructura más sólida sobre la que se apoya la originalidad más desbordante; el entendimiento profundo, la sensibilidad genial.

Esa emoción se percibía con claridad en el Gran Teatro del Centro Cultural, prácticamente repleto para la función en que la Orquesta Sinfónica Nacional ofreció la Novena el pasado jueves 31 de agosto, bajo la batuta del director mexicano Eduardo Álvarez. La obertura Coriolano, arrebato breve pero característicamente beethoveniano, sirvió de buen principio y preparó el ánimo de los oyentes. Cuando entró a escena el casi centenar de integrantes del coro, todo presagiaba un recital de grandes cualidades artísticas.

Lastimosamente, el mérito de la velada paró dependiendo más del entusiasmo y la benevolencia del público que del rendimiento musical de los intérpretes, propiamente dicho. La sección de cuerdas, como es habitual, se desempeñó bien y la percusión respondió puntualmente en los momentos tan particulares en que lo exige esta sinfonía. La sección de vientos, a cambio, no parece salir del pantano en el que se encuentra sumida desde hace muchas temporadas. Aun cuando algunos de sus miembros son excelentes músicos, los demás —que no exigen de sí mismos la afinación de grupo ni la precisión armónica que requiere una orquesta profesional— echan a perder el efecto de conjunto. Si a eso se suma el uso de micrófonos (tan innecesarios como desubicados) que recogían sólo parcialmente el sonido del ensamble, lo que el auditorio oyó fue una sonoridad orquestal desequilibrada, aunque no se haya percatado de ello.

Para acabarla de amolar, esa inadecuada microfonía puso en primer plano al coro —y sus serias limitaciones. No sólo distan sus voces de la calidad de los solistas que intervinieron en el célebre último movimiento sino que, amplificadas, atropellaron sin misericordia a la orquesta. El maestro Álvarez tenía razón: hay que cuidar el patrimonio cultural que representa la Sinfónica Nacional, pero no es por esos rumbos.

Al final, la concurrencia ovacionó de pie esta presentación de la Novena. Quizá porque para muchos era la primera... la primera vez que la escuchaban en concierto.

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