Semanario de Prensa Libre • No. 143 • 1 de Abil de 2007

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Punto final

Interrogatorios de la CIA
en la mesa de discusión
Las técnicas para los interrogatorios hechos a sospechosos de terrorismo es uno de los aspectos más criticados al gobierno de Bush; sin embargo, él afirma que son “seguras, lícitas y necesarias”

Por Mark Mazzetti
NYT

Un debate agudo dentro del gobierno de Bush por el futuro del programa de detención e interrogatorios de la CIA ha dejado al organismo sin la autoridad para usar técnicas severas que, según la Casa Blanca, eran necesarias en el caso de sospechosos de terrorismo.

Durante meses, la dependencia ha estado esperando la aprobación del reglamento que daría a los agentes de inteligencia mayor laxitud que a los interrogadores militares, pero que no incluiría algunos de los procedimientos más polémicos que utilizó la dependencia de espionaje en el pasado.

Sin embargo, el debate interno ha dejado el programa de la CIA en un limbo mientras los altos funcionarios se enfrentan por saber dónde establecer los límites en el trato de personas sospechosas. Mientras no se resuelva el debate, los interrogadores de la CIA están autorizados a usar sólo procedimientos aprobados por el Pentágono.

La dependencia ya decidió abandonar algunas técnicas que usó en el pasado, entre ellas la tabla de agua, que induce la sensación de ahogamiento, que los grupos de derechos humanos y algunos legisladores argumentaron que equivalen a la tortura.
Aun cuando no está claro si la CIA tiene algún prisionero bajo su custodia, la Casa Blanca no ha aclarado si están vacías las prisiones secretas. Los métodos para interrogar propuestos por esa institución siguen clasificados como secretos, pero se sabe que podrían incluir la exposición del preso a temperaturas extremas y privación del sueño.

La Suprema Corte falló el año pasado que todos los prisioneros en cautiverio estadounidense deben ser tratados de conformidad con el Artículo Común Tres de las Convenciones de Ginebra que prohibe la humillación y el trato degradante de los prisioneros.

A finales del año pasado, el secretario de la Defensa, Robert M. Gates, provocó un debate sobre si debería ser cerrada la prisión militar en la bahía de Guantánamo en Cuba, y ahora algunos altos funcionarios cuestionan qué tan lejos debería ir el programa.

Ya pasaron seis meses desde que el presidente Bush firmó una iniciativa de ley por la que se autoriza los interrogatorios secretos de la CIA.

La decisión de la Suprema Corte obligó a la Casa Blanca a presionar al Congreso a tener nueva autorización tanto para enjuiciar sospechosos de terrorismo por medio de comisiones militares como para detener e interrogar a otros en cárceles secretas.

Cuando Bush firmó la Ley de comisiones militares, la Casa Blanca calificó el programa de detención de la CIA como “uno de los esfuerzos de inteligencia de mayor éxito en la historia estadounidense”. Sin embargo, desde la aprobación de la iniciativa, altos funcionarios han estado luchando con la orden ejecutiva, pues ley sobre comisiones militares establece que el presidente “emitirá” una orden ejecutiva para exponer lineamientos amplios para los interrogatorios de los detenidos. Algunos grupos de derechos humanos siguen siendo escépticos, aún con la aprobación del Departamento de Justicia respecto a que las nuevas regulaciones sobre los interrogatorios cumplan con las normas internacionales que rigen el trato de los detenidos. Por su parte, algunos legisladores han expresado su enojo porque la Casa Blanca, tras presionar el Congreso para aprobar la ley sobre comisiones militares el año pasado, aún tiene que emitir la orden ejecutiva.

Los senadores Jay Rockefeller y Silvestre Reyes, este último presidente del Comité de inteligencia de la Cámara de Representantes, cuestionaron la necesidad de la red de prisiones secretas de la CIA. Los interrogatorios de sospechosos de terrorismo de alto nivel es uno de los aspectos más criticados de la respuesta del gobierno de Bush a los ataques del 11 de septiembre.

La red de prisiones estuvo envuelta en el secreto hasta que Bush confirmó su existencia durante un discurso pronunciado en septiembre pasado, cuando anunció que los 14 detenidos que quedaban en las cárceles de la CIA serían transferidos a la prisión militar en la bahía de Guantánamo.

Sin embargo, defendió las técnicas para los interrogatorios por considerarlas “seguras, lícitas y necesarias”, y aseguró que el organismo de espionaje seguiría actuando de la misma manera con los sospechosos de terrorismo de alto nivel, incluyendo a los que atrapara en el futuro.


   

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