Interrogatorios de la CIA
en la mesa
de discusión
Las técnicas para los interrogatorios hechos a sospechosos
de terrorismo es uno de los aspectos más criticados al
gobierno de Bush; sin embargo, él afirma que son “seguras,
lícitas y necesarias”
Por Mark Mazzetti
NYT
Un debate agudo dentro del gobierno
de Bush por el futuro del programa de detención e interrogatorios
de la CIA ha dejado al organismo sin la autoridad para usar técnicas
severas que, según la Casa Blanca, eran necesarias en el
caso de sospechosos de terrorismo.
Durante meses, la dependencia ha estado esperando la aprobación del reglamento
que daría a los agentes de inteligencia mayor laxitud que a los interrogadores
militares, pero que no incluiría algunos de los procedimientos más
polémicos que utilizó la dependencia de espionaje en el pasado.
Sin embargo, el debate interno ha dejado el programa de la CIA
en un limbo mientras los altos funcionarios se enfrentan por
saber dónde establecer los límites
en el trato de personas sospechosas. Mientras no se resuelva el debate, los interrogadores
de la CIA están autorizados a usar sólo procedimientos aprobados
por el Pentágono.
La dependencia ya decidió abandonar algunas técnicas que usó en
el pasado, entre ellas la tabla de agua, que induce la sensación de ahogamiento,
que los grupos de derechos humanos y algunos legisladores argumentaron que equivalen
a la tortura.
Aun cuando no está claro si la CIA tiene algún prisionero bajo
su custodia, la Casa Blanca no ha aclarado si están vacías las
prisiones secretas. Los métodos para interrogar propuestos por esa institución
siguen clasificados como secretos, pero se sabe que podrían incluir la
exposición del preso a temperaturas extremas y privación del sueño.
La Suprema Corte falló el año pasado que todos los prisioneros
en cautiverio estadounidense deben ser tratados de conformidad con el Artículo
Común Tres de las Convenciones de Ginebra que prohibe la humillación
y el trato degradante de los prisioneros.
A finales del año pasado, el secretario de la Defensa, Robert M. Gates,
provocó un debate sobre si debería ser cerrada la prisión
militar en la bahía de Guantánamo en Cuba, y ahora algunos altos
funcionarios cuestionan qué tan lejos debería ir el programa.
Ya pasaron seis meses desde que el presidente Bush firmó una iniciativa
de ley por la que se autoriza los interrogatorios secretos de la CIA.
La decisión de la Suprema Corte obligó a la Casa Blanca a presionar
al Congreso a tener nueva autorización tanto para enjuiciar sospechosos
de terrorismo por medio de comisiones militares como para detener e interrogar
a otros en cárceles secretas.
Cuando Bush firmó la Ley de comisiones
militares, la Casa Blanca calificó el programa de detención de
la CIA como “uno de los esfuerzos de inteligencia de mayor éxito
en la historia estadounidense”. Sin embargo, desde la aprobación
de la iniciativa, altos funcionarios han estado luchando con la orden ejecutiva,
pues ley sobre comisiones militares establece que el presidente “emitirá” una
orden ejecutiva para exponer lineamientos amplios para los interrogatorios de
los detenidos. Algunos grupos de derechos humanos siguen siendo escépticos,
aún con la aprobación del Departamento de Justicia respecto a que
las nuevas regulaciones sobre los interrogatorios cumplan con las normas internacionales
que rigen el trato de los detenidos. Por su parte, algunos legisladores han expresado
su enojo porque la Casa Blanca, tras presionar el Congreso para aprobar la ley
sobre comisiones militares el año pasado, aún tiene que emitir
la orden ejecutiva. Los senadores Jay Rockefeller y Silvestre Reyes, este último presidente
del Comité de inteligencia de la Cámara de Representantes, cuestionaron
la necesidad de la red de prisiones secretas de la CIA. Los interrogatorios de
sospechosos de terrorismo de alto nivel es uno de los aspectos más criticados
de la respuesta del gobierno de Bush a los ataques del 11 de septiembre.
La red de prisiones estuvo envuelta en el secreto hasta que Bush confirmó su
existencia durante un discurso pronunciado en septiembre pasado, cuando anunció que
los 14 detenidos que quedaban en las cárceles de la CIA serían
transferidos a la prisión militar en la bahía de Guantánamo.
Sin embargo, defendió las técnicas para
los interrogatorios por considerarlas “seguras, lícitas y necesarias”,
y aseguró que
el organismo de espionaje seguiría actuando de la misma manera con
los sospechosos de terrorismo de alto nivel, incluyendo a los que atrapara
en el futuro. |