Semanario de Prensa Libre • No. 143 • 1 de Abil de 2007

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En primera persona

¡Estoy viva!
Tengo deseos de vivir, de estudiar y de graduarme. En esta vida todo tiene remedio, menos la muerte.

Tengo 15 años y, en 2005, cuando terminaba mi primer año básico, tuve una triste noticia: me detectaron un tumor maligno, denominado osteosarcoma, en mi rodilla izquierda. Pasé por unos momentos terribles, junto a mi familia, que ya se podrán imaginar. Lo peor fue la noticia de que para controlar este mal era necesario amputarme la pierna. Por poco me muero del dolor que eso significaba, y así ingresé a Oncología Pediátrica de Guatemala, en enero de 2006; empecé un tratamiento, doloroso y terrible con mucha quimioterapia, para poder salvar mi vida.

Fue un verdadero calvario. Así, en abril de ese mismo año, después de tres quimioterapias, me amputaron mi pierna. Gracias a Dios, lo he ido superando; me ha costado mucho, porque sólo el hecho de salir de mi casa o de ir a un centro comercial me ha sido difícil, pero, ¿saben? ¡Estoy viva!, por lo que agradezco a Dios y a los médicos y a todo el personal de la Unidad de Oncología Pediátrica (Unop).

Pero esto que les estoy contando no es para dar lástima ni para pedir nada; el motivo real de mi carta es el siguiente: últimamente me he dado cuenta de que muchas personas se están enfermando y hasta se suicidan, por motivos que todos sabemos, debido a que han perdido sus ahorros. Pues yo quisiera decirles a todos los que han perdido dinero que ni por eso ni por nada vale la pena morirse o enfermarse.

Quiero decirles que pongan su fe en Dios y que si tienen hijos, piensen por un momento que si en lugar de perder dinero hubieran perdido algo tan precioso como me pasó a mí, ¿qué pensarían?

Yo tengo deseos de vivir, de estudiar y de graduarme lo más pronto. Estoy en 2º. básico y quiero seguir estudiando Ciencias de la Comunicación y hacer muchas cosas. Quiero realizar mis sueños, es más, deseo destacar en algún deporte apropiado a mi caso. Así que le digo a los guatemaltecos esforzados y valientes que tengan paz en sus corazones, que en esta vida todo tiene remedio, menos la muerte, que miren a sus hijos y agradezcan al cielo que están sanos y que su familia no merece un dolor más grande. ¡Valoren el don de la vida, pues es el regalo diario que nos manda Dios!

Lourdes A. Díaz
estudiante.


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