Semanario de Prensa Libre • No. 144 • 8 de Abil de 2007

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D medioambiente

La herencia de Yum Kax
El Señor de los bosques cubrió de árboles los montes de Guatemala. Esta es la memoria de su legado

Texto e ilustración Gemma Gil

Guauhtemallan, tierra de árboles, fue el nombre dado a Tecpán por los mexicas que acompañaban a Pedro de Alvarado. Árboles y vida forman parte de un binomio antiguo como el mundo. Cuenta el Memorial de Sololá que “cuando hicieron al hombre, de tierra lo fabricaron y lo alimentaron de árboles”.

En la actualidad, se calcula que en el país hay mil 154 especies forestales, de las cuales al menos 153 se encuentran en peligro de extinción por la deforestación, los incendios, la sobreexplotación y el cambio en el uso del suelo. Pocas veces les prestamos atención, pero los súbditos de Yum Kax, el Señor de los bosques, enraízan con las creencias ancestrales, aquellas que configuran la idiosincrasia de los pueblos. Fuentes: CONAP y Guatemala, tierra de árboles... mágicos y sagrados, artículo publicado por Luis Villar Anleu en Tradiciones de Guatemala, revista del Centro de Estudios Folclóricos.

Corazón de lujo

Desde el siglo XVII la textura rojiza y brillante de la caoba se ha puesto al servicio de la ebanistería de lujo. Además de ser empleada para la elaboración de instrumentos, los pueblos nativos conocen las cualidades medicinales de la infusión de su corteza y sus semillas. La tala y los incendios ensombrecen su futuro.

Refugio de espantos

Los sinuosos recovecos del amate han convertido a esta especie en favorita de cuentos y leyendas sobre duendes y aparecidos. Su corteza fue empleada por los pueblos precolombinos a modo de papel.

Paisaje del pasado

Encinos y robles se distinguen entre los bosques más antiguos del país, donde crecen por los menos 28 variedades. A ellos se refiere el Pop Wuj al narrar el enfrentamiento en el juego de pelota entre los príncipes de Xibalbá y Hunahpú e Xbalanqué: “La pelota iba directamente al anillo, pero se detuvo y en el acto rebotó, pasando por encima del patio de juego, y de un solo rebote entró en las ramas de encino que adornaban la cornisa”.

Manjar para el más allá

El ramón puede alcanzar 40 metros de altura. Su nuez es un nutritivo alimento, como demostraron los ancestrales mayas, y su látex, mezclado con agua, puede ser bebido como un sucedáneo de la leche. Es usual encontrarlos cerca de las tumbas de los sitios arqueológicos, quizás como una ofrenda de alimento simbólico.

Víctima de su belleza

El bastión del pinabete son las tierras del altiplano. La belleza de su codiciada madera blanca y olorosa es notoria. Según la Fundación Montecarlo Verde, en Guatemala, su presencia se han reducido en 82 por ciento.

Sombra de gigante

La poderosa presencia de la ceiba conecta el inframundo, donde se hunden sus raíces, con el supramundo, donde se expanden sus ramas. Los mayas solían emplear su generosa sombra para sus ceremonias. La fibra algodonosa de su fruto ha sido empleada desde antaño como relleno de almohadas y cojines.

Malecón natural

Los manglares son como los riñones de la tierra, limpian los ríos antes de desembocar en el mar y protegen las costa de huracanes y tormentas. Una de sus especies, el mangle rojo, se encuentra seriamente amenazada en Guatemala.

Aliento del espíritu

El árbol de cacao, la bebida de los dioses; el palo de hule, cuyo látex servía para hacer la bola del juego de pelota ; el copal, con su olorosa resina, y el pino, cuya hoja es indispensable en cualquier ceremonia, alimentan las creencias espirituales de Guatemala.


   

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