Transferencias en las bibliotecas
Los avances tecnológicos no han olvidado esos lugares que contienen una gran cantidad de libros rigurosamente ordenados
Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián
Esa imagen de una habitación con muchos libros para consulta, en donde la bibliotecaria, que por lo general usaba lentes, estaba atrás del mostrador con una actitud severa que solicitaba silencio cuando alguien osaba alzar levemente la voz, y de continuar era sentenciado a abandonar el lugar. Ese concepto de la biblioteca tradicional que todos tenemos en la mente ha evolucionado en los últimos tiempos.
Los avances en la tecnología han sido determinantes para los cambios en esos sitios, vistos como “cajas de libros” o “de guardar libros”, que es su significado en la voz griega. Algunas bibliotecas del país muestran estas transformaciones.
“Cambiamos la antigua idea, porque deseamos que esa área de consulta sea más amigable con el usuario”, explica Grete Pasch, directora de la biblioteca “Ludwig von Mises” de la Universidad Francisco Marroquín. Al recorrer dicho sitio, se nota que la modernidad entró por la puerta grande. Una sala para estudio en grupo, en donde se permite todo lo que el estudiante tolera. Los letreros de no comer, beber, hablar por teléfono o conversar están prohibidos. Es un recinto adecuado para dialogar sobre las materias o los textos.

Los cambios mezclan ficheros
y computadoras, como en la de la Universidad Mariano Gálvez. |
Mas el espacio silencioso rodeado de libros aún se conserva, sólo que no hay bibliotecaria atrás de una mesa que controla. El estudiante busca por medio de la computadora lo que necesita, la que también le indica, si tiene duda, el anaquel en donde está ubicado el documento requerido. Por medio del chat puede ser auxiliado por alguno de los asistentes.
Dejando el pasado
Esa fusión de pasado a presente aún es observada en varias bibliotecas. Es la “información híbrida”, como le llama Heidy de Recinos, de la Universidad Mariano Gálvez, a esa mezcla entre ficheros y ordenadores.
Dicho sitio es un buen ejemplo de la transición, existen catálogos manuales, a la usanza antigua, pero también están en línea. Sin embargo, ahí aún se utiliza el anaquel cerrado, en donde la bibliotecaria proporciona los libros, pues sólo ella tiene acceso a éstos. De Recinos dice que la falta de espacio aún no les permite cambiar esta modalidad.
Paulatinamente las innovaciones están llegando a la Biblioteca Nacional “Luis Cardoza y Aragón”, fundada en 1879. En el edificio actual funciona desde 1957. Desde que entra, el usuario es atendido por un referencista, quien indica a qué sala dirigirse para encontrar lo solicitado.
En la biblioteca nacional la información aún está en ficheros. “Se trabaja para introducir todo el archivo en línea, y hacer la búsqueda por medio de ordenadores”, explica Sergio Robles. La etiqueta de seguridad para evitar que los libros sean extraídos o mutilados, funciona, con esto se protegerán muchas obras, que son parte del patrimonio.
El anaquel cerrado está quedando atrás, utilizado sólo en la sala de circulación, en donde están los autores extranjeros, y el de la colección nacional. El resto es anaquel abierto, aquel que tiene como objetivo poner en contacto directo al usuario con el libro. “Hay muchas obras que son consultadas quizá una vez al año, por desconocer que están ahí”, agrega Robles.
En la Universidad Francisco Marroquín ese problema ha sido resuelto al exponer por cuatro semanas los textos nuevos que llegan a la biblioteca.
Los cambios continuarán con los avances de la tecnología, pero aún hay muchos que gustan de pasar las hojas de un libro, como escribió la novelista austriaca y Premio Nobel de Literatura, Elfriede Jelinek: “Siempre he de tener ante mis ojos algo impreso, porque no se me ocurre nada más adecuado para mi vida”.
¿Cómo será la biblioteca del mañana? La respuesta aún es incierta, quizá estará basada en el papel, pero sus servicios de consulta se harán desde cualquier punto, al estar conectado a un ordenador. |