Semanario de Prensa Libre • No. 145 • 15 de Abil de 2007

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D cultura

Nidos de músicos
Un piano suena acá y un violín allá, éstos son ejecutados por jóvenes que estudian el arte de la música en varios lugares recién inaugurados

Por Julieta Sandoval
Foto Carlos Sebastián

Las melodías se escuchan fuera de las paredes del aula o pasillo en donde se reúnen grupos de muchachos que con el violín tratan de ejecutar el 1-2, 1-2-3-4 que el profesor les indica ayudado con el movimiento de su mano. Esto se repite una y otra vez hasta que el oído del maestro escucha que la armonía es la apropiada.

La música ha pasado a ser parte de las actividades diarias de estos jóvenes. Sara Cacatzum tiene 13 años y combina sus estudios de segundo básico con el aprendizaje del teclado y el violín. “Vengo tres veces a la semana, me gusta. Lo que me falta es velocidad al hacer sonar el instrumento”, indica.

Maestro Alfonso Alvarado,
durante uno de los cursos.

Sara es alumna del Conservatorio Regional de Música Eulalio Samayoa, de Escuintla, el cual abrió sus puertas este año, como parte de un programa del Ministerio de Cultura y Deportes, para establecer en varios puntos del país centros que permitan a los guatemaltecos desarrollar sus habilidades musicales sin el inconveniente de trasladarse hasta la capital.

Hace algunos años, sólo funcionaba el Conservatorio Nacional de Música Germán Alcántara, de la capital, fundado en 1873; y el de Occidente, Jesús Castillo, ubicado en la cabecera departamental de Quetzaltenango, creado en 1948.

Sitios musicales

César Azurdia fue integrante durante 33 años de la Orquesta Sinfónica Nacional, ahora es uno de los maestros que de forma constante llega a Escuintla y a “Noh-Petén”, el otro conservatorio abierto, para dictar clases teóricas y prácticas. “Deseamos inculcar el arte de la música en los habitantes de todos los lugares”, dice. Por eso se tiene proyectado abrir más de estos centros educativos, quizá no en todos los municipios, pero se espera hacerlo por regiones para cubrir la totalidad del país.

La respuesta de la población ha sido muy buena, según los profesores, al punto de que a veces las instalaciones en donde funcionan los conservatorios se hacen pequeñas. El alumno elige el instrumento que desea ejecutar, la mayoría prefiere el violín o los de viento.

Quien ingresa a estos planteles debe demostrar que tiene interés por aprender, por eso se hace una prueba. “Hay niños que no saben quién es José Joaquín Palma (escribió el Himno Nacional)”, dice Alfonso Alvarado, otro de los maestros ex integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional por 48 años, que imparte cursos.

Algo más
> El pénsum de estudios es de siete años para el Técnico Artístico y dos años complementarios para el diploma de bachiller en Arte, con especialidad en un instrumento musical.

> Un grupo de personas especializadas en música elaboró el programa de estudio para la carrera, y para cada uno de los cursos por grado y los métodos de enseñanza aprendizaje en las áreas prácticas de piano, violín, viola, violoncello, y otros.

> Los centros atienden a la población egresada del 6º grado nivel primario. Este año inició el primer grado.

> El conservatorio de Escuintla funciona en el Centro Cultural Arístides Crespo Villegas, del Ministerio de Cultura y Deportes, y el de Petén en el Teatro Municipal Valentín del Valle Góngora. Se espera la apertura de otras instalaciones en Mazatenango, Cobán Alta Verapaz, Huehuetenango y San Marcos.

> Información sobre los conservatorios abiertos por el Ministerio de Cultura y Deportes, tel. 22530543, ext 305.

> La Escuela Municipal de Música está ubicada en el Centro Cultural Metropolitano, antiguo Edificio de Correos, zona 1.

La Municipalidad capitalina también abrió un lugar para que niños y adolescentes descubran ese interesante mundo de la música, creada el año pasado.

Ahí, además de las clases de solfeo e instrumentos, se formó el Coro de Niños del Albergue Municipal, dirigido a los infantes que están más propensos y expuestos a la delincuencia juvenil, y la Orquesta Juvenil Metropolitana, cuya finalidad es crear la futura Orquesta Sinfónica Metropolitana de carácter profesional.

Los conservatorios regionales también aspiran a formar sus respectivas orquestas para que deleiten a los pobladores y que éstos valoren el talento de los jóvenes, explica Azurdia.

La música es una disciplina. Puede ser una experiencia emocionante, enriquecedora, debe haber interés que va más allá de llegar a un lugar para aprender de un profesor, necesita horas de práctica con autodisciplina, perseverancia y responsabilidad. En unos años, quizá muchos de estos jóvenes que han pasado por las puertas de estos conservatorios serán integrantes de orquestas sinfónicas europeas.

 

El origen del conservatorio

Nace en la Italia del Renacimiento, entre los siglos XV y XVI, vinculados con la vida de los conventos y los monasterios, como los conservatorios de la Pietà dei Turchini; de los Poveri di Gesú Cristo; de Sant’ Onofrio, y de Santa Maria di Loreto. La mayoría eran instituciones destinadas a la caridad pública, intercambiables en sus funciones con los hospicios infantiles, por lo que se conocieron con el nombre de Ospedale (Hospital).

Éstos atendían preferentemente a niños y jovencitos desamparados para enseñarles un oficio y, a quienes mostraban disposición a la música, se les adiestraba en un instrumento para participar en las funciones religiosas o integrarse al servicio de reyes, príncipes o nobles.

Estos conservatorios lograron gran calidad en la formación musical —coros o con conjuntos instrumentales— que se transformaron en escuelas especializadas, donde participaban músicos como Antonio Vivaldi y Claudio Monteverdi, para los católicos; Johann Sebastian Bach y Wolfgang Amadeus Mozart, para los protestantes, y aportaron la escuela que daría por resultado el gran arte musical.

El término conservatorio llegó a significar la función de asistencia social de ‘conservar’ a las poblaciones más jóvenes y desvalidas de los peligros morales propios del abandono y, por extensión, de las funciones asumidas por la institución, la ‘conservación’ del legado de la música sacra a través de su enseñanza.

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