Semanario de Prensa Libre • No. 145 • 15 de Abil de 2007

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D fondo

Edifican el presente
Son responsables de espacios conocidos por muchos capitalinos. Cuatro jóvenes arquitectos comparten una reflexión sobre su trabajo

Por Gemma Gil Flores
Fotos cortesía de los arquitectos entrevistados

El terremoto de 1976 asoló una franja de 360 kilómetros de largo por 6 de ancho, un espacio en el que se encontraba el 57 por ciento de las viviendas del país. La arquitectura guatemalteca de los años siguientes tuvo que solventar el problema habitacional y especializarse en la reconstrucción de monumentos. La fiebre constructora dio lugar a edificios como el Centro Cápitol o la primera fase del Géminis 10.

La crisis de los 80 supuso una reducción de la inversión —aunque en este periodo se llevó a cabo la remodelación de la Plaza Central— y los noventa nos dieron la bienvenida con la policromía y la filosofía posmoderna al estilo de la serie Miami Vice (pese a que, en esta década, también se hicieron obras con la calidad y la mesura del campus de la Universidad Francisco Marroquín).

En el nuevo milenio ¿a dónde apuntan las tendencias? Académicos como Raúl Moterroso, de la Universidad de San Carlos, señalan que Guatemala anda algo rezagada, y se preocupa más por las propuestas formales que han caracterizado la arquitectura de las últimas cuatro décadas, que por lanzarse a la indagación conceptual que proyecta el futuro.

Las generaciones más jóvenes, sin embargo, comienzan a realizar propuestas que combinan los materiales de siempre con las probabilidades que brindan las nuevas tecnologías. Su quehacer es un eco de la arquitectura contemporánea que se está haciendo en Estados Unidos, Europa o Japón, pero adaptadas al entorno guatemalteco. Les presentamos la visión de cuatro profesionales del nuevo milenio.

 

Alejandro Estrada
La movilidad del espacio

Su casa de Fraijanes ganó el año pasado la recién nacida Bienal de Arquitectura de Guatemala. Un motivo para seguir adelante, porque si algo define a Alejandro Estrada es la persistencia. “No es fácil abrirse camino cuando tienes que lograr que el cliente crea en ti. En Guatemala, la gente viaja a Estados Unidos y pide un tipo de arquitectura muy convencional, pero, poco a poco, hay más referentes y se abren paso nuevas ideas”, afirma este arquitecto de 37 años.

Casa de Santa Rosalía La Laguna. Estructura de acero y paredes de mármol
y vidrio.

Atraído desde niño por el mundo del arte, su aterrizaje en la arquitectura fue “accidental”. “Cuando me gradué, me fui a Italia con mi esposa y estudié escultura. No quería saber nada de la arquitectura, pero ahora no veo la diferencia entre los dos campos. Lo que estoy haciendo también es arte”, afirma en las oficinas de Substancia, la empresa que creó hace siete años, y que es responsable de espacios tan conocidos como Saúl E. Méndez de la zona 10.

En la actualidad, Estrada se perfila como una de las figuras más destacadas de la cantera de jóvenes profesionales, y, aunque su trabajo es frecuentemente usado como ejemplo de la arquitectura contemporánea que se está haciendo en Guatemala, él prefiere pensar en términos globales. “Me interesan los lenguajes que tienen sentido en cualquier parte del mundo”, afirma. El suyo personal explora cómo otorgar más de un sentido a un mismo espacio y cómo adaptar la arquitectura al terreno, como si fuera una segunda piel (concepto que está aplicando en el proyecto del polideportivo para el colegio Montessori).

“Me gusta que los límites de la arquitectura se borren, que las paredes se muevan, que el cliente pueda modificar su espacio y expandir su intimidad. Nunca pondría una jardinera en un interior, pero me gusta que la construcción se pueda abrir o cerrar hacia lo que le rodea”. Estas ideas se perciben claramente en dos de los proyectos de los que se siente más orgulloso: la casa de Fraijanes y la de Santa Rosalía La Laguna, dos construcciones que juegan a convertirse en una extensión de la naturaleza que las rodea gracias al uso del vidrio y las ventanas corredizas.

Admirador de Pelayo Llerena Murua, coautor de la Municipalidad (1955), a Estrada también le gustaría dejar huella. “El problema del arquitecto es que se deja llevar por lo que el cliente pide y no genera una propuesta que permita leer una filosofía entre trabajo y trabajo. Quisiera que más gente joven se tirara al agua”.

 

Alejandro Paz
El espíritu lúdico

Si tuviera que ser el autor de una construcción ya realizada, elegiría el Teatro Nacional, y si una varita mágica le concediera realizar el proyecto de sus sueños, le gustaría construir un nuevo Museo de Arte Moderno. Pero la realidad es que, con sólo 31 años y una carrera que combina el arte conceptual y la arquitectura, Alejandro Paz está comenzando su camino. Responsable de la imagen de Go Green y del diseño de tres locales de Café Barista, últimamente está trabajando en la edificación de viviendas. “Creo que es un buen momento para la arquitectura en Guatemala.

En la remodelación de La Jungla el muro externo se sustituyó por una valla de cables de acero y postes de madera como los que vende la tienda.

Cada vez hay más gente formada aquí con ganas de experimentar”, explica. Por eso disfrutó tanto cuando diseñó los interiores de la tienda de ropa Jeger, en la que exploró una nueva interpretación de materiales tradicionales “¡Me dieron chance para jugar!”, exclama, mientras señala los 15 kilómetros de hilo de nylon que recorren el local. El mismo que se usa en las sillas que se hacen en la costa y que en este caso se empleó para hacer los estantes exhibidores.

Aunque si hablamos de espíritu lúdico, nada mejor que la remodelación de la tienda La Jungla, especializada en venta de juguetes y accesorios para exteriores. “Abrimos todo para que no hubiera límites. Lo que más me gusta es que sustituimos el muro exterior por unas pozas de agua y una valla hecha con troncos de madera —uno de sus materiales favoritos— y cable de acero que marcan el perímetro sin resultar agresivo. Al contrario, invita a entrar; es agradable”.

Paz, que se declara interesado por la madera y el vidrio opacado, aspira a construir espacios “donde la gente pueda convivir” y lamenta que no haya más proyectos públicos como los que dieron lugar al nacimiento del Centro Cívico.

 

Mauricio Solís
En búsqueda de la pureza

Tan sólo un año después de acabar sus estudios en la Universidad Francisco Marroquín ganó el concurso para la edificación de la nueva sede de la Alianza Francesa. “Fue muy emocionante hacer un proyecto tan grande cuando todavía había hecho tan poco. Lo mejor de la experiencia del concurso fue que brindó la oportunidad de que ganara un proyecto, no un nombre. Se debería hacer más a menudo”, afirma.

En la residencia Country Club cada habitación tiene un volumen, forma
y material claramente distinto.

Desde entonces, este arquitecto de 35 años ha desarrollado una prolífica carrera en la que ha realizado desde diseño de interiores (bibliotecas del Centro Cultural de España y del Centro de Formación de la Cooperación Española en Antigua, Saúl Etiqueta, Distribuidora Marte en Miraflores) hasta obras residenciales, corporativas y educativas, como la guardería para niños de bajos recursos que en está a punto de inaugurarse en México DF.

“Cuando presenté el proyecto me preguntaron por qué iban a contratar a un guatemalteco y yo les respondí que por el orden, la serenidad, la austeridad y la conexión con la naturaleza. Para mí, esa visión forma parte de la herencia de lo guatemalteco. En mi arquitectura busco la pureza de formas y aspiro a crear espacios que generen la felicidad silenciosa y profunda que se siente al mirar el Lago de Atitlán”. Mientras habla, acaricia la mesa que construyó para la sala de su casa: “Me gusta llevar la honestidad hasta sus últimas consecuencias y respetar la verdad de los materiales. Al mirar esta mesa me gusta saber que estas vetas son de la rama de un ciprés de San José Pinula”.

Su interés por la pureza de formas es tal que llega a declararse obsesivo. “Una línea recta es de gran belleza, porque es más lo que debe ser y las formas puras son más fáciles de entender”, enfatiza. Quizá por eso uno de los trabajos de los que se siente más orgulloso es de la capilla del Seminario Mayor. “Me sigue maravillando su silencio. Es un espacio que no llama la atención, pero que ayuda a la persona a la búsqueda espiritual”. Efectivamente, la sala con el piso, las bancas y las paredes de conglomerado de madera es de una gran simplicidad, apenas rota por una ventana desde la que se contemplan las copas de los árboles y una cruz suspendida. En cierto modo, es un espacio que resume lo que Solís aspira a proponer con su arquitectura.

“No quiero protagonismo. No me interesa hacer una exclamación en la ciudad. Quiero crear espacios agradables que mejoren la calidad de vida de los que van a usarlo, sin importar las clases sociales”. ¿Su manera de hacerlo? composiciones a base de bloques con formas y materiales claramente definidos —como se aprecia en la residencia Country Club, donde, a modo de lego, la suma de las partes logra integrarse en un todo armonioso—, la austeridad y la integración de los elementos naturales. “Me ahogo si no tengo un árbol cerca”.

 

Orión Asturias
La preocupación por los recursos

“Desde pequeño siempre estuve metido entre obras”, dice. Como hijo del arquitecto José Asturias, el camino casi parecía predeterminado y eso que, Orión Asturias, de 32 años, es una persona muy inquieta: aficionado al buceo, la espeleología, la astronomía y el vuelo libre, sus pasiones parecen tener un eco en su arquitectura, caracterizada por “las estructuras colgantes, las alturas y las edificaciones ligeras, como una nave espacial”.

El diseño de Casa de Atitlán incorpora
las piedras existentes en el terreno.
El salón se alza sobre un saliente
que produce la sensación de flotar
sobre el lago.

Sin embargo, a su edad considera que “es un error tratar de tener un estilo. Es como encajonarse en un cuadrado. La arquitectura es el arte de expresar el espacio y el uso de materiales, texturas y luz, pero yo siempre trato de escuchar la necesidad de quien me contrata”.

Enemigo de tratar de influir con sus ideas estéticas en lo que pide el cliente— “no tenemos que darles lo que no necesitan”—, Asturias considera que buena parte de lo que se está haciendo en Guatemala peca de “revistista”, de copiar modelos extranjeros, y que lo realmente vanguardista radica en el uso sostenible de los recursos energéticos y en la administración adecuada de los deshechos. “Creo que es un error querer hacer siempre algo muy original. Usar mucho vidrio o mucho acero no es nada novedoso. Creo que tenemos que optar por los polímeros reciclados.

Nuestro reto son los temas medioambientales, empezando por el tamaño de lo que construimos. La vastedad es innecesaria. ¿Por qué hacer una casa más grande a costa de perder el jardín? Usemos el agua, la luz natural, el calor del Sol y los materiales reciclados”.


   

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