Semanario de Prensa Libre • No. 147 • 29 de Abil de 2007

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En primera persona

Un gran milagro
Salí de la crisis, reinicié mis estudios y me gradué

Cuando tenía 5 años fui víctima de fiebre reumática, originada por un estreptococo beta hemolítico que causa faringitis. Por no haber recibido el diagnóstico y tratamiento adecuado, mi corazón fue dañado, el padecimiento se conoce como valvulopatía reumática; en Guatemala en ese tiempo no se contaba con la tecnología necesaria para tratarla. Mi padre logró que a la edad de 10 años me practicaran una operación en el hospital México, de la ciudad de San José, Costa Rica. Los cirujanos me colocaron una prótesis mitral, que luego con el traspapeleo del expediente se pensó que era biológica.

Me salvó la vida, pero tuve muchas limitaciones; tuve que dejar de estudiar dos años, no podía hacer deporte ni jugar como los niños de mi edad, pero encontré mucho estímulo en mis estudios. Me esforcé en alcanzar una de mis metas académicas más deseadas; graduarme de psicóloga en la Universidad de San Carlos, en 1990. Me hice profesional. Era joven y formé un hogar. Comencé estudios de posgrado en psicología clínica y cerré, pero otra prueba se presentó: quedé embarazada. Lo crítico fue el momento del parto. Se optó por una cesárea y no obstante la pericia de los médicos, sufrí muchas complicaciones. Mi hija felizmente nació y actualmente es una joven de 15 años, saludable e inteligente.

Años después sentí el llamado de concebir nuevamente, pero al realizar los chequeos previos necesarios de acuerdo con mi problema del corazón, las noticias fueron preocupantes, revelaron que la prótesis se estaba deteriorando en forma acelerada. El cardiólogo me explicó que una nueva operación era inevitable, porque además del deterioro de la prótesis Mitral, la válvula aórtica estaba dañada y debían realizar una reconstrucción de la válvula tricúspide. Los preparativos para la operación se iniciaron en la Unidad de Cirugía Cardiovascular de Guatemala, a las 8 horas del día 7 de enero de 2004. Sabía que podía contar con la experiencia de los cirujanos, sin embargo, cuando se está bajo los efectos de la angustia, la razón no funciona. Durante aquellas horas hubo necesidad de cambiar la prótesis y la válvula aórtica. En esos momentos los médicos descubrieron que yo había sido objeto de un verdadero milagro, pues comprobaron que la prótesis Mitral nunca fue biológica sino mecánica y en tales circunstancias yo debía haber tomado anticoagulantes. Nunca los tomé. Tampoco los tomé cuando estuve embarazada.

Tal era mi agradecimiento que prometí emprender una nueva vida llena de propósitos y metas, entre ellos, concluí mis estudios que había abandonado 13 años atrás, así que en octubre de 2005 me gradué de Máster en psicología clínica. ¿Cómo ha sucedido todo esto? No hay explicación, evidencia científica ni filosófica que lo sustente, antes era escéptica, pero ahora estoy segura de que hay un Poder Superior. A veces la ciencia no tiene todas las respuestas, así que, quien sabe, talvez aún existe un propósito para estar aún entre los vivos.

Mónica Lima Quinto
www.mlimaquinto.blogspot.com


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