Semanario de Prensa Libre • No. 161• 05 de Agosto de 2007

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D artesanía

De puro cuero
Pese a la invasión de productos sintéticos, las marroquinerías
y talabarterías continúan abasteciendo a la clientela

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián

Cuando se le pregunta a Víctor Rodas ¿cuál es su profesión? lo piensa por unos segundos y luego responde: pespuntador. A este artesano se le puede encontrar todos los días en uno de los locales del sótano del Mercado Central, donde está ubicada la marroquinería Furor. Es allí donde de forma meticulosa se dedica a fabricar artículos de cuero fino.

En este sitio, que se distingue de los demás negocios por su penetrante olor a “puro cuero”, se pueden encontrar artículos de piel, lo cual se dificulta en estos tiempos debido a la invasión e industrialización de productos sintéticos. Cinchos, portachequeras, billeteras, monederos, llaveros, guantes, bolsas para dama y hasta zapatos, son algunos de los objetos que salen de las manos de Rodas.

Ramiro Murralles, propietario de talabartería y marroquinería Productos RM, ubicada en la zona 1.

En la actualidad, los artesanos elaboran sus productos con pieles importadas, sobre todo de México, contrario a la época de auge (siglo XX) cuando las marroquinerías utilizaban cueros tratados en el país. Estos se caracterizaban por ser más gruesos, menos moldeables y su diversidad de tintes era escasa, dice Ramiro Murralles propietario de talabartería y marroquinería Productos RM, ubicada en la zona 1.

Aunque en algunos de estos centros artesanales se hace uso de productos sintéticos, en la mayoría se mantiene la política de utilizar únicamente cueros de res y cerdo y de forma ocasional, de serpiente, avestruz y cocodrilo los cuales importan. Esto hace que al comparar precios se evidencien grandes diferencias.

En un negocio de la 6a. avenida o la 18 calle de la zona 1, por ejemplo, un cincho para caballero puede costar Q25, mientras que en Furor se vende a Q125. Una billetera se puede adquirir, después de regatear, en Q15, mientras que en Furor una de cuero de res cuesta Q60 y una de piel de marrano Q25. “En la calidad está la diferencia de precios”, indican.

También de cuero

En su esencia, la marroquinería y la talabartería tienen como punto en común el manejo del cuero; sin embargo, la primera se diferencia, en que elabora productos más acabados.

Muralles, quien se inició como talabartero en 1954 en la Moderna, ubicada en la zona 1, dice que en esta profesión se utiliza el “cuero crudo o timbre” (menos elaborado) para fabricar sillas de montar, cinchos, vainas de machetes y bozales.

Cuenta que en el pasado se fabricaban bolsas de viajero, las cuales se utilizaban para trasladar el dinero recaudado en distintos lugares cuando los medios de locomoción eran el tren y los autobuses.

También se elaboraban, en el siglo pasado, bolsas de visitadores y maletines de médico, pelotas de futbol, portanavajas, portaarmas, chicotes, cabezadas y gamarrones (para caballos).



   

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