Semanario de Prensa Libre • No. 161• 05 de Agosto de 2007

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D filosofía

Ser filósofo hoy
Muchos se han dedicado a la cátedra universitaria, pero otros se desenvuelven en campos tan diversos como la economía, la antropología o la sociología

Por Ingrid Roldán Martínez

La imagen del filósofo en el siglo XXI dejó de ser aquella en la que se le veía como un hombre austero que permanecía retirado de las distracciones y de los lugares muy concurridos. En la actualidad, viven inmersos en la sociedad, van al cine o al supermercado como todos.

En países europeos, los filósofos tienen un papel protagónico, porque hay un amplio público lector y anuente a escucharlos. Pero en sociedades en desarrollo su función se hace más complicada; sus pensamientos no necesariamente llegan al grueso de la población.

“En Latinoamérica ha existido siempre la creencia de que el filósofo —el intelectual— debe tomar parte activa en los debates políticos de su tiempo. Tal vez no como activista —aunque muchos ciertamente lo han hecho—, pero sí como figura pública que moldea la opinión a través de sus escritos en los medios de comunicación masiva”, escribió Moris Polanco en una disertación ofrecida durante el Segundo Congreso Internacional de Filosofía celebrado en la Universidad Rafael Landívar en 2005.

Su reflexión giró en torno al filósofo y la construcción de la democracia en la sociedad. “Los filósofos somos, de una u otra manera, aguafiestas del lugar común —cita el texto—, no vendemos ideas, suscitamos dudas”.

Para el doctor Amílcar Dávila, estos profesionales articulan su pensamiento y dan propuestas. “Un pensamiento social se basa en la autorreflexión y articulación”. Sin embargo, no todos los filósofos son pensadores ni todo el pensamiento está en la filosofía.

Pero, ¿cuáles son las áreas en las que desarrollan su trabajo?

La cátedra y la literatura son dos de ellas. Dávila agrega otras: la economía, la sociología y la antropología. “Es una profesión extraña que no se puede tratar como la de un abogado —dice—; los desempeños no son estandarizados, es un campo muy amplio y depende de la persona el cauce que le dé”.

El decano de la facultad de Humanidades de la Universidad Rafael Landívar, doctor Ricardo Lima, ve en el filósofo a una persona innovadora, un libre pensador, alguien de criterio independiente, que no se plega al discurso generalizado.

“El rol actual de los filósofos —subraya Lima— es ir creando el camino de cómo va a ser la sociedad, donde el ser humano es el valor máximo sobre cualquier invención humana”.

“El filósofo es un visionario”, agrega. “La imaginación y la creación son inherentes al ser humano, pero la formación filosófica le da un pensamiento lógico, de crear y hacer su propio sistema de reflexión”. Aunque reconoce que no todos son innovadores, hay quienes sólo se plegan a las corrientes ya existentes.

Congreso de filosofía

>El Séptimo Congreso Internacional de Filosofía/ Ciencia, tecnología y Globalización se llevará a cabo el 13, 14 y 16 de agosto de 2007, en la Universidad Rafael Landívar.

> Una reflexión relacionada con éste se debe a que la ciencia y la tecnología están altamente globalizadas desde los grandes centros universitarios y las empresas.

> Participarán expositores de universidades guatemaltecas y extranjeras. Algunos de los temas son: Hitos del desarrollo científico; Horizontes de la ciencia y sus principales efectos en la actualidad, Los escenarios de la ciencia y la tecnología en Guatemala, Diálogo entre conocimiento científico y conocimiento humano, Diálogo entre conocimiento científico y conocimiento socio-político, El arte y Ciencia y hermenéutica.

Ernesto Loukota, director del Departamento Letras y Filosofía de la URL, destaca las posibilidades del filósofo en otras áreas: “Puede ser un gran analista estratégico que no han aprovechado los gobiernos”, comenta, “maneja un nivel de análisis profundo y con sentido crítico”.

Para Dávila, un estadista debería tener una base sólida en este campo o rodearse de asesores que la tengan. Un claro ejemplo es el presidente Juan José Arévalo, educador y filósofo cuyo gobierno se recuerda como uno de los mejores del siglo XX en Guatemala. “Mucho del pensamiento de hoy radica en las ciencias sociales. El filósofo tendría que tener una visión de la comunidad desde el punto de vista analítico para decir y orientar hacia dónde va ésta”, afirma.

Así como es primordial que tenga muchas lecturas, es importante que no se aleje o sea ajeno al contacto con la realidad, pues debe estar inmerso en ella para aportar sus puntos de vista, de conciliación o disentimiento. “Debe aportar una visión a largo plazo, analítica, mediadora. Se habla de ideas y discursos y siempre suena abstracto”, comenta Dávila.

La importancia de la cátedra

Loukota hace referencia a que en Guatemala se incluyen pocos cursos de filosofía en la formación secundaria y en las carreras universitarias.

“Quizá lo más importante en las profesiones no es sólo la disciplina, sino la calidad de la formación y la vocación”, agrega. Algo que debe ir unido a la ética.

Muchos que han cursado la licenciatura en Filosofía y Letras se especializan después en otras áreas a nivel de posgrado y se desempeñan en campos que no tienen relación directa con su formación inicial.

Dávila hace la comparación con Estados Unidos, Europa y Asia, donde el campo de acción de los filósofos se da más en las universidades. Allí hay plazas fijas, a tiempo completo, para cátedra e investigación.

A pesar de esto, el afán de dialogar y profundizar en los temas que les afectan no cesa. A mediados de agosto se reunirán filósofos de instituciones guatemaltecas y extranjeras. “El Congreso es un espacio, el más importante en Guatemala y tal vez en Centroamérica de una reunión de este tipo”, comenta Loukota, quien para llevarlo a cabo ha contado con el apoyo de María Eugenia Del Carmen Cuadra y el sacerdote Rolando Alvarado, vicerrector Académico de la URL.

No hablarán sólo de filosofía, sino que será un encuentro multidisciplinario en el que todos tiene algo que decir.


   

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