Semanario de Prensa Libre • No. 161• 05 de Agosto de 2007

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D tradición

Plumas de buena suerte
En una comunidad de las Verapaces, sus habitantes guardan las plumas de quetzal como reliquias y, algunas veces, las regalan durante una ceremonia

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Leal

En las intrincadas veredas de la comunidad de Chicabnab, San Juan Chamelco, Alta Verapaz, se tiene, ciertas veces, la suerte de encontrar plumas de quetzal. Esto sucede muy a menudo durante junio, que es cuando el ave nacional bota algunas, las cuales son muy apreciadas por los labriegos de la zona.

El quetzal siempre ha estado rodeado de misterio. Sus costumbres, colores y canto son un enigma para quienes han intentado descifrar sus secreto al internarse en los bosques nubosos del país. Es más, las personas que se dedican a estudiar a las aves no saben muchas cosas de este símbolo nacional, ya que es muy difícil verlo.

Trae suerte

Su presencia es tan exigua que hasta los campesinos de las zonas donde se reproduce le rinden pleitesía a sus plumas. Rigoberto Bac Caal, un campesino q’eqchi’ de Chicabnab, cuenta que es difícil encontrar una pluma de esta ave, pero cuando sucede se cree que se tendrá mucha suerte y por eso las colocan en un sitio especial de la vivienda. Éstas pueden medir hasta 1.20 centímetros, comenta el campesino.

Estos objetos son cuidados con mucho celo y es casi imposible que sean comercialicen o se regalen. Carlos Leal, presidente del comité organizador del certamen de elección de la Reina Indígena Nacional Rabín Ajaw, cuenta que cuando necesitan plumas de este tipo para la corona que utilizan en este evento las consiguen en la comunidad. Este año nos proporcionaron algunas que medían aproximadamente 75 centímetros, indica. La entrega es solemne e implica una ceremonia en la cual participan miembros del lugar y encargados del certamen. La reverencia se debe, según Bac, a que no cualquier persona encuentra plumas y cuando sucede, la guarda como una reliquia. “Es para la suerte”, insiste.

Se podría acabar

En esta sociedad no todos comparten los mismos sentimientos, debido a que existe el temor de que las plumas desaparezcan pues algunos miembros del área, y de afuera, están acabando con los bosques con el hábitat del ave nacional.

Bac cuenta que en forma desmedida están acabando con los bosques nubosos para sembrar maíz y frijol y que, además, talan los árboles para extraer madera y leña. “A este ritmo, dentro de unos cinco años ya no existirán quetzales”, pronostica.

Con esta depredación muy pronto desaparecerá un paisaje en el cual, si alguien mira hacia arriba, a mitad del bosque, no puede ver el cielo. El fenómeno se debe a la neblina, lo alto y tupido de la arboleda. Lo más probable es que sólo escuche el canto de aves, el zumbido de los insectos y el rumor de hojas y plantas.

En este ambiente es muy difícil observar un quetzal, porque aparte de la neblina, su plumaje se confunde con las hojas verdes y húmedas del bosque. Para hacer aún más difícil el reto esta ave es muy silenciosa; a veces hace mucho ruido. “Se juntan cinco o seis gritan y vuelan por todos lados”, cuenta Bac.

Valiosa desde siempre

Las plumas de quetzal siempre formaron parte de la vida de los reyes de Mesoamérica y fueron las primeras en ser comercializadas durante la época Precolombina. Los aztecas, por ejemplo, las empleaban en sus tocados. El penacho del emperador Moctezuma Xocoyotzin (1466-1520), era de plumas de quetzal con oro y piedras preciosas que, en la actualidad, se encuentra en el Museo de Etnología de Viena, en Austria.

Los mayas combinaron las plumas de esta ave con arreglos de jade y obsidiana. Para la mayoría de culturas de Mesomérica los pájaros y en especial el quetzal, eran seres sagrados, y por tener la capacidad de volar fueron asociados a los dioses del viento como Quetzalcoatl, cuyo nombre significa serpiente emplumada.

Escurridiza

Vive en los bosques nubosos. Se les llama así porque están en lo alto de las montañas y la mayoría de veces están cubiertos de neblina.

Estas áreas, por lo general, son húmedas, frías y llueve mucho. Son como islas en lo alto de las montañas, más abajo las rodean bosques tropicales o de pino.

El quetzal se alimenta de algunos insectos, pero lo que más le gusta son las frutas que, como muchos de los animales que viven en el bosque de niebla, toma de árboles como el laurel y el de mora. Pero, sobre todo, come el fruto de un árbol de aguacates silvestres.


   

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