Semanario de Prensa Libre • No. 131 • 7 de Enero de 2007

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Punto final

La mojigatería cuesta vidas
Pese a la hostilidad hacia el condón en Washington (y en el Vaticano), incluso misioneros conservadores tienden a aprobar su uso.

Por Nicholas D. Kristof
The New York Times News Service

Camboya es un país pobre, autoritario y devastado por la guerra, pero ofrece una importante lección para el presidente Bush y los consejos escolares de Estados Unidos: No teman a esos salvavidas de látex conocidos como condones.

Camboya se ha convertido en una de las pocas historias de éxito en la lucha contra el SIDA, logrado, en parte, a través de la promoción vigorosa del condón. Esta estrategia ha salvado miles de vidas.

Ha reducido la incidencia del VIH en adultos, yendo de tres por ciento en 1997 a 1.8 por ciento hoy día, aproximadamente. En poblados rurales de Camboya como el presente, vallas (o anuncios espectaculares) y carteles promueven condones, y en las clínicas y burdeles hay cubos enteros de ellos. Los centros de salud no tienen máquinas de rayos X ni tanques de oxígeno, pero sí tienen falos para mostrarles a los visitantes cómo colocarse el condón.

En Poipet conocí a una mujer de 27 años de edad que tiene sida, Tem Phok. Ella había sido prostituta en un burdel, así que supuse que fue ahí donde la habían contagiado. “Ah, no”, explicó. “Contraje sida después, a través de mi marido, quien ya murió”, anotó.

“En el burdel siempre usé preservativo”, aseguró. Pero, cuando estaba casada, no lo usaba. “Una mujer con un marido está en mucho mayor peligro que una joven en un burdel”.

Eso es una exageración, pero tiene algo de razón: no hace mucho bien que funcionarios estadounidenses prediquen la abstinencia y fidelidad en lugares donde el gran riesgo de contraer el VIH venga con el matrimonio. En países de alta incidencia de contagio, prácticamente lo más peligroso que una mujer puede hacer es contraer matrimonio.

El programa de Bush contra el sida, que ha incrementado considerablemente el gasto respecto a los niveles de los años de Clinton, es lo mejor que, por sí solo, ha hecho el mandatario, y tiene proyectado salvar aproximadamente nueve millones de vidas por todo el mundo. Ese es un logro genuino e histórico.

Sin embargo, el programa del presidente Bush también ha sido socavado por la resistencia a los preservativos. La administración ha retirado información acerca del condón de sitios del Gobierno en Internet, al tiempo que sus esfuerzos de prevención en el extranjero, cuando van enfocados a los jóvenes, han hecho énfasis en la abstinencia, excluidos los condones.

De manera similar, en buena parte de Estados Unidos, conservadores sociales con respaldo de la administración han instituido educación sexual “sólo acerca de la abstinencia”, para que así los adolescentes se sientan motivados a ofrecer “promesas de virginidad”, pero no les dan un plan de respaldo.

Cuidadosos estudios de los programas de “sólo abstinencia” en Estados Unidos dejan entrever que sí demoran las relaciones sexuales, pero que los jóvenes tienen menos probabilidades de usar protectivos posteriormente. La evidencia indica que un enfoque equilibrado —promover la abstinencia pero también el uso del condón— es mucho más efectivo para brindarle protección a los jóvenes en Estados Unidos o el extranjero de infecciones de transmisión sexual, incluido el VIH.

En el pasado, conservadores sociales citaban de manera rutinaria a Uganda como prueba de que lo mejor es concentrarse sólo en la abstinencia. Es cierto que Uganda redujo marcadamente sus tasas de VIH, en parte mediante la promoción de la abstinencia y la fidelidad, pero también promoviendo el condón. En fechas más recientes, Uganda se ha estado distanciando de los condones, con respaldo de Estados Unidos, y su incidencia de VIH está aumentando de nuevo.

Pese a la hostilidad hacia el preservativo en Washington (y en el Vaticano), en el campo, incluso misioneros conservadores tienden a aprobar su uso.

“Por qué habríamos de temerle al látex cuando nosotros podemos ver que puede salvar vidas”, me dijo una monja católica en Camerún, agregando que su clínica distribuye grandes cantidades de protectivos. Explicó: “Sencillamente yo no menciono eso en mis informes al obispo”.

Pese a los temores respecto de que los condones dan origen a la promiscuidad, ha ocurrido lo opuesto en Camboya. El aumento en el uso del látex ha ido acompañado de un descenso en las relaciones sexuales de tipo casual (probablemente debido al mayor nerviosismo respecto del sida).

En el extranjero, la mojigatería de Washington en lo tocante al condón es socavada de manera rutinaria por funcionarios pragmáticos, así que en las bases populares de Africa se fomenta el uso del protector mucho más de lo que probablemente le gustaría a Washington. Sin embargo, ese mismo pragmatismo no ha llegado a las escuelas estadounidenses, particularmente a las del sur del país.

Con base en datos del Instituto Guttmacher, que conduce investigaciones sobre salud reproductiva, el porcentaje de adolescentes que recibe instrucción formal acerca de métodos de control natal ha caído en Estados Unidos desde mediados de los 90.
Un estudio encontró que entre adolescentes estadounidenses con experiencia sexual, tan sólo 62 por ciento de las jóvenes y 54 por ciento de los varones había recibido instrucción en cuanto atañe a métodos de control natal para el momento de su primera relación sexual.

El lado positivo es que desempeñamos un mejor trabajo usando nuestros dólares del contribuyente fiscal para brindarle protección a la salud y vidas de prostitutas camboyanas, del que desempeñamos en la protección de los niños en escuelas de Texas.


   

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