Semanario de Prensa Libre • No. 131 • 7 de Enero de 2007

Portada | Archivo | Contacto | Directorio


   > Editorial
   > En primera persona
   > Cartas
   > D todo un poco
   > D frente
   > D portafolio
   > D tecnología
   > D ciudad
   > D fauna
   > D fondo
   > D mundo
   > D cultura
   > D farándula
   > D viaje
   > Punto final

 


D fondo

Agresores y agredidos
Muchas veces, uno de los más difíciles obstáculos que un niño debe enfrentar se encuentra, paradójicamente, en donde se supone encontraría protección y amor

Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Jorge Castillo

Parecen simples bromas, pero no los son. El que un compañero le esconda las cosas a otro, le arrebate la refacción, le diga sobrenombres y le haga la vida imposible durante el ciclo escolar, es un acoso que incide negativamente en la tranquilidad de otro. Este tipo de conducta es más frecuente de lo que se cree y de lo que se platica.

Se habla de él cuando llega a niveles extremos. Los niños que son percibidos como débiles, los introvertidos, los muy bien portados, los estudiosos (llamados nerdos, como en la famosa película) los de un origen socioeconómico o étnico diferente pueden ser foco del ataque de quienes se consideran más fuertes y ven que el otro no puede responder a las provocaciones. Esto no quiere decir que en realidad sean débiles, lo que pasa es que su carácter no es agresivo.

La niña o el niño que se siente agredido tiende a aislarse del grupo que le causa conflicto.

La sicóloga Mireya de Arroyave diferencia la forma en que los pequeños de ambos sexos agreden a sus compañeros. En el caso de las niñas tienden a actuar de forma más solapada: no le hablan a una chica en específico, no la integran, la critican o no le permiten ser amiga de otras niñas. Los varones utilizan conductas más violentas como golpear, arrebatar la comida, esconder los libros o poner zancadilla.

Este tipo de abuso normalmente no se da en las aulas sino en los buses y recreos, cuando no están presentes los maestros. A veces, aunque haya una persona encargada en la ruta hacia el colegio, no siempre es posible controlar lo que 40 alumnos hablan en el trayecto. Es en estos momentos en que se dan agresiones de palabra, los insultan o ponen el pie para que otro niño se tropiece.

Marcas perdurables

De Arroyave, que trabajó 25 años como orientadora en un colegio privado, recuerda el caso de un niño que escondía las mochilas de sus compañeros, las ponía donde se mojaran y para que no pudieran entregar sus tareas (lo que les perjudicaba académicamente), después aparecían “milagrosamente” y nadie sabía quién lo había hecho. El más dramático fue el de un grupo de cuatro o cinco niños que cercó a uno de sus compañeros en el baño y, entre todos, le metieron la cabeza en el retrete. Aunque los acosadores recibieron castigo, el niño acosado debía seguir conviviendo con ellos todo el resto del ciclo escolar. Para él representaba un ambiente tenso y le generaba estrés.

En un documento acerca de la violencia, la Organización de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), se refiere a distintos tipos de violencia contra los niños. Especifica que la mayoría de casos no dejan marcas visibles, permanecen ocultas. Sin embargo, pueden tener graves repercusiones en su desarrollo.

La Organización Panamericana de la Salud también ha tocado el tema. En un taller sobre la Violencia de los Adolescentes y las Pandillas Juveniles se habló del ámbito escolar. Según el documento, la agresión en las escuelas puede darse de diferentes formas: indirecta, como el chisme; verbal, como los insultos y las amenazas; o directa como golpear y empujar. La doctora Pamela Orpinas, autora del texto, especifica que los factores familiares más importantes que promueven la violencia son el abuso o descuido de los pequeños, la falta de atención por parte de los padres, la agresión y la disciplina abusiva y la desintegración familiar.

¿Broma y acoso?

Arroyave dice que los acosadores escudan su actitud en que están gastando bromas, les parece divertido, no lo ven como algo malo. Incluso, algunas veces, quienes son foco de las bromas las reciben con paciencia hasta cierto punto, pero hay quienes son más sensibles y su tolerancia es menor.

El apodo o sobrenombre puede ser una forma de acoso, depende de a quién se lo digan y de la forma cómo lo hacen.

Las edades más cruciales en que las agresiones se dan con mayor frecuencia son de los últimos años de nivel primario y el primero de secundaria. Es común que los más grandes acosen a los más pequeños.

La agreción
física y emocional
> La mayoría de veces el acoso ocurre cuando los maestros no se dan cuenta.

> En algunos casos no es con golpes sino con burlas, risas y robos.

> Cuando los maestros se percatan y regañan al acosador, las repercusiones pueden ser negativas: se enoja con su víctima y la emprende de forma más fuerte y más sutil.

> Se puede dar el caso de que si el niño víctima se queja mucho con el maestro, éste no le crea y termine por culparlo.

> En mayor o menor grado, niños más fuertes agreden a los más pequeños o a los que consideran más débiles.

> Hay casos en que un acoso se disfraza de broma y puede lastimarse a alguien física y/o emocionalmente.

> En Europa y Estados Unidos se han implementado programas orientados a dar información y trabajo a todos los niños acerca de cómo afrontar esta situación.

> En Guatemala ya se está implementando el programa Armonía, que involucra a niños, padres de familia y maestros.

“Los acosadores suelen tener buena autoestima y les gusta sentir poder, y molestan porque lo consideran divertido”, comenta de Arroyave. Se sienten bien al ser admirados por su conducta. Además, se forma una especie de triangulación: los acosadores, los acosados y los acosadores pasivos o espectadores que al observar y reírse refuerzan la conducta del agresor. Los pasivos no actúan de esa forma porque no se sienten bien de hacerlo, pero tampoco defienden a la víctima. Quien recibe la agresión se siente solo.

La sicóloga Patricia Peralta cuenta el caso de su hija, a quien sus compañeros aislaron porque denunció el consumo de licor en una excursión escolar en la que participaron algunos alumnos y maestros. La vieron como una delatora. “Es muy difícil, porque son ellos contra el grupo”, dice.

Muchos niños no denuncian el acoso porque temen que después será peor. Recuerda el caso de un niño que no había mencionado nada en casa hasta que una empleada se dio cuenta de que tenía moretones en el abdomen por los golpes que le daba un compañero.

Peralta forma parte de la asociación de orientadores escolares y reconoce que el problema de agresiones es latente, pero del que se habla poco. Arroyave coincide en que cada vez hay más casos. “Yo pienso que acoso siempre ha existido, pero sí he observado que se ha ido incrementando, tal vez influye la televisión, el nivel de juegos tan violentos, agresivos, que utilizan los niños”, comenta. Incluso, ella trabajó en el diseño de un programa denominado Armonía, para el Centro de Arbitraje y Conciliación (Cenac), entidad adscrita a la Cámara de Comercio. Éste se centra en el manejo de conflictos en colegios por medio del cual se le enseña a los alumnos a ser mediadores, a comunicarse, encontrar soluciones sin llegar a la agresión. Involucra a los padres de familia y a los maestros. Ya está siendo aplicado en 10 colegios de la capital y Antigua Guatemala.

De Arroyave recomienda darle apoyo no sólo al niño acosado sino también atención a los acosadores, porque buscan el poder de manera inadecuada y necesitan canalizarlo de otra forma. “Estos niños tienen problemas cuando crecen, llegan a ser delincuentes o gente que va a acosar a su pareja o a sus propios hijos, porque están acostumbrados a utilizar el poder para herir, humillar y lastimar”, comenta. Alguien puede tener temperamento fuerte, pero no por eso va a ser acosador. Ella piensa que el acoso es una conducta aprendida que se puede revertir con ayuda profesional.

En la mayoría de los casos, es reflejo del ambiente familiar: reciben agresiones por parte de sus padres, los corrigen a través de la violencia y son sarcásticos. Su conducta es reforzada socialmente, porque se siente un niño popular con características de líder.

Aquí, al igual que en muchos aspectos de la sociedad, lo que sucede dentro del hogar se refleja en conductas fuera de él. Es como un espejo manchado que refleja una imagen aterradora.


   

© Copyright 2004 Prensa Libre. Derechos Reservados.
Se prohibe la reproducción total o parcial de este sitio web sin autorización de Prensa Libre.

www.prensalibre.com