Luces de un invidente
Cuando tenía 7 años tomaba lapiceros y cepillos de
dientes e imaginaba que eran micrófonos, y simulaba que
narraba partidos de fútbol.
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Mario Linares
La voz de Juan Carlos Gálvez es una de las
más conocidas en el ambiente futbolístico, debido
a que durante casi 20 años su vida ha transcurrido frente
al micrófono de varias radioemisoras, y desde hace pocos
meses en la TV. Su acento argentino es uno de los puntos que llama
la atención de este periodista deportivo que nació en
San Martín Jilotepeque, Chimaltenango, pero que desde que
tenía un año de edad se trasladó a vivir a
la zona 5 de la capital. Lo que más curiosidad despierta
entre la afición deportiva es que sus comentarios los emite
sin observar los partidos, ya que desde 1991 perdió la vista
debido a una retinitis pigmentosa. ¿Cómo hace para
comentar si no ve? es la pregunta que todos se hacen. Esta es su
historia.

Juan Carlos y su familia,
José Luis,
José Miguel y Cony Ruiz de Gálvez. |
¿Cómo se inició en
el periodismo deportivo?
Yo tenía una buena relación con Erwin Donis que jugaba en Municipal,
y siempre lo acompañaba a los entrenamientos. Un día le dijo a
Ernesto Sapper (periodista deportivo) que me diera una oportunidad en su programa
y Neto me dio una grabadora. Me dijo que mi prueba de fuego era entrevistar a
Miguel Ángel Brindisi, entrenador de los rojos en ese entonces, lo cual
logré y empecé a trabajar en Mundo Rojo. A los tres meses me llamó Gustavo
Velásquez, para trabajar con él, pues me había escuchado
y llamé su atención. Esto sucedió cuando tenía 22
años, dos años después de que me habían detectado
la enfermedad que me dejó ciego, lo cual fue en 1985.
¿Desde cuándo
lo atrajo este mundo?
Siempre me gustó y creo que lo traía en la sangre,
pues se convirtió en mi pasión. Cuando tenía
7 u 8 años tomaba un lapicero o cepillo de dientes e imaginaba
que eran un micrófono y me ponía a narrar. En mi
casa todavía me hacen bromas por esto, debido a que mi papá me
regañaba por hacerlo.
¿Antes de ingresar a esta profesión había jugado fútbol?
Sí, pero era muy malo. Lo hice a nivel colegial y equipos de barrio,
pero nunca a un nivel competitivo. En algunos equipos jugué de portero,
en otros de defensa; pero nunca tuve un puesto fijo. Jugué en oncenas
de la Liga del Campo de Marte, porque vivía en la zona 5, a tres cuadras.
También lo practiqué en el Instituto “José Matos
Pacheco”, donde jugaron algunos que después fueron famosos como
Juan Manuel Funes.
¿Cómo se dio cuenta de su
problema de la vista?
Esa es una anécdota linda que compartí con Édgar “el
Camarón” Arriaza. Estábamos disputando uno de los partidos
finales del instituto (él estaba en otra sección) cuando de pronto
fuimos a pelear un balón y me caí, al levantarme miraba nublado
y casi no veía la pelota. Fui con el oftalmólogo Edgardo Laparra
para saber que me había pasado, según yo, por el partido, pero
me detectaron retinitis pigmentosa. Esta provocaba que yo mirara únicamente
lo que estaba al frente y no lo de los costados. Era como ver a través
de un tubo.
Me hice otros exámenes donde me confirmaron la enfermedad. En 1986 fui
al Instituto Guatemalteco de Seguridad Social y me dijeron que lo único
que podían hacer era referirme al Centro de Rehabilitación Integral
del Hospital para Ciegos “Rodolfo Robles” para empezar a aprender
el manejo del bastón, así como la escritura y lectura Braille,
porque ya no había nada qué hacer. Parte de mi entrenamiento
era salir al Anillo Periférico con los ojos vendados para aprender a
usar el bastón. ¿Cuál fue su reacción ante este diagnóstico?
Cuando me lo dijeron no dimensioné realmente lo que iba a pasar. A uno
le dicen: Te vas a quedar ciego y uno piensa: éste está loco;
pero conforme se me fue deteriorando la visión me di cuenta que las
palabras del facultativo eran reales. No lo asumí mal, porque en el ínterin
de la rehabilitación en el Rodolfo Robles empecé el periodismo,
gracias a que las canchas del Cejusa quedan a pocos metros de este hospital
y ahí entrenaba Municipal, por lo que a la hora del almuerzo iba a ver
el entrenamiento. Entonces (1987) encontré lo que siempre había
buscado, por lo que no me dolió aún sabiendo que me iba a quedar
ciego. En 1989 se me empezó a agudizar el problema y Gustavo Velásquez,
con quien trabajaba en un programa radial, hizo una colecta y viajé a
Argentina, donde fui intervenido cuatro veces y tuve la oportunidad, gracias
a Brindisi, de aprender periodismo con sus amigos de radio, televisión
y medios escritos.
¿Sólo en Argentina se trató la
enfermedad? Después de Argentina, que lo que hizo fue retardar un poquito el proceso,
me fui a Cuba en noviembre de 1990, debido a que allá se estaba realizando
un tratamiento específico de la retinitis. Me operaron en diciembre
de 1990, me hicieron otras tres en enero de 1991 y regresé a Guatemala
mirando bien, especialmente con mi ojo derecho. Pero una vez asistí al estadio Nou Camp, en Barcelona, España,
con Ricardo Piccinini, Marcelo Ferreira e Iván Sopegno (argentinos)
quienes hicieron una rueda para protegerme de un pelotazo, pero una pasó,
justamente, en medio de ellos y me golpeó la sien y eso me causó más
problemas. En marzo de 1991 regresé a Cuba y volví al país
en julio de 1991, durante este lapso me operaron tres veces y perdí la
vista el 25 de junio de 1991, de la noche a la mañana. ¿Cómo
fue ese momento?
En ese tiempo, en Cuba sólo habían dos canales de televisión
que eran estatales, por lo que había muy pocos programas que ver, entre éstos
una telenovela brasileña que se llamaba Roque Santeiro y, precisamente,
un viernes terminó y el lunes dieron un resumen de capítulos
que yo no había visto. Terminé de verlos, me fumé un cigarrillo
(ya no lo hago) y apagué todo. Al día siguiente cuando desperté todo
estaba oscuro. Se me hizo raro, por lo que me puse a escuchar una emisora que
se llamaba Radio Reloj en la cual daban la hora continuamente. De pronto escuché que
dijeron las 9.25 de la mañana y mi reacción fue: no puede ser;
como pude me arrastré a la ventana, abrí las cortinas y ya no
miraba absolutamente nada.
Llamé a las enfermeras, me fue a examinar una médica y me dijo:
ya no se puede hacer nada. Le pedí a Dios que me ayudará a luchar
por mis amigos, mi familia y toda la gente que me había apoyado y ayudado
para realizar los viajes. ¿Cómo se adaptó a
su nueva vida?
Regresé al Centro de Rehabilitación del Rodolfo Robles y en la
mañana me iba a dejar José Emilio Mitrovich y a medio día
me recogía Marcelo Bauzá (ambos argentinos), para ir a almorzar
a su casa y luego me regresaba a la mía. Sentí mucho apoyo de ellos
y a los tres meses de la rehabilitación, en 1991, volví a trabajar
con Gustavo Velásquez y a los cinco meses, en 1992, decidí armar
mi propio programa que se llamaba Panorama Futbolístico, con David Gardiner.
Algunas personas critican su ligero acento argentino, ¿tiene que ver su
relación con personas de ese país y haber estado allá?
Lo que pasa es que eso se va pegando, yo he tenido mucho contacto
con ellos y mis grandes amigos son de ese origen. Hay mucha gente
que puede pensar que es imitación, pero a mí me sale porque ya es costumbre.
¿Qué imágenes son las que más reproduce su cerebro
de cuando no había perdido la vista?
Jamás se me van a olvidar las imágenes del Mateo Flores totalmente
lleno y los estadios míticos que llegué a conocer como la Bombonera
(de Boca Junior) y el de River Plate (equipos argentinos) o los de Estados Unidos
que todavía logré ver.
¿De su vida estudiantil qué recuerda?
Las calles de mi casa en la zona 5, las cuales conocí aún sin asfaltar,
mi barrio, escuela, instituto y las calles principales de Guatemala. Cuando vengo
por El Obelisco sé perfectamente que el reloj está ahí,
por lo menos, y recuerdo cómo era en ese entonces. De la Avenida Reforma
tengo en la mente los toros y de Las Américas evoco lo ancho, los árboles
y la grama verde.
La 6a. avenida de la zona 1 la recuerdo con menos gente, ventas
y pocos ladrones. Vuelvo con lo de los argentinos, porque también añoro las tardes
cuando tomaba un café en el restaurante Fu Lu Sho, con mis amigos de ese
país.
¿Qué es lo que cree que más
ha cambiado en la ciudad, de acuerdo a lo que ahora percibe?
El único paso a desnivel que logré ver es el del Anillo Periférico
que está en el Cejusa, lo cual fue en 1990, ahora hay muchos. Los nuevos
centros comerciales ya no los logré ver. Los únicos que conocí fue
el de la zona 4, el Montúfar y el Moll que estaba en esa misma calle.
La vestimenta ha cambiado ostensiblemente, las patojas de mi tiempo no se vestían
como ahora.
Dicen que cuando se pierde un sentido se
desarrollan otros, ¿cuál
ha sido su caso?
Quizá la memoria. Mi trabajo depende de ésta, porque no tengo nada
escrito, ya que no puedo leer. En el cerebro tengo almacenados cerca de 300 números
de teléfonos. No es que sea un superhombre, simple y sencillamente ejercito
sentidos que los videntes no utilizan. Lo primero que hace un vidente, por ejemplo,
cuando le dan un número telefónico es escribirlo en la agenda,
lo cual yo no puedo hacer por lo que debo memorizarlo. Se desarrollan por la
práctica y la necesidad.
Un largo recorrido
> Se inició en Radio Festival
con el programa Mundo Rojo, en 1987. Luego pasó a
Contacto Deportivo en la misma radio, donde estuvo
entre 1987 y 1991. Su siguiente trabajo fue en Radio
Uno 120 en el programa Mundo Deportivo, donde estuvo
dos meses.
> Fundó Panorama Futbolístico,
que se transmitió en Radio Centroamericana, entre
1992 y 1993. Después estuvo en Antorcha Deportiva,
de 1993 a 1996. Fue director de Red Deportiva, de 1996
a 1997, y de FM Futbol, de Emisoras Unidas, entre 1997
y 1999.
> Viajó a Los Ángeles
EEUU, en 2000, donde se inició como comentarista
en Radio 10.20 y regresó en 2001. Trabajó para
Radio Punto entre 2001 y 2004 y en Radio 10, de 2004
a 2006. Actualmente, trabaja para el canal de televisión
Latitud. |
Los aficionados al deporte se preguntan, ¿cómo
hace un ciego para comentar algo que no ve? Siendo no vidente el periodismo deportivo lo había desarrollado en el
aspecto reporteril y noticioso. En enero del 2000 me fui a la Radio 10.20 de
Los Ángeles (exclusiva del Galaxy, de la MLS), cuyo director era el guatemalteco
Rolando “el Veloz” González, quien me dio la oportunidad que
aquí no se me había dado, pese a que había sido director
de la Red Deportiva y FM Futbol. Un día, Rolando me dijo: Hipólito
Gamboa no va a venir hoy, por qué no comenta el partido. Yo le respondí:
Yo no veo, entonces cómo voy a hacerlo, y me contestó: Usted tiene
más capacidad que muchos que miran. Me atreví y comenté el
partido y, realmente, considero que no lo hice mal.
Cuando regresé acá hice lo mismo en Radio Punto y me dijeron que
iba a ser el comentarista principal (llegó a ser director). Yo les dije:
En Guatemala nunca he comentado y no sé como lo van tomar, lo hice y nunca
dejé el puesto en otros medios.
¿Cuál es su base para emitir
comentarios?
Creo que lo hago con el corazón, porque me gusta, tengo pasión
y trato por todos los medios de no improvisar, por lo cual me preparo. Primero
estudio a los dos equipos, cómo se han parado y qué han hecho durante
la semana para ver qué es lo que pueden hacer, y a través del relato
del narrador yo sé, más o menos, lo que está pasando.
Creo que si uno habla de algo debe estar debidamente capacitado
y si ya se tiene la prelectura de un encuentro entonces va a
ser mucho más fácil.
Mi familia me ha leído mucho, he aprendido con técnicos internacionales,
he gozado de la amistad de grandes periodistas mundiales y ellos me han enseñado
a comentar.
¿Cómo analiza el desenvolvimiento
de los jugadores?
Los comentarios que hago son tácticos,
de lo que está pasando adentro
de la cancha, nunca voy a decir le pegó mal al balón,
pasó cerca
del palo, fue penal o fábol, porque eso no lo estoy
viendo. Yo lo que estoy analizando es cómo se están
parando en la cancha los equipos, por qué están
llegando al marco contrario y por qué no,
cuáles son las dificultades, qué es lo que
hicieron en la semana y no están haciendo en el
partido. A eso es lo que me refiero en la parte táctica,
en la parte visual no me meto, para eso hay otro que dice
cómo
fue la jugada.
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