Ciencia a escala de átomos
Investigaciones recientes han enfocado sus esfuerzos en la nanotecnología
y la nanociencia, a escalas extremadamente pequeñas
Por
Ingrid Roldán
Lo que la ficción ha planteado en el cine no deja de tener su dosis de
realidad. Películas como Querida, encogí a los niños (1989)
acerca de un científico que inventa una máquina para reducir de
tamaño los objetos, o Viaje alucinante, sobre la travesía de unos
científicos que, reducidos de tamaño, se internan en el cuerpo
humano (1966) se han acercado a esa idea de estudiar los cuerpos o los objetos
a escala nanométrica. La nanociencia y la nanotecnología se encargan
precisamente de esto. Buscan, en la composición de los átomos,
respuestas a temas tan variados como la cura a muchas enfermedades, soluciones
al medio ambiente y avances tecnológicos que podrían incidir en
el rumbo de la ciencia en el siglo XXI.

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Nano, del latín nanus, significa: enano, pero usado como
prefijo se entiende como la milmillonésima parte de algo.
De tal cuenta, la nanotecnología se usa para definir las
ciencias y las técnicas que se aplican a escalas extremadamente
pequeñas que permiten manipular las estructuras moleculares
y sus átomos. Una página electrónica dedicada
a este tema (euroresidentes.com) la define como el estudio, diseño,
creación, síntesis, manipulación y aplicación
de materiales, aparatos y sistemas funcionales a través
del control de la materia a nano escala. Al manipularla a medidas
tan pequeñas, se pueden descubrir fenómenos y propiedades
totalmente nuevas. El resultado es que los científicos pueden
crear materiales, aparatos y sistemas novedosos, con propiedades únicas
y a menos coste.
The New York Times afirmaba, en febrero de 2005, que la nanotecnología
permitirá a los médicos combatir rápidamente
el cáncer, a las computadoras encogerse lo suficiente para
entrar en los vasos sanguíneos, y a los soldados librar
guerras menos mortíferas.
Por lo pronto, ya se usa para fabricar productos como las raquetas
de tenis eléctricas y camisas que no se arrugan. Incluso,
la planta de una multinacional de microprocesadores y circuitos
integrados en Costa Rica anunció en diciembre pasado que
durante el 2007 lanzará cuatro nuevos productos para computadoras
que sólo se fabricarán en ese país y en los
cuales utilizarán nanotecnología. Éstos se
caracterizarán por ser más veloces, eficientes y
por consumir menos energía. Su volumen será menor
al de un cabello humano.
Un hombre visionario
Richard Feynman, premio Nóbel de Física 1965, es
considerado padre de la nanociencia. En 1959 propuso fabricar productos
con base en un reordenamiento de átomos y moléculas.
Fue el primero en hacer referencia esto en el célebre discurso
que ofreció en el Caltech (Instituto Tecnológico
de California) titulado Al fondo hay espacio de sobra (There's
plenty room at the bottom). Planteó la posibilidad de maniobrar
las cosas “átomo por átomo”.
El tema no cayó en saco roto. Eric Drexler, ingeniero estadounidense,
se interesó años después y predijo que la
nanotecnología podría usarse para solucionar muchos
de los problemas de la humanidad, pero también podría
generar armas poderosísimas. En la década de los
años 80 hizo importantes aportes a la nanotecnología
molecular.
Hoy, todavía no se puede asegurar qué puede pasar.
En varios países del primer mundo se han fundado entes para
este tipo de investigaciones. Un informe de Lux Research titulado
Ranking the Nations: Nanotech's shifting global Leaders (Lista
de naciones: líderes globales del cambio de la nanotecnología)
destaca a Estados Unidos, Japón, Corea del Sur y Alemania
como los dominantes en el tema. La página Euroresidentes
habla de la inversión mundial en este campo que sobrepasa
los 9 mil 500 millones de dólares en investigación
y desarrollo, de los cuales el 27 por ciento corresponde a Estados
Unidos y el 24 a Japón.
Otros países que hacen esfuerzos importantes son Taiwan,
Israel, Singapur, China, Reino Unido, Francia, Canadá, Australia,
Rusia e India. Por ejemplo, el Centro de Nanotecnología
de Londres ocupa un edifico de 8 pisos construido para este fin,
costó 25 millones de libras esterlinas (unos 49 millones
de dólares). Según el periódico Small Times,
el gobierno británico aprobó fondos por casi 18 millones
de libras para proyectos de investigación. Por su parte,
India aprobó la creación de un centro tecnológico
denominado Nano City, que se ubicará al norte del país,
cuyo coste se estima en 400 millones de dólares (3 mil 60
millones de quetzales) (EE Times).
En América latina, Brasil, México y Colombia han
dado los primeros pasos al crear instituciones específicas
de investigación.
Las esperanzas son muchas y las amenazas también. Se teme
que pueda ser utilizada con fines bélicos para crear armas
muy poderosas o dispositivos no detectables, además de trabajos
en ingeniería genética con virus o bacterias.
Otro riesgo es el tamaño de
las partículas. Un informe
de la Real Sociedad Británica señaló que falta
más investigación para descubrir los efectos negativos
que las nanomáquinas pudieran tener. Además, existe
el riesgo de respirar materiales tan pequeños (de milésimas
de milímetro) que pudieran atravesar membranas del organismo
y acumularse en los pulmones. No se sabe cómo el organismo
puede reaccionar.
Por lo pronto, los primeros logros se han visto y ya se usa en
la fabricación de chips para computadoras, filtros solares
y telas resistentes a las manchas. El futuro dará la respuesta. |