Aún hay quien sabe vestir
Por eso creo que el oficio de sastre no desaparecerá
Aprendí el oficio de sastre cuando tenía
como 17 años. Antes hice muchas otras ocupaciones en Suchitepéquez,
de donde soy originario. Decidí venir a la capital porque
allá había escasez de trabajo, pues las personas
se hacen sus trajes nuevos sólo para la feria del pueblo.
Al llegar aquí fui cargador de quintales de arroz. A veces
pensé en regresar, pero si salí de allá fue
para mejorar y por eso me quedé; de eso hace 45 años.
En el taller de sastrería tengo 25 años. Es un trabajo
honesto con el cual he sido favorecido, pues ha sido un medio para
vivir, a través del cual pude efectuar mi matrimonio y también
alejarme de él. A mi hija le he dado su profesión,
pero siempre le doy gracias a Dios, porque es quien me ayuda.
Sin embargo, las cosas se ponen más difíciles, la
situación empeora cada día, en especial por los cambios
de gobierno. Yo diría que éste (del presidente Óscar
Berger) es el peor, porque aunque digan lo que digan de —Alfonso— Portillo,
por lo menos teníamos trabajo, pero a partir del actual
las cosas empezaron a subir y como a él no le cuesta nada,
pero a nosotros sí, pues, si no trabajamos, no comemos.
El negocio es cada día más escaso, sólo Dios
sabe cómo vamos saliendo. Las pacas me han afectado al igual
que a otros artesanos como zapateros o a quienes elaboran juguetes,
porque todo esto lo venden a precios bajísimos y la gente
los prefiere, aunque sean de segunda o tercera clase.
Aquí en la sastrería (“Don Manolo”) hago
trajes de diario, aunque también por pedido para bodas o
graduaciones. Los uniformes de colegios no son tan solicitados,
pues en muchos establecimientos educativos los venden. Hasta esos
nos quitaron trabajo. Algo que no comprendo es que vendan pantalones
a Q25, pues la yarda de tela más barata vale Q40. El traje
más económico que hago es de Q600.
A pesar de las dificultades, creo que nunca cerraremos, porque
los clientes siguen siendo aquellos que conocen mi trabajo y esa
es la mejor publicidad. Lo bueno es que aún está la
persona con clase que sabe vestir y busca estos talleres, por eso
el arte nunca decaerá, no son aquellos que sólo les
interesa cubrirse con cualquier cosa.
Entre mis clientes hay médicos,
abogados y hasta los famosos diputados. Estos últimos vienen
para que les componga trajes que les dejaron mal en otra parte.
Siempre estoy en la lucha, al pie del cañón, en el Pasaje Rubio.
Manuel Alvarado
Manuel Alvarado
Sastre
La
vida está llena de anécdotas, unas tristes, otras
alegres,
pero también hay sucesos fantásticos y
heroicos. Cuéntenos la suya.
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