Semanario de Prensa Libre • No. 131 • 7 de Enero de 2007

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D viaje

Turismo espiritual
Esta tendencia mundial ayuda a que los viajeros satisfagan sus propósitos por alcanzar un sentido vacacional, buscando lo que ellos entienden por espiritualidad

Por Perry Garfinkel
Foto NYT

En 1970, Mirabai Bush fue a India en busca del bienestar espiritual. La acompañaban amigos con los que viajó por tren en tercera clase y durmieron en el suelo de los monasterios, metidos en sus sleeping bags.

“Vivir sin comodidad material era una parte importante de nuestra educación espiritual”, dice Bush, ahora directora ejecutiva del Centro para la Mente Contemplativa, una organización no lucrativa de Northampton, Massachussetts. En su último peregrinaje a India, hace dos años, descubrió que la iluminación y el lujo no eran excluyentes. Ella y un amigo permanecían en Ananda, un spa de lujo en las colinas del Himalaya, con vista a Rishikesh, la ciudad hindú santa, cercana al río Ganges. Las tarifas allí costaban desde US$430, los cuartos sencillos, hasta suites de US$1.600. Además de participar en las actividades diarias organizadas por el hotel, como el yoga y la meditación, Bush y su amigo escalaron una colina para llegar a un ashram (lugar de meditación) donde un gurú hindú los bendijo. También hicieron viajes al río para celebrar un ritual del atardecer llamado Arti. “Era divino”, comenta ella.

En el Centro Kripalu, en Stockbridge, Massachussetts, los kayak son útiles para la meditación.

Bush es una de las personas que han hecho variaciones no tradicionales al concepto histórico de la búsqueda espiritual. El Buda mismo ayudó al turismo espiritual hace 2500 años, cuando estimuló a sus seguidores a que visitaran los sitios que eran importantes para su vida. Los musulmanes emprenden un viaje a la Mecca, en Arabia Saudita, por lo menos una vez en sus vidas. Los hindúes van al gran festival de Kumbha Mela, que rota entre cuatro sitios cada 12 años. Los sikhs visitan el templo de oro en Amritsar, India. Los cristianos y los judíos emigran a Tierra Santa. En sus numerosas formas, el turismo espiritual es el "más viejo y ahora uno de los de mayor crecimiento en la industria de los viajes”, afirma Timothy D. Allen, profesor de la Universidad de estado del Arizona y coautor de la publicación Turismo, religión y viajes espirituales (Routledge, 2006).

En la actualidad se incluyen yoga y otras prácticas como búsquedas metafísicas, viajes astrales, visitas a lugares como Stonehenge en Inglaterra y fines de semana en balnearios y centros de la salud. El auge del turismo espiritual probablemente se debe a varios factores, entre ellos la tendencia de los viajeros por tener unas vacaciones con un sentido más espiritual y que contengan educación, cultura y arte.

Raymond Bickson, director los hoteles Taj, en Mumbai, explica que hoy día “tanto jóvenes como adultos tienen más tiempo e ingresos disponibles para verse hacia adentro”.

Hace tres años, notó que muchas de las huéspedes en sus 57 hoteles en la India buscaban experiencias espirituales. Agregó entonces actividades como sesiones de meditación y ceremonias a sus programas del balneario. El rédito de éstos se ha triplicado desde entonces, asegura. La nueva casta de viajeros espirituales “era la muchedumbre sola del planeta”, cita y agrega: “Ahora, aún al filo de la nueva era, de la salud y de las fronteras espirituales, continúan viajando para alimentar sus almas. Y desean hacerlo sin renunciar a sus comodidades”.

Algunos vacacionistas encuentran que las instituciones religiosas tradicionales no son los únicos lugares para encontrar reposo espiritual -o quizá no son los lugares indicados, después de todo. “Para algunos, los spa son una nueva iglesia”, manifiesta Maria H. Tabacchi, una profesora de la Escuela de Administración Hotelera en Cornell.

“Ofrecen un ambiente que los aleja de su rutina y los conecta con algo que ellos consideran espiritual”. Las formas en que se mercadea a los spa son un reflejo de ello; usan expresiones tales como “el lenguaje de la religión”, comenta. Por ejemplo, una lujosa compañía que promociona a los principales hoteles del mundo anuncia en su campaña: “Déjanos iluminarte”. Los spa enfatizan la relación cuerpo, mente y espíritu. Los viajes espirituales incluyen paquetes como los siguientes:
Uno llamado “viaje curativo” explora misterios de Hermes, Dionysus y Asklepius en Grecia (el viaje de 14 días cuesta US$3 mil 350).

El plan Camino de la aventura ofrece una “expedición a las montañas y monasterios - En busca del Shangri-la”. Viajan de excursión y en jeep a las regiones tibetanas de la India norteña (el viaje de 16 días cuesta US$2,900).

Peregrinación a Medjugorje, en Bosnia-Herzegovina. En ésta, varios grupos ofrecen viajes a este lugar en el que seis adolescentes aseguran que vieron a la Virgen, en 1981.

Los recorridos a lugares santos y místicos medievales de Umbría, Italia, organizados por el sacerdote de la iglesia anglicana-episcopal de Orvieto, para mujeres, combinan visitas a las ciudades en donde vivieron San Benedicto, San Francisco de Asís y Santo Tomás de Aquino, entre otros. El precio es de US$2 mil 950 por 12 días, incluido boleto aéreo desde Boston.

En un estudio efectuado el mes pasado se encontró que un 25 por ciento los encuestados, en una muestra representativa de 1 mil 500 adultos, explicó que estaba interesado en vacaciones espirituales. Los viajes suelen ser organizados en segmentos cuyas edades van de 18 a 34, 35 a 54 y de 55 años en adelante. A pesar de que las encuestas constituyen, en este caso, una evidencia muy escasa, los centros de recreación espiritual van en aumento.

En el centro de Kripalu para yoga y salud, en Stockbridge, Massachussets, el número de huéspedes ha aumentado en un 20 por ciento desde 2003, a 30 mil en un año. Por ahora son construidos 80 cuartos más que estarán listos para 2008.

Shantum Seth, un guía de un paquete a la India llamado “En los pasos de Buddha”, dice que inició el primer viaje de 15 días con sólo tres personas, en 1988. Ahora se inscriben de 20 a 25 personas a cada uno de los tres viajes que hace al año, los cuales cuestan cerca de US$4 mil 800 per cápita.

También algunos países prefieren dar a conocer su lado espiritual. En 2004, el Ministerio de Turismo y Cultura de India patrocinó una reunión internacional sobre budismo y turismo espiritual. En octubre, la Organización del Turismo de Chipre fue la anfitriona para una conferencia internacional sobre el turismo religioso, bajo auspicios de una agencia de Naciones Unidas. En Sedona, Arizona, la Cámara de Comercio local creó la asociación Metafísica/espiritual de Sedona para ayudar a viajeros a explorar los aspectos espirituales de la región, que tiene fama de ser un sitio con fuerzas curativas conocidas como vortexes.

Algunos dicen que sus viajes espirituales, hechos de cualquier manera, han sido muy significativos en sus vidas. Chip Conley, jefe ejecutivo del Joie de Vivre Hospitality, un grupo de 20 hoteles en San Francisco, estuvo tres días en septiembre pasado en un monasterio benedictino en Austria, en una conferencia llamada “Diálogos globales para la inspiración”, patrocinada por el Waldzell Institute. Autor de varios libros de negocios, Conley luchaba en ese entonces por terminar su siguiente libro. Asegura que tuvo una experiencia muy profunda después que oyó cantar a una mujer tibetana. “Ella tocó mi alma de una manera tan profunda”, asegura, “Que dios la bendiga”.


   

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