Caminantes del país
Ni el sol ni la lluvia detienen el
paso de algunos chapines que recorren Guatemala en busca de
los paisajes más
hermosos y los lugares más remotos
Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Carlos Beteta
Cuando se le pregunta a los montañistas cuál
es el sentido de pasar horas y horas caminando bajo el sol, la
lluvia, dormir en una tienda de campaña y hasta arriesgar
su vida, no tienen sólo una respuesta. Algunos dicen que
los motiva el espíritu de aventura, otros, que es una forma
de disfrutar la naturaleza y sentirse cerca de Dios y, los más
exigentes consideran que es una prueba física.
A estos hombres y mujeres es común encontrarlos
en los cerros y llanuras más inhóspitos del país,
sobre todo los fines de semana, con el rostro sudoroso, una mochila
a la espalda y una cantimplora de la cual dan sorbos a cada rato.
Uno de los mayores placeres de quienes aman y viven esta afición
o ecodeporte es ingresar o llegar a sitios donde ningún
ser humano había llegando antes. “Somos descubridores”,
dicen algunos.

Vista del volcán
de Acatenango
desde el de Fuego. |
Practicar este tipo de exploración es tan libre que cualquiera lo puede
efectuar sin importar el grado de dificultad. El único requisito es estar
dispuesto a disfrutar cada paso que se avanza o retrocede, observar con gozo
cada una de las plantas, rocas, riachuelos, cuevas y lagunas que se atraviesen
en el camino, y escuchar con deleite el canto de las aves.
Variedad para todos
En Guatemala existen varios grupos organizados que practican este
deporte extremo, como lo llaman algunos, y lo ejecutan una o dos
veces al mes. La mayoría
están integrados por grupos de amigos y algunos tienen nombre, por ejemplo
Tzuu-Tak'a y Andino. Pero, oficialmente, es la Federación Nacional de
Andinismo la encargada de regularlo. Según Alfredo Martínez, gerente
de la misma, cuenta con cerca de mil 200 asociados.
Aunque en esencia la raíz de esta pasión es el andinismo (las cordilleras
del país son parte de los Andes) o bajo montañismo (menos de 4
mil metros de altura sobre el nivel del mar) el espíritu de aventura se
extiende de diversas maneras. A algunos, por ejemplo, sólo les gusta caminar
sobre planicies, mientras que otros buscan escalar volcanes y montañas
o admirar lagunas, ríos, cascadas y cuevas que muy pocos guatemaltecos
conocen. Los más intrépidos van al extranjero a buscar los grandes
nevados de América.
El gusto por las cuevas
Algunos de estos deportistas se especializan en espeleología (exploración
de cuevas, su flora y su fauna). Eso les ha permitido ingresar y recorrer espacios
profundos y oscuros que muy pocos o ninguno conoce. Éste es el caso de
Tania Ponce, quien desde los 7 años, cuando formaba parte del grupo Scout,
principió a interesarse en las cuevas que existen en Alta Verapaz. “Me
llamó la atención porque, es algo científico y en mi tierra
abundan”, dice.
Su espíritu le ha permitido ingresar a, aproximadamente, 70 cuevas ubicadas
en ese departamento y que en su mayoría son tan desconocidas que no tienen
nombre. De ellas ha obtenido mucha información que guarda celosamente,
para evitar la depredación y saqueo. “Estar en contacto directo
con la naturaleza en un mundo lleno de carreras y tecnología hace que
uno se asombre y diga ¡guau¡ cuando lo vive”, expresa.
Una de las experiencias más peligrosas que vivió le sucedió con
Carlos Antonio Victoria, un montañista de mucha experiencia en las verapaces.
Decidieron explorar la cueva Can' ba, cerca de Semuc Champey, de la cual sale
una corriente de agua y mide, en su ingreso, aproximadamente 12 metros de ancho
y 20 de altura. Con una linterna y velas en la boca para iluminarse, nadaron
más de dos horas y no encontraron el final.
Después de este tiempo decidieron emprender el regreso debido a que el
agua estaba demasiado fría y Ponce sentía que se estaba congelando. “Yo
nadaba y trataba de tocar con los pies el fondo, pero no pude”, relata
la deportista que cuando estaba a punto de salir de la cueva se iba a ahogar,
pero gracias a la intervención de Victoria salió bien de la travesía. Explorar las profundidades de los siguanes (siguan-ha', profundidades
cársticas
verticales con ingreso angosto, parecidos a los senotes de la parte sur de México),
es otra de las aficiones de esta mujer que en 1995, cuando tenía 15 años,
se hizo cargo de la Asociación de Espeleología de su tierra natal.
De estos fenómenos, ha logrado explorar unos 15 en la región de
Alta Verapaz.
Equipo ideal
> Mochila
> Carpa
> Estufa
> Bolsa de dormir
> Linterna
> Ropa para frío
> Botas / tenis (no nuevos)
> Ropa impermeable y para cambiar
> Comida
> Dos litros de agua por día
> Aislante (se coloca entre el suelo y la bolsa de
dormir) |
Caminando cerca de Dios
La diversidad es lo que más disfrutan estos aventureros.
Algunas veces se proponen alcanzar determinados retos como subir
un volcán o una montaña, pero otras la tarea es efectuar
travesías de varios días. “Es hermoso desprenderse
de lo de abajo y unirse con lo de arriba. Entre más alto
está uno, más cerca de Dios se siente”, dice
Stuardo Gramajo, miembro de la Asociación de Andinismo de
Guatemala.
Una de las mayores aventuras de “Tato”, como lo conocen
sus compañeros, es la que emprendió la Navidad de
2000. La inició el 23 de diciembre, junto a unos amigos
y la concluyó el 2 de enero de 2001. El recorrido lo inició en
Atitlán y atravesó el volcán San Pedro, Santa
Clara la Laguna, la montaña de Las Cruces, los volcanes
Zunil, Siete Orejas, Santo Tomás, Santiaguito y el Cerro
Quemado. A este montañista, el contacto íntimo con las alturas
le ha servido como válvula de escape a las presiones y problemas
de la vida cotidiana. Cuenta que se inició en septiembre
de 1995, a raíz de “un fuerte bajón” que
vivió. “Busqué en varios deportes algo que
me ayudara, pero nada. En el montañismo encontré lo
que me hacía falta... escapé a mi realidad por un
tiempo. Cuando tengo depresiones, aquí encuentro un escape”,
relata este andinista que dice disfrutar mucho los volcanes Tajumulco
y Acatenango.
En la retina de estos aventureros están grabados miles de
amaneceres y atardeceres, así como también impresionantes
fenómenos naturales. Alfredo Mackenny, del grupo Andino,
no olvida la majestuosidad de las cuevas de Candelaria en Alta
Verapaz, las cuales conoció en 1974. Dice que ha sido lo
más grande que ha visto, y estima que miden, aproximadamente,
25 kilómetros de largo y atraviesan cuatro cerros. “Lo
maravilloso es la luz natural que ingresa por los laterales”,
dice, y asegura que ha estado mil 100 veces en el volcán
de Pacaya. “Me impresionan las erupciones”, expresa. Sabor amargo
La práctica de este deporte tiene sus riesgos, ya que los accidentes
siempre llegan de un momento a otro. Caídas o golpes que provocan fracturas
o raspones son parte de los riesgos. Esto le sucedió a Ponce hace unos
años, cuando se preparaba para viajar a los Andes ecuatorianos. Estaba
practicando en un muro cuando cayó y sufrió una fractura en el
cóccix.
Esta experiencia ha sido lo peor que ha vivido, pues su recuperación
duró un año y sus compañeros daban por sentado que ya
no volvería a la práctica. Para reestablecerse tuvo que utilizar
una faja, le prohibieron montar bicicleta, correr, caminar rápido y
cargar objetos pesados. Además debía dormir en posición
fetal y durante el primer mes le inyectaron morfina “para disminuir los
dolores… hasta se me dormían las piernas”, relata.
Los incidentes también suceden en plena faena, como le pasó a
Carlos Beteta, un experimentado montañista que en 1982 se fracturó la
columna vertebral cuando escalaba el Ixtaziguatl, en México. Este accidente
frustró su intención, sin embargo, poco tiempo después
logró su propósito y lo ascendió tres veces. Su férreo
espíritu de lucha le permitió escalar cinco veces el Popocatepetl,
y una el Orizaba, en ese mismo país.
La agreción
física y emocional
> La mayoría de veces el acoso ocurre cuando
los maestros no se dan cuenta.
> En algunos casos
no es con golpes sino con burlas, risas y robos.
> Cuando
los maestros se percatan y regañan
al acosador, las repercusiones pueden ser negativas:
se enoja con su víctima y la emprende de forma
más fuerte y más sutil.
> Se puede dar
el caso de que si el niño víctima se queja
mucho con el maestro, éste no le crea y termine
por culparlo.
> En mayor o
menor grado, niños más fuertes agreden
a los más pequeños o a los que consideran
más débiles.
> Hay
casos en que un acoso se disfraza de broma
y puede lastimarse a alguien física y/o emocionalmente.
> En Europa y
Estados Unidos se han implementado programas orientados
a dar información y trabajo a todos los niños
acerca de cómo afrontar esta situación.
> En Guatemala ya
se está implementando el programa Armonía,
que involucra a niños, padres de familia y maestros. |
Este andinista del grupo Tzuu-Tak’a, practica este deporte desde 1960
y sin proponérselo ha recorrido todo el país. Entre sus muchas
satisfacciones tiene haber ascendido 220 cerros de los cuales 60 han sido de
más de 3 mil metros de altura. También ha escalado 38 volcanes
y conocido 38 cataratas, 13 rocas, 35 lagunas y 14 cuevas. Para él,
este ejercicio “más que un deporte es una filosofía de
vida con la naturaleza”. Estos guatemaltecos están acostumbrados
a escuchar la pregunta: ¿por
qué haces esto? y cada vez dan una respuesta distinta debido a que tienen
múltiples razones. “Es igual como cuando alguien disfruta manejar
un volido o juega tenis”, dice Beteta. “Valoro el deporte y me
gusta enfrentar el reto físico en las grandes montañas”,
dice Luis Galindo, quien ha subido 70 veces el volcán de Acatenango
y actualmente forma parte de una expedición que intenta subir tres cumbres
de más de 6 mil metros de altura cada una, en Chile.
Entre amigos
El montañismo se
practica entre grupos
que comparten gustos
Los andinistas dicen que una de las cualidades
de esta disciplina es que se efectúa con grupos de verdaderos
amigos, donde la lealtad es la base del éxito. Además,
se tiene la oportunidad de conocer y compartir con personas que
sienten lo mismo por la naturaleza y mantienen vivo el espíritu
de aventura.
La cámara fotográfica
o video es parte indispensable del equipo, debido a que se deben
guardar las imágenes de
los momentos más importantes, así como el recuerdo
del sitio visitado o la belleza del paisaje. Durante los recorridos
los grupos, aparte de su equipo para soportar la lluvia o el calor,
llevan brújula y mapas. Otros, pagan
guías del lugar para infundir confianza entre los aldeanos.
Debido a la desconfianza que impera en el área
rural, algunos montañistas han visto en riesgo su vida;
han sido retenidos por los campesinos, quienes los han acusado
de, por ejemplo, explorar minas o robar niños. Hay quienes
consideran que el espíritu de este deporte se ha desvirtuado
en el extranjero, pues la alta montaña se ha convertido en una actividad
lucrativa.
Algunos grupos están integrados por personas que pertenecieron, hace
años, a la Federación de Andinismo y se reúnen para hacer
honor a uno de sus lemas: “Compañeros en la montaña, amigos
para siempre”.
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