Semanario de Prensa Libre • No. 132 • 14 de Enero de 2007

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D frente

María Eugenia de Sierra:
Guardé mis pinceles,
pero quiero retomarlos
Se define como una mujer con mucha vocación en lo que hace; tiene 29 años de ejercicio profesional en Derecho, hoy efectúa una importante labor en la Procuraduría de Derechos Humanos

Por Ingrid Roldán Martínez
Foto Mario Linares

Su agenda se mantiene llena todo el tiempo. Desde que empezó su trabajo en Derechos Humanos en la década de los 90 ha hecho importantes aportes, uno de éstos fue la reforma a algunos artículos del Código Civil, considerados discriminatorios en contra de la mujer, cuyo caso llegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

¿Qué la motivó a estudiar leyes?

Yo creo que fue la formación de mi hogar, apoyada por la educación en el colegio, con mucha sensibilidad social.

¿Hay más abogados en su familia?

No, yo soy la primera. Al contrario, todos son del área industrial y científica. Era rechazado el tema de estudiar esta carrera porque estábamos en época de mucho conflicto, en el año 64, cuando me gradué de bachiller. De tres secciones de 35 alumnas en total que íbamos a diversificado, apenas 13 estudiamos Derecho; todas somos profesionales actualmente, aún nos seguimos reuniendo, hay algunas fallecidas. El colegio Liceo Francés tenía mucha formación social, tuvimos excelentes catedráticos que fueron luego dirigentes políticos.

María Eugenia de Sierra

¿Eso incidió en usted?

Cuando decidí estudiar los privados del bachillerato tomé la opción del área social, a pesar de ser la más densa. Realmente estaba encantada con los temas de historia y sociología. Eso marcó la oportunidad de estudiar en la Universidad Rafael Landívar donde sólo había tres áreas: Humanidades, Ciencias Jurídicas y Sociales y Economía. Mademoiselle Irene Peyré creó una beca en la Universidad Landívar para estudiantes destacados, a mí me la asignaron. Yo había escogido estudiar pintura fuera de Guatemala y me estaba preparando, con apoyo de mi familia, para irme a España. Estudié pintura (en Guatemala) hasta los primeros años de casada, pero al crecer mis hijos se me hacía muy difícil, como sucede a todas las que combinamos nuestra profesión con tareas de casa, especialmente de madre y formadora. Guardé mis pinceles por muchísimos años, pero quiero retomarlos.

¿Qué la impulsó a promover una reforma legal al Código Civil que definían el papel de cada cónyuge?

El licenciado Ramiro de León Carpio, cuando asumió como procurador de Derechos Humanos, me invitó a trabajar con él y con Fernando Hurtado en el área de recepción de denuncias. Con mi llegada en 1989 se pudo formar un departamento y tuve el honor diseñar las políticas de recepción de denuncias. Al año también me confirieron ser la primera defensora de los derechos de la mujer, la defensoría se creó en el año 90. Tenía ambos cargos y no había personal ni para unas ni las otras funciones. Un 8 de marzo, recién nombrada, creí que el mejor aporte que podía hacer era el análisis de cómo la legislación visualiza la dignidad de la mujer como sinónimo a la dignidad del hombre y cómo la ley propicia no sólo su respeto como persona sino que también la impulsa a tener el liderazgo necesario para el país y su desarrollo.

¿Este tipo de análisis se había hecho antes?

Existía ya la oficina Nacional de la Mujer que había estado impulsando cambios en la legislación y, cuando asumió Catalina Soberanis como presidenta del Congreso, promovió una reunión de parlamentarias centroamericanas, en encuentros periódicos, que analizaron los procesos en los que se encontraba involucrada la mujer. Ella me invitó, como parte de la delegación, a participar en una serie de encuentros y una de las ponencias que me asignó como defensora de la mujer fue el análisis de la discriminación en el Código Civil. Ese fue mi antecedente. Empecé a formular recomendaciones de cambio al procurador. Él tuvo que salir de viaje, quedé en funciones de procuradora adjunta y promoví una acción de inconstitucionalidad. En los viajes donde representaba al procurador iba haciendo un diagnóstico de cómo habían cambiado las normas similares a las nuestras en toda Centroamérica. Habían sido eliminados artículos donde le asigna la representación del hogar exclusivamente al varón, que la mujer casada necesita de la autorización del esposo para trabajar; este artículo, incluso, la Organización Internacional del Trabajo pidió que fuera reformado. Desafortunadamente, ni mi inconstitucionalidad ni peticiones del OIT hacia el Congreso lograban reformarlo.

¿Por eso fue que el caso llegó a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos?

Desafortunadamente la inconstitucionalidad no fue declarada por la Corte, sino que además con su resolución fijó los roles tradicionales y exclusivos para la mujer: dedicarse a las tareas domésticas. Esto lo que hace es remarcar los roles asignados y las cargas que no hacen propicia la incorporación de la mujer a procesos productivos y de liderazgo en la política y en el sector económico.

¿Cree que a nivel cultural esto se revirtió después de que se modificó la ley?

No. Hay que diferenciar. La norma puede tener determinada estructura social, como es la incorporación de la mujer y, que de hecho, tenemos asignadas responsabilidades legales, económicas, en donde una señora que gana mayores ingresos, en algún momento dado, también puede tener la carga de alimentos hacia el esposo, que no es usual, pero puede darse. A pesar de tener asignados económicamente esos roles no teníamos normas o amplitud cultural para incorporarlos al desarrollo. Todavía existe esa gran brecha cultural, porque la discriminación en este momento, a pesar de la pequeña conquista, sigue existiendo. Un artículo pendiente es el 317 del Código Civil. En el Código de Trabajo también visualizan a la mujer dentro de segmentos de población que no tienen todas sus capacidades. Hay mucho todavía que trabajar en materia legislativa, pero aún más en la cultural. Somos un país donde hemos absorbido las discriminaciones como parte de nuestra cultura y forma de vida y hay que trabajar en la sensibilidad de esos temas.

¿Qué papel deberían jugar los Derechos Humanos en la vida diaria de los guatemaltecos?

Qué lindo que me lo enfoca desde la cultura misma. La institución del procurador, con todos los casos que vemos sobre denuncias, suelen ser tan dramáticas como esta violación y muerte de una niña ocurrida el 1 de enero. Aspectos tan grandes y graves que son desgastantes, tienen un aspecto preventivo que visualiza a largo plazo cómo va a cambiar y es precisamente la educación y la formación en derechos humanos. Toda la población, especialmente los funcionarios públicos, deberían conocer el concepto mismo del quehacer de la institución y el concepto de la materia de los Derechos Humanos. Una forma de vida, un quehacer nacional respetuoso de la jerarquía de valores de la persona y la función pública rectora de hacer valer esos valores: la dignidad, el derecho igual para todos, acceso a la educación, al trabajo, al liderazgo. No como aquel eslogan tan difundido que los derechos humanos son los que defienden a los delincuentes.

Trayectoria
> María Eugenia Morales de Sierra es licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales y Abogada y Notaria, con 29 años de ejercicio profesional.

> Fue consultora internacional del Instituto Interamericano de Derechos Humanos, con sede en Costa Rica.

> Se desempeñó como analista jurídica y consultora en Derechos Humanos, del Departamento Socio Político de ASIES.

> Fue decana de la Facultad de Ciencias Políticas de la Universidad Rafael Landívar.

> Trabajó como secretaria ejecutiva de la Comisión Consultiva del Sistema Penitenciario.

> Tuvo a su cargo la dirección del Instituto de Capacitación Institucional del Organismo Judicial.

> En la Procuraduría de Derechos Humanos ha desempeñado los cargos de defensora de los derechos de la mujer, directora del Departamento de Registro y actualmente es procuradora adjunta.

¿Qué opina de que muchos piensan así?

Opino que es la falta de cultura. Podemos comprobar que hasta los más altos dirigentes políticos, cuando utilizan esa clase de eslogan, no conocen el concepto mismo del derecho humano. Quisiesen homologar la función institucional que conoce de la denuncia y violación de derechos humanos; es completamente diferente a lo que es la función del fiscal en la investigación de los delitos. Nosotros, como institución, lo que estamos investigando son los comportamientos lesivos del funcionario público en contra del particular.

¿Qué pasa en casos como los linchamientos?

Es la justicia por sí mismos. Viene otro tema ligado al nuestro. Al final, la función del procurador ¿para qué es? Para fortalecer las instituciones democráticas. Cuando fiscalizamos, por ejemplo Pavón, la función del director del Sistema Penitenciario y —subo más alto— hacia el Ministro de Gobernación, como lo ha dicho el procurador, no sólo ha recomendado sino que aplaude la decisión de la toma de control del Sistema Penitenciario, es una obligación estatal, pero no procedimientos como han sido denunciados, con muertes extrajudiciales. Lo que hace al final la institución del procurador, a través de la fiscalización de los funcionarios, es poder fortalecer las instituciones.

¿Ha habido algún momento específico, a lo largo de su carrera, que la haya impactado?

Muchos. Creo que esta institución ha marcado mi vida. Desde que entré me definí totalmente.

¿Cómo se define?

Soy una mujer con mucha vocación en lo que hago, también reconozco que no todas tienen las oportunidades que he gozado a lo largo de mi vida. Soy muy guatemalteca, muy comprometida. Mi madre es como mi heroína, vengo de un hogar sano y he tenido unos compañeros destacados.

¿Cómo se ve dentro de 10 años?

Activa, siempre en función de hacer valer, quizá, procesos de igualdad, de crecimiento económico, de fortalecer las instituciones. Una continuidad de lo que estoy haciendo.

¿Piensa volver a la pintura?

Sí, ya me voy a ir a inscribir. He participado mucho con Funtec, que está dirigida por una compañera de colegio, Alcira García-Vassaux, una mujer muy sensible, dedicada a las artes. Es la directora del Mapa en Relieve y ha promovido muestras pictóricas. He estado asistiendo con ella al museo de Casa Santo Domingo, porque estoy involucrada en un proyecto que es un gran sueño de muchas personas, impulsado en esta institución en la administración del procurador, que es la creación de un museo de la memoria. Se está visualizando como un proyecto que puede ser una realidad a raíz del hallazgo del archivo de la Policía Nacional.


   

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