Teclados antiguos
Estas máquinas son consideradas por algunos como piezas de museo, pero
otros aún las tienen como instrumentos de trabajo
Por Julieta Sandoval
Foto Kattia Vargas
El teclear de una máquina de escribir es un sonido que casi ya no se escucha
en las oficinas o casas, los avances de la tecnología con uno de sus productos
líderes, la computadora, le han dado ahora un nuevo espacio ubicado en
los museos.
Miguel Álvarez, director del Museo Nacional de Historia, cuenta que fue
a finales del siglo XIX que llegaron las primeras máquinas de escribir
a Guatemala, eran de doble teclado, es decir, tenían las letras mayúscula
separadas de las minúsculas.
Un ejemplo de este tipo se encuentra en el Museo de Historia,
es la Smith-Premier No.4, ubicada bajo la fotografía del
general Manuel Lisandro Barrillas —quien fuera presidente
del país, de 1885 a 1892, época durante la cual
fue introducido este aparato—. El mayor uso que se le dio
fue en las oficinas públicas, relata el historiador. Fue
lanzada al mercado mundial por el año 1889. Además
de su doble teclado, las articulaciones de las palancas eran
robustas, lo que permitía conservar una alineación
perfecta, y su cuadro de impresión podía avanzar
cuando se quería ver la escritura. Además, contaba con una cinta reversible automática
y un dispositivo para escribir a color —éste podía
variarse por medio de una palanca—.
Con el tiempo llegaron otros modelos, en especial aquellos
fabricados con un solo teclado, como la Noiseless, su nombre
proviene de la voz inglesa que significa “sin ruido o insonoro”,
pues esa era su característica principal, el no emitir
ruidos.
Más tarde se apoderaron del mercado las Remington. Éstas
tenían todas las características esenciales de
la máquina moderna. El papel se sujetaba en un carro entre
un rodillo y un pequeño cilindro, ambos de caucho, colocados
paralelamente entre sí. El carro se movía de derecha
a izquierda por medio de un muelle o resorte al tiempo que se
oprimían las teclas; el carro volvía a la derecha
por medio de una palanca, que servía también para
girar el rodillo a un espacio de una línea. Los primeros
modelos sólo tenían letras mayúsculas.
A través de los años
> La primera patente por un aparato que escribía caracteres
automáticamente fue dada en 1714 por la reina Ana, de Gran Bretaña
al inventor Henry Mill.
> En 1855 el
italiano Giuseppe Ravizza inventó un aparato que
se puede considerar el verdadero precursor de la máquina
de escribir. Pero su construcción era
artesanal, por lo que no tuvo repercusión en su época.
> Los primeros prototipos
fabricados en serie fueron inventados por el estadounidense
Christopher Lathan Sholes y comercializados por la compañía
Remington en 1873. Estos rudimentarios aparatos se montaban
sobre una mesa de máquina de coser accionada a pedal.
A pesar de su enorme tamaño y de la incomodidad
que representaba su manejo tuvieron gran aceptación. Debido a que
las teclas se atascaban, se trató de bajar la velocidad al colocar
las más
habituales en los lugares más incómodos, por eso, la “a” aún
hay que pulsarla con el meñique. |
Estos prototipos fueron más frecuentes a mediados del siglo XX. Con su
introducción y aceptación desplazaron a los calígrafos,
aquellos que con una letra artística hacían los escritos. Se resiste a desaparecer
Pese a que la máquina de escribir va perdiendo popularidad con el correr
del tiempo, aún hay quienes tienen un empleo como mecanógrafos
y usan este aparato como su herramienta de trabajo. Muchos de ellos se observan
frente a edificios públicos como en el Ministerio de Finanzas, en donde
en unos pocos minutos llenan toda clase de formularios, por poco dinero.
Además, el curso de mecanografía aún continúa impartiéndose,
porque así lo exige el Ministerio de Educación, debido a ello funciona
la Academia Nacional de Mecanografía, que pronto cumplirá 42 años
de haber sido fundada.
Los repuestos para las máquinas aquí utilizadas aún no son
problema, comenta Wilma Flores, profesora del establecimiento. Pero en este lugar
no se limitan a los antiguos modelos, pues introducen a los jóvenes a
la tecnología, por ello se finaliza la enseñanza con computadoras.
En talleres de reparación de
equipos de oficina, en especial del Centro Histórico, existen
piezas de este tipo que eran usadas en el siglo pasado, muchas
de ellas fueron olvidadas por sus propietarios.
Hay quienes, sin embargo, los coleccionan. Si usted posee una y
ya no le da el uso para el cual fue hecha, entonces valórela como una antigüedad.
O quizá en unos años sólo sea un recuerdo, pero tendrá un
gran precio sentimental. |