Semanario de Prensa Libre • No. 132 • 14 de Enero de 2007

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D historia

Teclados antiguos
Estas máquinas son consideradas por algunos como piezas de museo, pero otros aún las tienen como instrumentos de trabajo

Por Julieta Sandoval
Foto Kattia Vargas

El teclear de una máquina de escribir es un sonido que casi ya no se escucha en las oficinas o casas, los avances de la tecnología con uno de sus productos líderes, la computadora, le han dado ahora un nuevo espacio ubicado en los museos.

Miguel Álvarez, director del Museo Nacional de Historia, cuenta que fue a finales del siglo XIX que llegaron las primeras máquinas de escribir a Guatemala, eran de doble teclado, es decir, tenían las letras mayúscula separadas de las minúsculas.

Un ejemplo de este tipo se encuentra en el Museo de Historia, es la Smith-Premier No.4, ubicada bajo la fotografía del general Manuel Lisandro Barrillas —quien fuera presidente del país, de 1885 a 1892, época durante la cual fue introducido este aparato—. El mayor uso que se le dio fue en las oficinas públicas, relata el historiador.

Fue lanzada al mercado mundial por el año 1889. Además de su doble teclado, las articulaciones de las palancas eran robustas, lo que permitía conservar una alineación perfecta, y su cuadro de impresión podía avanzar cuando se quería ver la escritura.

Además, contaba con una cinta reversible automática y un dispositivo para escribir a color —éste podía variarse por medio de una palanca—.

Con el tiempo llegaron otros modelos, en especial aquellos fabricados con un solo teclado, como la Noiseless, su nombre proviene de la voz inglesa que significa “sin ruido o insonoro”, pues esa era su característica principal, el no emitir ruidos.

Más tarde se apoderaron del mercado las Remington. Éstas tenían todas las características esenciales de la máquina moderna. El papel se sujetaba en un carro entre un rodillo y un pequeño cilindro, ambos de caucho, colocados paralelamente entre sí. El carro se movía de derecha a izquierda por medio de un muelle o resorte al tiempo que se oprimían las teclas; el carro volvía a la derecha por medio de una palanca, que servía también para girar el rodillo a un espacio de una línea. Los primeros modelos sólo tenían letras mayúsculas.

A través de los años
> La primera patente por un aparato que escribía caracteres automáticamente fue dada en 1714 por la reina Ana, de Gran Bretaña al inventor Henry Mill.

> En 1855 el italiano Giuseppe Ravizza inventó un aparato que se puede considerar el verdadero precursor de la máquina de escribir. Pero su construcción era artesanal, por lo que no tuvo repercusión en su época.

> Los primeros prototipos fabricados en serie fueron inventados por el estadounidense Christopher Lathan Sholes y comercializados por la compañía Remington en 1873. Estos rudimentarios aparatos se montaban sobre una mesa de máquina de coser accionada a pedal. A pesar de su enorme tamaño y de la incomodidad que representaba su manejo tuvieron gran aceptación. Debido a que las teclas se atascaban, se trató de bajar la velocidad al colocar las más habituales en los lugares más incómodos, por eso, la “a” aún hay que pulsarla con el meñique.

Estos prototipos fueron más frecuentes a mediados del siglo XX. Con su introducción y aceptación desplazaron a los calígrafos, aquellos que con una letra artística hacían los escritos.

Se resiste a desaparecer

Pese a que la máquina de escribir va perdiendo popularidad con el correr del tiempo, aún hay quienes tienen un empleo como mecanógrafos y usan este aparato como su herramienta de trabajo. Muchos de ellos se observan frente a edificios públicos como en el Ministerio de Finanzas, en donde en unos pocos minutos llenan toda clase de formularios, por poco dinero.

Además, el curso de mecanografía aún continúa impartiéndose, porque así lo exige el Ministerio de Educación, debido a ello funciona la Academia Nacional de Mecanografía, que pronto cumplirá 42 años de haber sido fundada.

Los repuestos para las máquinas aquí utilizadas aún no son problema, comenta Wilma Flores, profesora del establecimiento. Pero en este lugar no se limitan a los antiguos modelos, pues introducen a los jóvenes a la tecnología, por ello se finaliza la enseñanza con computadoras.

En talleres de reparación de equipos de oficina, en especial del Centro Histórico, existen piezas de este tipo que eran usadas en el siglo pasado, muchas de ellas fueron olvidadas por sus propietarios.

Hay quienes, sin embargo, los coleccionan. Si usted posee una y ya no le da el uso para el cual fue hecha, entonces valórela como una antigüedad. O quizá en unos años sólo sea un recuerdo, pero tendrá un gran precio sentimental.


   

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