Centros de recreo
Cada vez hay más parques en barrios y colonias al cuidado de sus vecinos,
por lo que muchos niños vuelven a disfrutar de estos lugares
Por Francisco
Mauricio Martínez
Foto Carlos Sebastián
Los parques de barrios y colonias dejaron de ser, durante muchos
años,
sitios con jardines y árboles destinados al recreo de los vecinos. Los
niños habían perdido el entusiasmo de visitarlos y sus padres estigmatizaban
a esos lugares de recreación como centros de peligro donde al transitar
era obligatorio agilizar el paso.

El Mirador está considerado como
uno de los parques mejor conservados. |
Todavía muchos prefieren evadirlos para evitar presenciar escenas desagradables.
En estos lugares no es raro observar indigentes, vendedores de drogas, mareros
y asaltantes, así como grandes promontorios de basura. A los ojos de
los vecinos tampoco han escapado las escenas de parejas de enamorados que han
tomado estos sitios como centros de amor. Sin embargo, todo eso se ha venido
reduciendo.
Restricciones
Cada vez es más común toparse con parques protegidos con rejas,
malla y fuertes columnas de concreto. “Aquí, antes, asaltaban y
cualquiera hacía sus necesidades fisiológicas” dice César
López, guardián del parque de la colonia Granai & Towson I.
El rescate de algunas de estas áreas permite que los niños regresen
a ellos. Los paseos en bicicleta, las chamuscas, así como los columpios
y resbaladeros están volviendo a formar parte del paisaje cotidiano. “Ahora
sí está bonito y hay seguridad”, asegura Anabella de García,
quien acostumbra llevar a sus dos hijos al parque de la colonia Justo Rufino
Barrios, zona 21.
La preferencia
la tienen los pequeños
Aunque cada jardín tiene
sus propias restricciones, la mayoría coincide
en lo siguiente:
> Juegos. Únicamente
los pueden utilizar menores de 12 años.
> Parejas. En las bancas y
cualquier otra parte, los enamorados deben guardar la compostura.
> Animales. Se prohibe el ingreso
de mascotas.
> Bebidas. Está prohibido
instalar ventas y consumir alcohol.
> Deportes. Los adultos no
pueden practicar futbol en el interior, porque lastimar a los más
pequeños.
> Cuidados. Los niños
deben ingresar bajo la protección de un adulto.
> Recomendación. Colabore
y cuide. No destruya. |
La transformación ha obligado a los moradores a elaborar su propio reglamento,
el cual, casi siempre, se encuentra ubicado en el ingreso y, otras veces, en
el interior del jardín. Lo que más llama la atención de
estas cláusulas es que regulan el horario de ingreso, el cual va de 8
a las 17 horas (la mayoría cierra al mediodía) y prohiben el ingreso
de enamorados. “Los niños veían cosas que no deben ver”,
comenta Amparo Álvarez, vocal del comité de vecinos de
la colonia El Mirador, zona 11. Modelo
Éste es uno de los mejor trabajados. Álvarez cuenta que hace algunos
años estaba invadido por 12 indigentes, quienes lo habían tomado
como “hogar”, pero los vecinos se organizaron y solicitaron ayuda
a la municipalidad capitalina para recuperar el área. Como primer paso
lo circularon y más tarde lo remozaron y construyeron más infraestructura. “Luego
lo jardinizamos nosotros”, indica.
Este sitio es, actualmente, un centro de distracción para las familias
y también es alquilado para algunas celebraciones. Con los recursos que
se obtienen de estas actividades y el dinero que dan algunas empresas por colocar
pequeñas vallas publicitarias se paga el agua, luz y el salario del guardián.
A la vecindad está un vivero que protege uno de los montículos
mayas del área y que es administrado por el mismo comité.
La recuperación de estas áreas se está logrando
a través
de un trabajo conjunto entre el departamento de desarrollo social
de la Municipalidad y los comité únicos de barrio. Silvia de
Fuentes, alcaldesa auxiliar de la zona 11, dice que la comuna circula, pinta,
ilumina y coloca juegos infantiles y luego los entrega a los vecinos. “Ellos
son los responsables de darles mantenimiento. El objetivo es que niños
y adultos encuentren un lugar agradable para distraerse”, expresa.
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