Semanario de Prensa Libre • No. 133 • 21 de Enero de 2007

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D deporte

Puños de oro
Un grupo de guatemaltecas combina sus jornadas de estudio, trabajo y de madres de familia con un par de guantes de boxeo

Por Francisco Mauricio Martínez
Foto Émerson Díaz

Un par de guantes y 12 cuerdas transforman la coquetería, elegancia y delicadeza de un grupo de guatemaltecas en gladiadoras dispuestas a acabar con el rival que tienen enfrente, pero bajar del cuadrilátero la adrenalina y agresividad quedan guardadas. “Arriba del ring soy una pittbull, pero afuera muy tranquila y reservada”, dice Vilsia Enríquez, una joven que desde niña le fascina el boxeo.

Los combates que desde hace unos años han protagonizado famosas pugilistas como Layla Alí, Jacqui Frazier y María Johansson, en diferentes arenas del mundo, no han pasado desapercibidos entre las deportistas nacionales. Algunas, sin ningún complejo se han involucrado y los guantes se han convertido en sus fieles compañeros.

Cada una de las pugilistas tiene sus propias motivaciones por las cuales se involucró en este deporte, pero la mayoría coincide en que lo traía en la sangre.

Este deporte siempre ha sido considerado rudo, y ha permanecido reservado, exclusivamente, para los hombres. Pero algunas féminas de “armas tomar” han roto este paradigma y desde el año 2000 han subido al tetrágono para despertar el entusiasmo del público.

El camino de estas atletas, aproximadamente 30, ha estado lleno de espinas. Uno de los primeros obstáculos que han tenido que derribar es el mito de que las mujeres son débiles para practicar este deporte. Pero la pelea más fuerte que libran es el prejuicio que existe sobre que la boxeadora es poco femenina, pero eso está cambiando. “Antes, la gente se espantaba, pero ahora se está convirtiendo en algo popular y atractivo”, explica Yéssica Ramos, pionera de esta disciplina.

Jornadas agobiantes

Las damas saben del gran sacrificio que deben efectuar, ya que las 24 horas del día les resultan insuficientes. Deben dedicar horas de entrenamiento al deporte de sus amores, cumplir con sus jornadas de estudio, trabajo y, algunas, de madres de familia. “Es un sacrificio, pero tiene su recompensa”, dice Ramos, quien es madre de una niña de 6 meses, trabaja en una inmobiliaria y estudia Administración de Negocios en la universidad.

Los obstáculos que deben saltar son diversos. Enríquez y Vianeza Cruz, quien también es boxeadora y madre de una bebé, residen en Esquipulas, Chiquimula, por lo que deben entrenar en el gimnasio de su localidad y viajar los fines de semana a la capital para cumplir con el programa y supervisión del entrenamiento. “Estoy acostumbrada a viajar en cualquier momento”, dice la primera.

 

Todos estos esfuerzos han tenido sus frutos y se han reflejado durante la celebración de los campeonatos centroamericanos de boxeo que se han llevado a cabo en Costa Rica, Honduras y Nicaragua, en los cuales no tuvieron piedad con sus rivales y ganaron medallas de oro, bronce y plata. La base de este éxito ha sido la dedicación y entrega. “Cuando estamos cerca de un evento, entrenamos tres veces al día y, cuando no, dos”, dice Tomás Leiva, uno de los tres entrenadores de la federación.

Se trae en la sangre

Aunque cada una de la pugilistas tiene su propia historia y motivaciones por las cuales se involucró en este deporte, la mayoría coincide en que ya lo traía en la sangre. Uno de los casos que más llama la atención es el de Yéssica, quien durante varios años practicó distintas disciplinas, entre éstas el baloncesto y llegó a ser seleccionada nacional juvenil, pero ahora sólo boxea.

Una larga historia
> Los primeros indicios del boxeo femenino se remontan a 1720 en la ciudad de Londres, donde se desarrollaron varias exhibiciones y combates de manera dispersa.

> En la década de 1950 surgieron varias combatientes profesionales. Entre las más notables estuvieron Barbara Buttrick, JoAnn Hagen (Verhaegen) y Phyllis Kugler.

> Resurgió nuevamente en los años de 1970, y durante los últimos tiempos han sobresalido en el plano profesional Layla Alí, Jacqui Frazier y Maria Johansson, hijas de ex campeones mundiales.

Ella asegura que este deporte lo practica con verdadera vocación y que la pasión la heredó de su padre, Alfonso Ramos Mosquera, de origen colombiano, y quien practicó el boxeo profesional. Con tristeza cuenta que él, actualmente, padece la enfermedad de Parkinson, el mismo mal que afecta al más grande ex campeón mundial profesional Mohamed Alí. “Así es esto”, comenta. Vilsia recuerda que cuando tenía 5 años, con su hermano Néstor (7), quien ahora reside en Estados Unidos, se imaginaban que la cama era un ring y se cubrían las manos con cobijas y empezaban a boxear. Lo peor que le sucedió en esa época fue cuando de tanto saltar se quebró este mueble. “Mi corazón y vida están en este deporte”, expresa.

En lo que concuerda este grupo de gladiadoras es que el boxeo de mujeres es un deporte como cualquier otro y que más damas se deberían de involucrar. “Al inicio, mi madre estaba en contra de que yo lo practicara, pero ahora me apoya”, dice Claudia Hernández, quien se unió al grupo hace medio año.

Actualmente, esta disciplina sólo se practica a nivel aficionado y el único requisito para ingresar a la federación es no tenerle miedo a los guantes. El marco para observar a estas damas con puños de oro son los “viernes de boxeo”, que se efectúan en el Palacio de los Deportes.


   

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