Puños de oro
Un grupo de guatemaltecas combina sus jornadas de estudio, trabajo y de madres
de familia con un par de guantes de boxeo
Por Francisco
Mauricio Martínez
Foto Émerson Díaz
Un par de guantes y 12 cuerdas transforman la coquetería,
elegancia y delicadeza de un grupo de guatemaltecas en gladiadoras
dispuestas a acabar con el rival que tienen enfrente, pero bajar
del cuadrilátero la adrenalina y agresividad quedan guardadas. “Arriba
del ring soy una pittbull, pero afuera muy tranquila y reservada”,
dice Vilsia Enríquez, una joven que desde niña le
fascina el boxeo.
Los combates que desde hace unos años han
protagonizado famosas pugilistas como Layla Alí, Jacqui
Frazier y María Johansson, en diferentes arenas del mundo,
no han pasado desapercibidos entre las deportistas nacionales.
Algunas, sin ningún complejo se han involucrado y los guantes
se han convertido en sus fieles compañeros.

Cada una de las pugilistas tiene sus
propias motivaciones por las cuales se involucró en este deporte,
pero la mayoría coincide en que lo traía en la sangre. |
Este deporte siempre ha sido considerado rudo, y ha permanecido reservado,
exclusivamente, para los hombres. Pero algunas féminas de “armas tomar” han
roto este paradigma y desde el año 2000 han subido al tetrágono
para despertar el entusiasmo del público. El camino de estas atletas, aproximadamente 30, ha estado lleno de espinas.
Uno de los primeros obstáculos que han tenido que derribar es el mito de que
las mujeres son débiles para practicar este deporte. Pero la pelea más
fuerte que libran es el prejuicio que existe sobre que la boxeadora es poco femenina,
pero eso está cambiando. “Antes, la gente se espantaba, pero ahora
se está convirtiendo en algo popular y atractivo”, explica Yéssica
Ramos, pionera de esta disciplina. Jornadas agobiantes
Las damas saben del gran sacrificio que deben efectuar, ya que las 24 horas
del día les resultan insuficientes. Deben dedicar horas de entrenamiento al
deporte de sus amores, cumplir con sus jornadas de estudio, trabajo y, algunas,
de madres de familia. “Es un sacrificio, pero tiene su recompensa”,
dice Ramos, quien es madre de una niña de 6 meses, trabaja en una inmobiliaria
y estudia Administración de Negocios en la universidad. Los obstáculos que deben saltar son diversos. Enríquez y Vianeza
Cruz, quien también es boxeadora y madre de una bebé, residen en
Esquipulas, Chiquimula, por lo que deben entrenar en el gimnasio de su localidad
y viajar los fines de semana a la capital para cumplir con el programa y supervisión
del entrenamiento. “Estoy acostumbrada a viajar en cualquier momento”,
dice la primera.
Todos estos esfuerzos han tenido sus frutos y se han reflejado
durante la celebración
de los campeonatos centroamericanos de boxeo que se han llevado a cabo en Costa
Rica, Honduras y Nicaragua, en los cuales no tuvieron piedad con sus rivales
y ganaron medallas de oro, bronce y plata. La base de este éxito ha sido
la dedicación y entrega. “Cuando estamos cerca de un evento, entrenamos
tres veces al día y, cuando no, dos”, dice Tomás Leiva, uno
de los tres entrenadores de la federación. Se trae en la sangre
Aunque cada una de la pugilistas tiene su propia historia y motivaciones
por las cuales se involucró en este deporte, la mayoría coincide en
que ya lo traía en la sangre. Uno de los casos que más llama la
atención es el de Yéssica, quien durante varios años practicó distintas
disciplinas, entre éstas el baloncesto y llegó a ser seleccionada
nacional juvenil, pero ahora sólo boxea.
Una larga historia
> Los primeros indicios
del boxeo femenino se remontan a 1720 en la ciudad de Londres, donde
se desarrollaron varias exhibiciones y combates de manera dispersa.
> En la década
de 1950 surgieron varias combatientes profesionales. Entre las más
notables estuvieron Barbara Buttrick, JoAnn Hagen (Verhaegen) y Phyllis
Kugler.
> Resurgió nuevamente en
los años de 1970, y durante los últimos tiempos han
sobresalido en el plano profesional Layla Alí, Jacqui Frazier
y Maria Johansson, hijas de ex campeones mundiales. |
Ella asegura que este deporte lo practica con verdadera vocación y que
la pasión la heredó de su padre, Alfonso Ramos Mosquera, de origen
colombiano, y quien practicó el boxeo profesional. Con tristeza cuenta
que él, actualmente, padece la enfermedad de Parkinson, el mismo mal que
afecta al más grande ex campeón mundial profesional Mohamed Alí. “Así es
esto”, comenta. Vilsia recuerda que cuando tenía 5 años,
con su hermano Néstor (7), quien ahora reside en Estados Unidos, se imaginaban
que la cama era un ring y se cubrían las manos con cobijas y empezaban
a boxear. Lo peor que le sucedió en esa época fue cuando de tanto
saltar se quebró este mueble. “Mi corazón y vida están
en este deporte”, expresa. En lo que concuerda este grupo de gladiadoras es que el boxeo de mujeres
es un deporte como cualquier otro y que más damas se deberían de involucrar. “Al
inicio, mi madre estaba en contra de que yo lo practicara, pero ahora me apoya”,
dice Claudia Hernández, quien se unió al grupo hace medio año.
Actualmente, esta disciplina sólo se practica a nivel
aficionado y el único
requisito para ingresar a la federación es no tenerle miedo
a los guantes. El marco para observar a estas damas con puños
de oro son los “viernes
de boxeo”, que se efectúan en el Palacio de los Deportes.
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