Semanario de Prensa Libre • No. 133 • 21 de Enero de 2007

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Punto final

Localizadores para
migrantes mexicanos

Por Hernán Rozemberg

Primero, llegaron anuncios por radio y televisión con celebridades que advertían sobre los peligros. Después apareció una historieta ilustrando la agónica travesía. Ahora, el siguiente esfuerzo de México por reducir la creciente cifra de muertes a causa de la inmigración ilegal podría recurrir a la alta tecnología.

De ser aprobado, el proyecto propuesto ofrecería a quienes buscan cruzar la frontera, aparatos de localización satelital, mismos que podrían usar si enfrentan una situación de peligro o están heridos. La señal podría ser captada por agentes fronterizos de Estados Unidos y funcionarios consulares de México, quienes, entonces, podrían coordinar un rescate.

Como sea, esa es la idea. Los detalles aún son vagos. Abundan los problemas potenciales, tanto prácticos como diplomáticos. Además, no se sabe aún a cuánto ascendería su costo. Aunado a lo anterior, el gobierno mexicano ni siquiera ha empezado a considerarlo.

El plan se originó en una oficina de ayuda al emigrante en el estado mexicano de Puebla, misma que está trabajando con el prestigioso Instituto Tecnológico de Monterrey, el ITESM, y oficinas de ayuda a emigrantes en otras entidades para formular una propuesta formal.

Dicho instituto está dispuesto a desarrollar los aparatos antes mencionados, mismos que probablemente consistirían de radios localizadores de pequeña combinación, como los usados en vehículos motorizados para encontrarlos cuando son robados.

Consciente del potencial de este plan para suscitar polémica, Jesús Torreblanca, perteneciente a la Comisión Estatal para la Atención del Emigrante en el estado de Puebla, se apresuró a notar que el único propósito de este sistema es humanitario, no político.

“Nosotros le pedimos constantemente a la gente que no abandone a sus familias, que no pongan en riesgo sus vidas en peligrosos cruces fronterizos”, dijo. “Sin embargo, sabemos que, sin consideración a lo que nosotros o alguien más les diga, muchas personas emigrarán de cualquier forma, y estos aparatos electrónicos bien pudieran terminar salvando sus vidas”.

La propuesta se pronuncia por una prueba en diciembre, con aproximadamente 10 mil aparatitos distribuidos entre emigrantes.

Se anticipa que la investigación esté completa a tiempo para una presentación del plan a efectuarse en marzo, por parte de una asociación de oficinas estatales de atención a emigrantes ante legisladores de la rama federal, en Ciudad de México.

El objetivo de este proyecto vale la pena en medida suficiente para generar cierto interés y consideración, dijo Martha Lara, la cónsul general de México en San Antonio.
“Todos los países tienen el derecho soberano a decidir quién entra o no, así como a proteger sus fronteras, pero también deben albergar un interés moral en la prevención y reducción de muertes”, destacó.

El número de muertes en la frontera entre México y Estados Unidos ha aumentado de manera constante desde los años 90, cuando la Patrulla Fronteriza de Estados Unidos introdujo una serie de duras medidas regionales, con un mayor número de agentes de la ley y más equipamiento. La cifra de emigrantes muertos ha registrado un drástico aumento, yendo de al menos 266, en 1995, a 441 el año pasado, informó la dependencia.

Si México efectivamente va en pos de esta idea, no hay garantía de que el gobierno estadounidense lo siga. La Patrulla Fronteriza muestra escepticismo.

Mario Martínez, uno de los portavoces de esta dependencia en Washington, dijo que la intención del plan respecto de salvar vidas podría tener repercusiones negativas.
“En lo inmediato, nuestra inquietud es que la gente tendría un falso sentido de seguridad, pensando que nosotros vamos a aparecer como por arte de magia para salvarlos”, dijo. “La única forma de prevenir la muerte consiste en no aventurarse en esta área, para empezar”.

Martínez no pudo haberlo expresado mejor, según dijo un portavoz del mayor grupo antiinmigrante de Estados Unidos.

Ira Mehlman, perteneciente a la Federación por la Reforma de Inmigración Estadounidense, que según afirma cuenta con 250 mil integrantes, dijo que el programa de aparatos satelitales sería incluso otra forma de ilustrar la voluntad del gobierno mexicano de “transferir” a sus trabajadores pobres.

Además, dijo que esa acción sería “un avance tecnológico” en el persistente esfuerzo de México con miras a impulsar la inmigración ilegal hacia su vecino del norte, esfuerzo que dio origen a la historieta de 32 páginas, distribuida el año pasado, para advertirles a los emigrantes sobre peligrosas áreas e instruirlos respecto de sus derechos si terminan siendo detenidos por las autoridades de Estados Unidos.

Algunos observadores de las relaciones entre Estados Unidos y México y temas fronterizos albergaban sentimientos encontrados respecto de dicho proyecto.
En San Antonio, uno de los integrantes del consejo directivo por el Instituto de Mexicanos en el Extranjero, panel de mexicanos y mexicano-estadounidenses que tienen una línea directa con el presidente mexicano en lo tocante a relaciones bilaterales, le dieron una entusiasta bienvenida.

Antonio Flores, el presidente y director ejecutivo de la Asociación Hispana de Colegios y Universidades, dijo que él acaba de leer un informe noticioso en el que se proyectaba que la emigración mexicana aumentaría 40 por ciento en este año.
Además, dijo que eso significa que más personas morirán intentando cruzar a Estados Unidos, así que vale la pena probar cualquier remedio, incluso si resulta costoso.
“¿Cómo puede ponerle precio a las vidas humanas? Incluso si este plan salva una sola vida, el dinero habrá sido bien gastado”, dijo.

Analista a ambos lados de la frontera; sin embargo, dijeron que no creían que el programa lograría despegar.

Nadie ha explicado en detalle cómo se cubriría el costo de fabricar o distribuir los aparatos antes mencionados, y es dudoso que la dirigencia mexicana quisiera invertir tanto dinero en ello, mismo que podría ser empleado para atacar la pobreza generalizada y en otros puntos de inquietud, en la opinión de Arturo Solís, el director del Centro de Estudios Fronterizos, grupo sin fines de lucro en Reynosa, México, al otro lado de la frontera respecto de McAllen, en Texas.

Si el proyecto efectivamente logra avanzar, sería muy difícil imaginar a muchos emigrantes aceptando estos aparatos satelitales, a decir de David Spener, catedrático de sociología en la Universidad Trinity de San Antonio, quien se dedica a investigaciones de temas fronterizos.

Tras años de exposición a la corrupción en círculos oficiales, los trabajadores migratorios se han vuelto sumamente desconfiados de su propio gobierno, y no muchos de ellos llevarían consigo los aparatos de localización, dijo.

“Esencialmente, es una idea bienintencionada que enfrenta muchos obstáculos logísticos y políticos como para volverse realidad”, concluyó Spener.


   

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